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Así fue la ‘operación’ para cazar a ‘Pepe’, el hipopótamo de la hacienda Nápoles

El 17 de junio, en la sede de Corantioquia en Puerto Berrío (Antioquia), Carlos Valderrama, veterinario y director de la Fundación Vida Silvestre Neotropical (FVSN), extendió un mapa sobre el escritorio y señaló un lugar del Magdalena Medio: El caño San Juan, lugar habitado por uno de los hipopótamos fugados de la hacienda Nápoles, antigua propiedad de Pablo Escobar.

Frente a un taxidermista, dos cazadores especializados y un grupo de veterinarios, Valderrama explicó el plan para matar al mamífero, que había sido aprobado por Corantioquia con el aval del Ministerio de Ambiente, mediante la Resolución 3547 expedida el 09 de junio de 2009.

El plan, que fue consignado paso a paso en un informe de Corantioquia, consistía en atraer al animal como a un niño, es decir, con la comida preferida.

Desde el 9 de junio, Valderrama cargaba su camioneta con lechuga, zanahoria y hasta arepas de choclo y se iba hasta el caño San Juan para dejar la comida en los saladeros de las reses. En la noche, el hipopótamo devoraba la comida y poco a poco se acostumbró a buscar su ración.

Finalizada la reunión, ecologistas y cazadores emprendieron el viaje para cazar el animal.

Durante tres horas viajaron por trochas hacia el lugar señalado. Al llegar a la zona, un sargento del Batallón Calibío, acompañado de una docena de soldados, saludó a los recién llegados y se pusieron a órdenes del veterinario, que les ordenó acordonar la zona para evitar la presencia de los habitantes, pues sabían que la población estaba dividida sobre la idea de matar a los animales.

A las 3:30 de la tarde llegaron al sitio donde estaba la comida y se escondieron, para esperarlo. Transcurrieron las horas y no apareció. Ante esto, se refugiaron a las 6:15 en una finca del lugar.
Pero el día siguiente, el 18, ‘Pepe’ fue por su comida. Antes de despuntar el alba, se acercó al saladero con sus rechonchas patas y trituró las verduras hasta quedar satisfecho y se fue.

Los cazadores madrugaron a las 5 y en el recorrido encontraron algunos fumigadores que habían visto al hipopótamo. Sin saber la intención de los veterinarios, los campesinos les señalaron la ruta por donde se había desplazado el mamífero después de comer.

El grupo se dividió para tratar de abarcar la zona. Los soldados se separaron haciendo un cerco. Los cazadores se instalaron a doscientos metros del saladero vacío.

El taxidermista y la veterinaria se instalaron sobre un puente de madera para estar pendiente de las aguas y Carlos Valderrama, a lomo de caballo, atravesaba el fango y las charcas de un lado a otro.

A las 5:30 de la tarde, Valderrama avisó por radioteléfono que el animal se encontraba en un potrero. Los cazadores con las armas listas corrieron hasta el lugar y se hicieron a 200 metros. Sonó el primer disparo que atravesó la piel hasta llegar al corazón.

La mole de tonelada y media cayó al suelo. Sonó el estallido de la siguiente bala, de 375 milímetros, clavándose en el lacrimal derecho apagando su mirada. Los cazadores dispararon dos veces más hasta que el animal dejó de respirar.

Durante toda la noche, los expertos trabajaron sobre el cadáver de ‘Pepe’. Se recogieron muestras estomacales, de humor vítreo, líquido interior del corazón, heces y se hicieron biopsias de otros órganos, para que sean estudiadas. El taxidermista desolló su cabeza.

Las labores terminaron a las 4 de la mañana del 19 de junio, cuando el cuerpo del hipopótamo quedó sepultado, a ras de tierra, en la finca, mientras sus patas y sus cabeza viajaban a Bogotá en una camioneta.

¿Era ‘Pepe’?

Algunos pescadores que convivieron con el hipopótamo por varios meses dicen que ‘Pepe’ pesaba más de dos toneladas -una tonelada más que el animal abaleado-, por lo que no creen que el muerto sea él.

William Ramírez, pescador de Bodegas, corregimiento al norte del caño San Juan, dice que ‘Pepe’ había sido atacado en varias ocasiones por los campesinos y soldados. Muchas veces vieron sangrar su cabeza y su piel estaba cubierta de varias heridas de bala.

El animal que murió en el caño San Juan solo tenía dos balas incrustadas en la cruz, ninguna en la cabeza.

Según el veterinario Wilson Moreno, de la Fundación Vida Silvestre Neotropical, ‘Pepe’ es un macho adulto y el muerto, según el estudio, es un adulto joven.

Por Diana María Pachón
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

- [Fuente Original]

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