Biografía
Fernando Botero

La historia de Fernando Botero todavía está en marcha, pero resumirla hasta el día de hoy implica relatar el ascenso de un creador, escultor y pintor, que ha visto reconocido el valor de su obra prácticamente de forma simultánea al momento de realizarla.

Tanto es así que, en la actualidad, cuenta con numerosas condecoraciones y premios que le avalan como uno de los autores vivos más importantes de nuestra época.

Botero nació en Medellín (Colombia), en 1932, y fue allí donde, con tan sólo 16 años, participó en una exposición junto con otros artistas. Era la primera vez que mostraba su pintura y sus propuestas convencieron al público, gustaron; una aceptación que le abrió la puerta del periódico "El Colombiano", en el que empezó a colaborar como ilustrador antes de cumplir la mayoría de edad.

Los dos párrafos anteriores bastan para intuir que, la de Botero, es una trayectoria marcada por la palabra "precocidad". En 1952, veinte años, consiguió el primer premio de su carrera; lo logró la obra "La costa", que quedó clasificada en segundo lugar en el IX Salón de Artistas Colombianos. Con este estímulo bajo el brazo, Botero decidió viajar a Europa y centrarse en el estudio de los clásicos. Permaneció en Italia hasta 1955, sin embargo aún tardaría una década en encontrar un espacio europeo en el que mostrar sus lienzos y esculturas.

En 1965, Botero concluye una de sus creaciones más representativas, "La familia Pinzón", con la que consolida definitivamente su estilo.

Antes de que esto ocurriera, habría de obtener en 1958 el Premio Nacional de Cultura de su país y viajar a Nueva York. Lo hizo en 1961 y, ya en 1964, presentó su primera exposición individual en el Museo de Arte Moderno de la ciudad (MoMA); una institución que contribuiría a revalorizar su producción al adquirir en 1966 uno de sus títulos, "La familia presidencial".

En 1965, Botero concluye una de sus creaciones más representativas, "La Familia Pinzón", con la que consolida definitivamente su estilo. Definir los rasgos que, como un armazón, estructuran la obra de Botero resulta sencillo: perfiles curvos, figuras orondas y bellas al tiempo, y materiales tradicionales: óleos si hablamos de pintura; metales si nos centramos en su labor escultórica; y, en cualquier caso, la consecución de un sentimiento cálido en el espectador, bien gracias a los colores acogedores de sus cuadros; bien a través de las expresiones amables de sus figuras enormes de metal. Hay en Botero cierto matiz Naïf, que se mezcla con la información que su producción nos ofrece sobre Colombia, donde está considerado uno de los "embajadores" del país con mayor influencia; indispensable a la hora de exportar los valores del arte colombiano.

Después de triunfar en Nueva York, la primera exposición europea no se hizo esperar: en 1966, Alemania recibió la obra de Botero; después, y hasta el momento, se sucederían sus exposiciones en todo el mundo: China, Japón, Venezuela, Argentina, Francia... En 1978 se instaló en París.

Entre los reconocimientos internacionales que Botero ha obtenido, hay que destacar la Orden Andrés Bello, en 1976, otorgada por el Gobierno de Venezuela; la Cruz Boyaca del Gobierno Colombiano, que obtuvo en 1977; y el nombramiento de Personaje del Año en Colombia, en el año 2000; una mención que puede ayudarnos a comprender la dimensión popular alcanzada por el pintor, cuya obra, en numerosas ciudades, ha cruzado los límites de los museos y las galerías para instalarse en avenidas y paseos, integrándose en el paisaje urbano de las ciudades del siglo XXI.

Ciudad Botero

El 14 de octubre de 2000 se inauguró en Antioquía Ciudad Botero, un complejo integrado por seis salas destinadas, junto con la plaza en la que se ubican (espacio idóneo para las esculturas), a albergar la obra que Botero donó a Medellín.

El sueño de Ciudad Botero fue convirtiéndose en realidad y se inauguró el 14 de febrero de 2000.  

Cuando este museo sólo era un proyecto impulsado tanto por el Gobierno colombiano como por la empresa privada, se pretendía con él, aparte de convertir la ciudad natal del pintor en uno de los espacios ineludibles para el estudioso de su obra e impulsar así la actividad social, cultural y turística de la zona, contribuir a desligar a este núcleo urbano de la única fama que hasta entonces lo distinguía: la inseguridad provocada por los carteles y el terrorismo.

Con esta intención, y hasta la fecha de su inauguración, el propio Botero siguió de cerca los pasos para rehabilitar y reutilizar el antiguo Palacio Municipal; un proceso que no quedó al margen de la polémica, ya que, para albergar la producción del creador, fue necesario poner fin a la función original del palacio, convertido por los vecinos en centro de discusión pública. El colectivo desalojado, lógicamente airado, no consideró prioritario, en una ciudad con tantas carencias como Medellín, "desperdiciar" tiempo y dinero en albergar las esculturas y los lienzos del artista.

Inmerso en este ambiente extremo, zozobrando entre sus defensores y sus críticos, el sueño de Ciudad Botero fue convirtiéndose en realidad. ¿Cuál fue su coste? 38.000 dólares sin incluir el valor de las piezas donadas por Botero: más de cien obras de su colección de arte internacional entre las que destacan, aparte de la suya propia, firmas como la de Frank Stella, Roberto Matta, Robert Rauchemberg y Antoni Tapies.

Quien decida trasladarse a Ciudad Botero, con una extensión de 30.365 metros cuadrados, podrá pasearse entre las catorce esculturas que salpican la plaza del museo y apreciar, además de la obra de maestros consagrados del arte moderno, catorce dibujos y 56 pinturas del autor colombiano.

En cuanto al objetivo de la iniciativa, si bien es cierto que cuantitativamente las cifras invertidas pueden provocar rechazo en los que reclaman mejoras sociales e inversión en seguridad ciudadana, también lo es que cualitativamente, sin duda, Ciudad Botero contribuye a cambiar Medellín y orientarla hacia una nueva dirección, que convive con la actual y lucha contra ella.

...por Marina Sanmartín

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