Su
espíritu artístico, su ingenio, valentía
y sabiduría, tanto teórica, como técnica
abrieron caminos seguros en el alto renacimiento,
a sus sucesores en la profesión de la arquitectura; y su
virtud inundó todo los edificios que construyó colmándolos
de ingenio e invención.
Nació en Castello Furante,
muy cerca de Urbino, en 1444 y en el seno de una familia campesina
humilde, pero de buenos talantes. Su gran gestación como
artista tuvo lugar en Urbino, epicentro del Humanismo y de la
cultura en la segunda mitad del Quattrocento. Durante
su juventud se dedicó a la lectura, a la escritura y al
estudio del ábaco. Su padre con la intención de
conseguir dinero encaminó al muchacho al arte de la pintura.
Sin embargo, partió a Lombardía, para desarrollar
la manifestación que siempre le había gustado: la
arquitectura; realizando trabajos poco importantes en diferentes
ciudades. En sus primeras obras aparecen motivos decorativos ya
existentes en algunas obras de Urbino y Bérgamo.
Conoció la catedral de
Milán y a sus arquitectos, y tanto le entusiasmó
que decidió dedicarse completamente a la arquitectura.
Su interés se extenderá también sobre las
obras carolingias de "San Lorenzo" de Milán y "San Sátiro".
Este interés por la arquitectura tardoantigua y bizantino-carolingia
se plasma en el gravado de "Prevedari", que no
se puede encuadrar dentro de ninguna escuela renacentista, puesto
que Bramante no tiene una tradición, ni sigue a un solo
maestro.
En
su tiempo libre se dedicaba a medir todos los edificios
antiguos de Roma.
A partir de Bramante, la concepción
del edificio cambia, pasa de entenderse como un diseño
sobre la superficie de envolturas, a representar una osamenta
mural organizada en la tridimensionalidad del espacio.
El interior de
"Santa María Presso San Sátiro" (1488),
la primera obra de Bramante en Milán, constituye el primer
ejemplo de aplicación, de los principios del ilusionismo
de perspectiva a un amplio edificio.
Con el proyecto de la "Iglesia
Dominica de Santa María delle Grazie" (1492)
en
Milán, el arquitecto cumple una etapa fundamental de sus
experimentaciones.
Entre 1492 y 1498, Bramante realiza
una serie de viajes que le dan un nuevo rumbo a sus intereses.
Es durante esta época cuando se fragua el pensamiento de
Bramante y su propósito de buscar una completa universalidad
en sus obras, donde la arquitectura tiende a no limitarse sólo
al edificio, sino que toma consistencia para él, el espacio
abierto y delimitado que descubre sus posibilidades urbanísticas.
Tras este periodo, se dirigió a Roma antes del Año
Santo, para reflexionar y estudiar. Allí donde por favor
de algunos amigos se encargó de pintar los frescos
de "San Juan" de Letrán, para ganar algún
dinero. En su tiempo libre
se dedicaba a medir todos los edificios antiguos de Roma, por
lo que el cardenal de Nápoles decidió favorecerle
encargándole el claustro en travertino
de "Santa María della Pace", donde se descubre
el gran esfuerzo que realiza el arquitecto por poner en práctica
y exhibir todos sus recientes descubrimientos y su riguroso método.
A pesar de que la obra no fue completamente perfecta, otorgó
a Bramante gran celebridad por su espíritu de trabajo y
estudio, entregado y resuelto.
El nombre del joven arquitecto
alcanzó los oídos de Julio II que le encomendó
la obra de los corredores del "Belvedere", ejecutada
con enorme celeridad. La intención de Bramante en esta
obra, era crear la representación de una ficción
escénica para el espectador, empleando para ello, una vez
más, el ilusionismo perspectivo. En su novedosa manera
de hacer y pensar la arquitectura, intervienen el talento del
arquitecto y la sensibilidad el pintor. Con esta obra mereció
que el papa le galardonara como responsable del Piombo
y decidiera ubicar en la calle Giulia, enderezada por Bramante,
todos los tribunales y oficinas de Roma.
Transgrede
la norma universal mediante artificios, con la intención
de lograr un resultado final arquitectónicamente coherente.
Para el primer claustro
de "San Pietro" in Montorizo, diseñó
un templo circular de travertino de extraordinarias proporciones,
orden y amenidad y de inigualable elegancia y concepción.
Realizó el hermoso palacio de "Rafael de Urbino",
en el Borgo, utilizando ladrillos y mortero, y el estilo dórico
y rústico para sus columnas y el almohadillado. También
surgió de su novedosa e ingeniosa mano el diseño
y el orden del ornamento de "Santa Maria de Loreto",
continuado posteriormente por Andrea Sansovino,
además de infinidad de maquetas de templos y palacios en
posesión de Roma y los Estados de la Iglesia.
El ingenio de Bramante llegaba
tan lejos que decidió rehacer un gigantesco diseño
para restaurar el palacio del Papa. Y animado al ver el carácter
positivo y la voluntad del Papa de destruir la Iglesia de San
Pedro, para erigirla de nuevo, realizó infinitos diseños,
mostrando en alguno de ellos admirables muestras de inteligencia.
De este modo Bramante realizó la obra de "San Pedro"
con su habitual rapidez e ingenio, hasta construir la cornisa
de arcos de las cuatro pilastras abovedados con suma premura y
arte.
El transcurso de la obra de Bramante,
a partir de su etapa en Roma, transgrede la norma universal mediante
artificios, con la intención de lograr un resultado final
arquitectónicamente coherente, continuando con su implacable
voluntad de experimentación y comprobación crítica
de unos principios.
De alegre y agradable personalidad,
que disfrutaba ayudando a la gente que tenía alrededor,
se cuenta que no simpatizaba mucho con la religión, sin
embargo, sentía especial predilección por las personas
ingeniosas, a las que trataba de favorecer todo lo posible, como
hizo con el célebre pintor Rafael Sanzio de Urbino, conducido
por Bramante a Roma.
Vivió siempre de forma
espléndida y de acuerdo a la posición en la que
le habían situado sus méritos. Gran amante de la
poesía, que recitaba y escuchaba con deleite, en especial
la lira, o la composición de graves sonetos perfectos.
Fue un hombre muy querido
y apreciado por la gente de la Iglesia, que gozó de una
gran fama en vida, incrementada aún más tras su
muerte, puesto que por la construcción de "San Pedro"
del Vaticano pasaron diferentes artistas durante muchos años.
Murió a la edad de sesenta
años y fue enterrado en Roma, en San Pedro en el año
1514, con un honrado funeral llevado por toda la corte del Papa,
escultores, arquitectos y pintores. Investigador y experimentador
de muchas artes, a las que aportó numerosas novedades y
perfección, su muerte supuso una gran pérdida para
la arquitectura.