Brunelleschi
ha pasado a la historia por sus fundamentales aportaciones a la
arquitectura. Sin embargo practicó también la escultura,
y puede ser considerado, además, como el inventor del sistema
de representación de perspectiva focal.
Fue
uno de los creadores del Renacimiento
italiano, y, significativamente, su obra maestra (la cúpula
de "Santa María del Fiore") se levantó sobre
una estructura erigida en el estilo gótico
al que contribuyó decisivamente a superar. Filippo Brunelleschi
(1377-1446) nació en Florencia, ciudad a la que siempre
se ligará su nombre por haber protagonizado en ella una
renovación estética durante el Quattrocento
que la hizo comparable incluso con Roma.
La
mayor parte de los datos que conocemos sobre él se los
debemos a Antonio Manetti, que escribió una biografía
en la que relató la vida del florentino y explicó
sus ideas y principios teóricos sobre arte y arquitectura.
Empezó a trabajar muy joven en un taller de orfebrería,
donde cultivó sus habilidades para la escultura. El doctor
Paolo dal Pozzo Toscanelli ejerció gran influencia sobre
el joven Brunelleschi durante sus años de formación,
enseñándole matemáticas y geometría,
disciplinas de las que más tarde sacaría un gran
partido como arquitecto. En 1401 participó en el concurso
para la realización de las segundas puertas del baptisterio
de la catedral de Florencia, al que también se presentaron
su amigo Donatello y Ghiberti (quien resultó finalmente
ganador y mantendría con Brunelleschi una enconada competencia
durante años).
Sistematizó
un método para representar de un modo verosímil
la profundidad de los cuerpos en pintura.
Durante
una larga estancia en Roma conoció la arquitectura clásica.
Dibujó y analizó multitud de monumentos que le cautivaron,
a partir de los cuales gestó su propio y renovador estilo
arquitectónico. En 1417 tuvo la oportunidad de demostrar
su aprendizaje al presentar un audaz proyecto para la terminación
de la catedral de "Santa María del Fiore",
en su ciudad natal. La cúpula propuesta por Brunelleschi
era ciertamente novedosa y brillante, pero sobre todo era poco
costosa y carecía de los riesgos del resto de soluciones
presentadas. Su
formación en la construcción de relojes, engranajes
y diversos artilugios mecánicos le sirvió de gran
ayuda en semejante obra de ingeniería. Se vio obligado
a compartir la dirección de las obras con Ghiberti, y,
convencido de que éste no tenía la preparación
suficiente para trabajar en un proyecto tan complicado, parece
ser que se ausentaba a menudo de las obras para dejarlo en evidencia.
La construcción fue una tarea titánica, en cuyo
transcurso hubo multitud de problemas, algunos técnicos
y otros de carácter laboral, como la huelga de canteros
a la que Brunelleschi hubo de hacer frente. Durante el proceso
Brunelleschi luchó por fortalecer la figura del arquitecto
como la de alguien que ejerce una disciplina intelectual, no mecánica,
contribuyendo así a su mayor consideración social
y a su distanciamiento de otros oficios artesanos.
Hasta
1436 no se terminó la monumental cúpula, de 42 metros,
y dos años más tarde Brunelleschi volvió
a ganarle a Ghiberti el concurso convocado para la construcción
de la linterna que coronaría la gran obra. Una vez acabada,
"Santa Maria del Fiore" se convirtió en símbolo
de la nueva sensibilidad artística que representaba el
Renacimiento y marcó las pautas para la arquitectura posterior.
Brunelleschi no sólo consiguió imponer sus modelos
estéticos sobre los ya existentes, sino que, como hemos
dicho, se rebeló además contra las condiciones laborales
de los artistas todavía imperantes, esto es, la tradición
gremial heredada del medioevo. Pionero de la lucha por la independencia
del artista, llegó a sufrir cárcel por negarse a
pagar su correspondiente cuota al gremio de constructores al que
pertenecía, y sólo la intervención del colegio
cardenalicio florentino hizo posible su liberación.
Pionero
de la lucha por la independencia del artista.
Hacia
1420 Brunelleschi sistematizó un método para representar
de un modo verosímil la profundidad de los cuerpos en pintura.
Dicho método revolucionó la pintura italiana, y
posteriormente la del resto de Europa:
la perspectiva. No redactó ningún tratado sobre
el asunto, sino que expuso su sistema mediante una demostración
práctica en la que pintó dos paneles que representaban
dos plazas de Florencia, causando sensación en la ciudad.
Para aumentar la impresión de realismo, Brunelleschi pintó
además el cielo de uno de sus paneles con plata, de manera
que el cielo real se reflejaba en aquél, y el público
pudo ver así cómo las nubes corrían empujadas
por el viento sobre la perfecta composición de edificios
pintados. Su hallazgo pronto encontró aplicación
en la obra de Masaccio, al que parece ser que el propio Brunelleschi
enseñó personalmente. Habría que esperar
quince años para que Alberti pusiese por escrito el novedoso
método.
Mientras duró la construcción de su revolucionaria
cúpula, Brunelleschi trabajó en otros muchos proyectos,
en los que siempre plasmó su sólido conocimiento
de la antigüedad clásica. Entre ellos destacan la
basílica de "San Lorenzo" (proyecto de 1418). Aquí el artista florentino propuso
la recuperación del modelo paleocristiano frente al establecido
gótico.
Diez años más tarde añadiría a la
basílica la "Sacristía vieja", destinada
a ser la capilla funeraria de los Médici.
También destaca el "Hospital de los Inocentes"
(1421-24), en el que los elementos clásicos son ya abundantes
(arquerías de medio punto, frontones, etc.), y que constituye
un ejemplo magnífico de su sistema de proporciones (el
ancho del vano y del pórtico debía ser igual al
alto de las columnas, un esquema modular relacionado con la escala
musical que se convirtió en su seña de identidad).
En 1444, y después de quince de construcción, Brunelleschi
terminó de la "Capilla Pazzi", en el jardín
de la iglesia de la Santa Croce, obra que supuso un nuevo hito
en su carrera. Extraordinariamente equilibrado, el edificio proponía
una planta central de cruz griega, tipología luego desarrollada
por multitud de arquitectos posteriores, y que alcanzó
su máxima culminación con el proyecto de Bramante
para la "Basílica de San Pedro"
de Roma.
En 1446, a los 69 años, murió Brunelleschi, siendo
enterrado en la catedral a la que tantos esfuerzos dedicó
en vida.