"Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello".
A la edad de 15 años escribía
el joven Dalí con admirable frescura y lucidez en su diario
Plasma el cabo de Creus como el paraje más hermoso del mundo
Ya en su adolescencia, adoraba el artista los paisajes que se
convertirían en la atmósfera amada de toda su vida
y también de la mayoría de sus pinturas. Cadaqués
y el cabo de Creus (Cap de Creus) en la Costa Brava, visitados durante todos
los veraneos de su infancia, paraísos con los que se citaba
en los meses más calurosos del año, y cita a la
que nunca faltaría, regresando desde París y Nueva
York, quedaban capturados entre las noveles pinceladas post-impresionistas
del artista.
Nació en Figueres, en la
provincia de Girona, en el año 1904. Su padre era un respetable
notario con mucha autoridad, de imponente carácter y personalidad
reflejados en los retratos que Dalí le dedicó. En
su infancia fue un niño malcriado y sobreprotegido, que
exhibía ya su extravagancia con sus fobias y manías;
apocado y retraído disimulaba su timidez con insolencia
y atrevimientos y organizando bullicios académicos. Desde
su ciudad natal, se mantenía al tanto de las diferentes
vanguardias artísticas, recorriendo la etapa puntillista, fauvista,
futurista...
era la época de la revolución rusa, a la que el
jovencísimo artista se soldaba con pleno convicción.
Al cumplir los 18 años,
el notario de Figueres, persuadido por el talento de su
hijo y ante su determinación por la pintura, le
envió a la Residencia de Estudiantes de Madrid,
donde por aquella época se instituía la
más refinada y liberal educación del país.
Allí conoció a sus íntimos amigos Federico García Lorca y Luis Buñuel, entre
los que fraguaría una complicidad intelectual,
que con el poeta sobrepasaban los límites de la
amistad, provocando al pintor obsesiones a las que alude
en cuadros como "El enigma sin fin", "Metamorfosis de
Narciso", "Cenicitas", y "La miel es más dulce que
la sangre".
Febril lector de Freud,
la mayor contribución intelectual de Dalí,
fue su método paranoico crítico,
que definió como "método espontáneo
de conocimiento irracional, basado en la objetivación
crítica y sistemática de las asociaciones
e interpretaciones delirantes", en su ensayo
"La mujer visible", de 1930.
Su método consiste también en dotar de significancia
cualquier casualidad o experiencia que se decida de forma
arbitraria. Y el artista insistía en aplicar este
sistema además de al arte, a la vida. Por lo que
las Vírgenes de sus telas tendrán siempre
el rostro de Gala, su amada y por lo que plasma el cabo
de Creus, como el paraje más hermoso del mundo,
donde habitan sus fantasmas.
Con 25 años, respaldado
por Joan Miró, asentó su residencia en el bullicio
del París de entreguerras, y con su figura de dandi, paseaba
sus extravagancias con satisfacción incorporándose
al escandaloso movimiento surrealista que gritaba el protagonismo
del onirismo y los relatos subconscientes, en la actividad artística.
Arrebato, furor, ingeniosas
ideas y escritos, insólitas ocurrencias, relaciones
absurdas y originales, objetos inventados, son las principales
aportaciones de Dalí al surrealismo,
además de pinturas como "El asno podrido", "Vaca espectral",
"El juego lúgubre (El juego desastroso)", "El gran masturbador", "Los primeros
días de primavera" o "La vejez de Guillermo Tell",
cargado de transparentes desvelos de sus temores y cadenas.
Pero sus cada vez más osados y provocadores disparates,
su obcecación escatológica, la ambigua defensa
que realizaba de Hitler y su canto elogiador de la crueldad,
además de su desatinada reivindicación del
arte académico, comprometía demasiado al
grupo que no logró moderar a Dalí, por lo
que decidió su solemne expulsión en 1934.
Esta ruptura no sería más dolorosa que la
que afrontó con su padre, cuando acababa de unir
su vida a su amada Gala, que estuvo durante años
enfadado con el artista, al enterarse a través
de la prensa, de la ofensa a su fallecida esposa, por
la exposición de una pintura de Dalí, en
la que sobre la silueta del Corazón de Jesús,
escribía: "A veces, para divertirme,
escupo sobre el retrato de mi madre".
Una de sus obras maestras
pintada en 1925 es "Figura en una ventana (Muchacha en la ventana)", donde
desvela su adoración por el paisaje Cadaqués
y el amor por su hermana Ana María, musa de algunas
de sus más geniales telas. "La Madona de Port Lligat", obra en que su esposa Gala posó como modelo del rostro.
Su obra más famosa
es "La persistencia de la memoria" pintada en 1931 tras
sufrir una migraña, donde aparecen por vez primera
los relojes blandos que contribuyeron a su fortuna en
Estados Unidos.
A las críticas, contestaría: "Que hablen de mí, aunque sea bien"
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el pintor, decidió vivir
definitivamente en Nueva York, donde protagonizó
sus escándalos habituales y conquistó exitosas
exhibiciones desde 1940 a 1948. Durante su estancia en
Estados Unidos, en 1942, pinta para divertirse "Proyecto de interpretación para un establo-biblioteca". Con
ambiciones económicas, Dalí pintaba en ocasiones
a personajes millonarios junto con elementos surrealistas
para sus clientes adinerados.
A partir de aquella época
continuaría su camino artístico en solitario,
junto a su mujer, diez años menor que él
y de costumbres liberales, entregada a propiciar el tiempo,
el lugar y la paz que necesitaba su marido para trabajar.
Hada de sus complejos, sacó provecho económico
de la estrafalaria imagen de Dalí, convirtiéndole
en un personaje de espectáculo público,
de controvertidas e perspicaces manifestaciones, bajo
la atenta mirada de los medios de comunicación
de masas y el desdoro de las clases altas. A
las críticas de Bretón, figura clave del
movimiento surrealista, contestaría con la sentencia
"Que hablen de mí, aunque sea bien" y pinto "La apoteosis del dólar"
En 1948, tras proclamar
su adhesión a la dictadura de España y a la Iglesia católica, regresó para pasar
los veranos en Port Lligat, mientras que durante el resto
del año se alojaba en hoteles de París y
de Nueva York. Durante los meses cálidos Madonnas,
Cristos crucificados y elementos flotando ingrávidos,
en ocasiones diseccionados en pedazos sobre el mar, componían
sus óleos de estudiados detalles. "La pesca del
atún" pintado en 1966-67 es uno de los más
ambiciosos del artista, por sus enormes dimensiones, que
delimitan el relato de la pesca que le narraba su padre
cuando era niño.
Durante el invierno conseguía
mantener en funcionamiento el circo Dalí vendiendo
sus cuadros, hasta la muerte, en 1982, de su ineludible
Gala. A partir de entonces comenzaba la larga agonía
y decrepitud del artista, tumbado en una cama y rodeado
de médicos y enfermeros.
En 1989, se truncaba su
ferviente convencimiento de librarse de la muerte.