Gustav
Klimt nació en Baumgarten, un suburbio al sudoeste de Viena,
en julio de 1862. Su padre era grabador en oro y se había
casado con una muchacha vienesa, Anna Finster.
Gustav
era el segundo de siete hijos, perteneciente a una modesta familia
que se veía obligada a trasladarse frecuentemente por no
poder pagar el alquiler. Mostró evidentes dotes artísticas
desde temprana edad. Su hermano Ernst, dos años menor,
fue probablemente un pintor tan hábil como él y
hasta su muerte a los 28 años, mostró cualidades
para de llegar a ser tan famoso y tener el mismo éxito
que Gustav.
Klimt
impresionó a sus maestros desde el principio.
A
la edad de catorce años comenzó sus estudios con
la intención de convertirse en maestro de dibujo, posición
que le ofrecía un salario seguro y una pensión garantizada.
Klimt impresionó a sus maestros desde el principio, los
cuales pensaron que era demasiado talentoso para una carrera docente
y le instaron a convertirse en pintor. Toda la obra posterior
de Klimt lleva el sello de la instrucción minuciosa y tradicional
que recibió. Su dominio del naturalismo, su ingenioso
uso del dibujo, la ornamentación y su habilidad para pintar
la figura humana estaban firmemente enraizados en lo que aprendió
cuando era estudiante.
Klimt, junto a un compañero de escuela llamado Franz Matsch
y su hermano Ernst decidió montar un negocio llamado Känstlercompanie (Compañía
de Artistas). Pronto empezó a tener sus primeros
encargos, como la solicitud de un editor para que participara
en unos caros fascículos de Alegorías y Emblemas.
La primera serie fue un éxito y le siguió una segunda.
Aquí ya se manifestaban muchos de los elementos que caracterizaban
la obra de su madurez como la pintura de oro, dibujos planos,
contornos curvos, una mezcla de imágenes clásicas,
elementos orientales y la figura femenina de rostro sereno. Es
ésta la primera vez en la obra de Klimt que se mezcla lo
real y lo abstracto.
Después de una serie de encargos importantes como las pinturas
para el vestíbulo del Kunsthistorisches Museum, llega la
tragedia; su hermano Ernst muere en 1892, algo que le afectaría
enormemente. Parece ser que por entonces sufre una crisis creativa
dado que realizó pocas obras durante unos años.
Su socio Matsch se marchó de la Compañía
y se quedó solo. Es entonces cuando empieza a cuestionar
las convenciones de la pintura académica y las encontró
deficientes. Sin embargo, en un intento por iniciar una nueva
vida en la pintura de historia, Klimt pronto descubriría
que sus esfuerzos, no serían entendidos ni apreciados.
Este cambio de Klimt se observa en pinturas como las de la villa
de Nikolaus Dumba, encargo que también será ofrecido
independientemente a Matsch. Klimt fue responsable de la Sala
de la música. Allí pinta "La Musica II" y "Schubert al
piano". Éste último revela a un artista que se está
distanciando del historicismo. Sorprende la estupenda creación
por parte del pintor de un estado de ánimo.
Desde
1891 Klimt era miembro de la principal asociación de artistas
vieneses, la cual gozaba de status, poder e influencia en todas
partes de Europa, pero resultaba muy conservadora. Klimt y otros
artistas empiezan a pensar que la asociación está
ejerciendo una influencia funesta en el arte austriaco, considerando
que el arte en estos momentos era intolerante y de miras estrechas.
Finalmente el pintor y sus colegas dan el paso definitivo en 1897,
creando la Secesión de la cual Klimt fue su presidente
y que contaba con tres propósitos: suministrar a los artistas
jóvenes oportunidades de exponer sus obras; llevar a Viena
las obras de los mejores artistas extranjeros y publicar su propia
revista. Sin embargo no empezaron con un programa claro. Nunca
hubo un Manifiesto y sus miembros nunca aspiraron a un estilo
de grupo, pero tenían el apoyo del Gobierno y realizaron
varias exposiciones. En 1898 organizaron una de gran éxito,
donde se expusieron artista extranjeros de la categoría
de Puvis de Chavannes o Whistler. La mayor parte de los 57.000
visitantes, entre ellos el emperador Francisco José I,
parecieron tener una impresión favorable.
Las
pinturas de Klimt de la naturaleza, es el ser humano el
que está ausente.
Klimt
sacó un provecho enorme de La Secesión, según
el historiador Hans Tietze: "La Secesión lo arrancó
de la dirección en la que parecía que se iba a mover
por siempre jamás, destruyó y despertó a
su ser más íntimo y creó al hombre y el artista
Klimt que nosotros ahora conocemos".
Pero el proyecto más monumental de Klimt y del grupo de
La Secesión será el "Friso Beethoven" de 1902. Más
de diez miembros de la Secesión estaban comprometidos con
este proyecto. Klimt a diferencia de la mayoría de los
artistas del proyecto, hizo caso omiso de todas las fuentes convencionales
para sus imágenes e inventó las suyas propias. El
resultado es personal, ambiguo y nada parece tener que ver con
Beethoven.
El
poder de transformación del arte sigue creciendo en la
obra del pintor. En su Período Dorado, el erotismo y el
tratamiento suntuosamente decorativo del tema son muy característicos.
La más célebre composición de esta época
será su famosa pintura "El beso" (1907-1908), donde el propio
Klimt aparece besando a su esposa. La mujer que aparece dominante
en toda su obra, se somete en este cuadro.
Será importante resaltar que el retrato y el paisaje fueron
parte importante en su obra. Tuvo gran cantidad de encargos de
familias adineradas de la época. En sus retratos los seres
humanos habitan en un entorno totalmente artificial. Nunca hay
una ventana o una puerta abierta, para vislumbrar el mundo exterior.
La luz es artificial no hay aire ni movimiento. Sin embargo en
las pinturas de Klimt de la naturaleza, es el ser humano el que
está ausente, en casi ninguno de ellos aparece una figura
por diminuta que sea. Es como si la naturaleza debiera ser aislada
del contacto humano y los seres humanos de la naturaleza para
preservarles su identidad y pureza.
A
su muerte por un ataque de apoplejía en febrero de 1918,
deja inacabados varios cuadros, los cuales nos permiten penetrar
en el mundo creativo Klimt, que, al irse nos ha dejado la puerta
abierta. Cuando hablamos del "enigma" de la grandeza
de Klimt, debemos tener en cuenta el carácter extraordinario
de su arte, como haber logrado mejor que cualquier otro artista
de su tiempo, una síntesis de las tendencias artísticas
fundamentales de su tiempo, afines pero bien diferenciadas, como
el Simbolismo y el Art Nouveau. Ha habido pocos artistas que en
su capacidad formal hayan alcanzado semejante refinadísima
sensibilidad.