"Siempre
me han espantado las teorías... Sólo tengo el mérito
de haber pintado directamente de la naturaleza, tratando de dar
mis impresiones ante los efectos más fugitivos, y estoy
desolado de haber sido la causa del nombre dado a un grupo cuya
mayor parte no tenían nada de impresionistas".
Claude Monet
Nace
en París el 14 de Noviembre de 1840, pero a los 5 años
su familia se traslada a Le Havre. En su adolescencia destaca
su afición por las caricaturas, y éstas son tan
singulares que consiguen captar la atención de Eugène
Bodin, su futuro mentor y la persona que lo iniciará en
el paisajismo a plein air. Con 19 años se despide de las
costas y de la vegetación pictórica de su entorno
infantil y se traslada a París. En la ciudad de la luz
se inscribe en la Académie Suisse y entabla amistad con Pissarro
y Baudelaire.
Tras un breve paso por la guerra de Algeria, regresa con
la particular luz de este país africano y empieza
en 1862 a frecuentar el estudio de Charles Gleyre, donde
comparte técnica y pasión con otros pintores
contemporáneos como Renoir, Sisley y Bazille. Los
bosques de Fontainebleau se convertirán en punto
de encuentro de estos artistas, aunque Monet también
aprovechará muchos momentos para vagabundear por
las calles de París. En esos largos paseos Monet
se impregnará del bullicio de la masa, de su efervescencia
y lo plasmará con gran acierto en sus paisajes
urbanos, "Saint-Germain-l'Auxerrois" y "Muelle de Louvre" ("Le Quai du Louvre").
Mucha es la pasión y poco el dinero
Como
les sucederá a otros muchos pintores de esta y
otras épocas, mucha es la pasión y poco
el dinero. Por esta razón se pierden muchos de
los cuadros de su época temprana y pocos son los
que se conservan. Resulta anecdótico que el mismo
artista llega incluso a destruir muchas de sus obras para
evitar que los acreedores se apoderen de ellas. Otras,
sin embargo, sobrevivirán: "La terraza en Sainte-Adresse" ("Terrasse à Sainte-Adresse"),
"Camille" o "La dama del vestido verde" ("La Femme à la Robe Verte") o "Mujeres en el jardín" ("Femmes au jardin"), sin olvidar
su "El almuerzo sobre la hierba (Estudio)" ("Le déjeuner sur l'herbe (Etude)"), cuadro polémico por
adoptar el mismo título que uno de los cuadros
de Manet, pintor por el que el impresionista sentirá
una admiración que no será correspondida
por su casi tocayo, quien aceptará con el mayor
de los disgustos el verse eternamente confundido con el
captador de impresiones.
El sosiego de los buenos ratos en Fontainebleau, Saint Adresse
y la Grenouillère, se ve roto por los tambores de la guerra
franco-prusiana, que hacen que Monet emigre junto a su esposa
Camille, de la que ya tiene un hijo, a Londres. Las brumas de
esta ciudad lo fascinarán, igual que su río, que
todo lo llena de niebla, que todo lo desdibuja, como años
después lo hará el humo de los trenes en "Interior de la Estación Saint-Lazare" ("Intérieur de la Gare Saint-Lazare") (1877). Será en la ciudad del Támesis donde descubrirá
a su más directo precursor, William Turner, y donde su
nuevo marchante Paul Durand Ruel se dejará impresionar
por las nuevas visiones de la Casa del Parlamento, del Big Ben
y del Támesis, inundados en esta ocasión por una
espesa niebla que desmenuza sus formas, que invisibiliza sus líneas.
De nuevo en paz y tras una breve estancia en Holanda
en 1874, Zuiderkerk en Ámsterdam, Monet regresa de nuevo
a casa y se instala en Argenteuil, su nuevo hogar durante los
próximos años y punto de partida de los numerosos
viajes que se sucederán en este periodo. Venecia, Madrid,
el norte de Europa
se someterán a su poco usual mirada. Durante esos seis
años no cesará en su peculiar investigación
de la luz, de la atmósfera, del color siempre mutable y
fugaz que tanto le cautivarán durante toda su existencia,
convirtiéndose el mismo en un gran ojo, como Cézanne lo
definió, un ojo que se altera y se llena de color en "Barcos rojos" ("Les bateaux rouges à Argenteuil").
Venecia, Madrid, el norte de Europa se someterán a su poco usual mirada
Durante
su estancia en Argenteuil recibe visitas de Renoir y Sisley
entre otros. Juntos se impregnan de la naturaleza exuberante
de la rivera del Sena, formando un atípico grupo
de pintores no pertenecientes en realidad a ningún
grupo. La definición de éste no llegará
hasta 1874, año en el que se expondrá "Impresión, salida del sol" ("Impression, soleil levant"), cuadro que será ampliamente ridiculizado
y considerado por la crítica de la época
como chapucero e inacabado. Uno de los críticos,
Leroy, incluso se permitirá bautizar satíricamente
a su creador de impresionista, de vulgar captador de impresiones.
Y es cierto
que a partir de ese momento las impresiones monetianas se exaltarán
y que sus paisajes dejarán de parecerse a los de los grandes
maestros haciendo que una luz cegadora se apodere de sus cuadros.
Sus colores abandonarán su habitual inmovilidad y vibrarán,
variarán, alejándose de la uniformidad en función
de la hora del día. Para conseguir ese efecto Monet pintará
sus lienzos a gran velocidad intentando plasmar a veces lo "inplasmable",
lo fugaz del momento, lo fugaz de esa luz, de ese color que define
a los objetos.
Por otra
parte, en sus lienzos, las sombras adquirirán una nueva
personalidad. El omnipresente negro de la sombra clásica
se teñirá, por primera vez, de distintos colores.
Y ésta no será la última novedad, ya que
también desmontará los cánones del paisajismo
tradicional, en el que todo se dibuja reproduciendo la imagen
mental de cada objeto. Monet sólo pintará lo que
su ojo ve, no lo que ya conoce intelectualmente. Él no
verá láminas uniformes, sino salpicaduras que cambian
de color. Su arte es, por lo tanto, puro empirismo, pura percepción,
puro instante cristalizado.
Con la llegada de los 80 el grupo de los impresionistas
parece haberse disuelto a pesar de continuar activos y
en contacto. Poco a poco empiezan a ser aceptados, hecho
que hace tranquilizar sus bolsillos y sus vidas, dando
lugar a una etapa tranquila que en el caso de Monet será
dedicada por completo al estudio en profundidad de la
luz. Para ello repetidamente pintará la fachada
de la catedral de Rouen, haciendo disolver cada vez más
sus formas, cosa que le acercará o más bien
le convertirá en uno de los precursores del arte
abstracto. Tanto en esta como en otras series, la de los
almiares o la de los álamos, Monet fija el sujeto
tratándolo como a una constante en la que los efectos
de cambios pueden ser medidos y recordados. Esta técnica
refleja la perseverancia con la que Monet lleva su investigación
de lo visible, ya que sus series acaban neutralizando
el objeto propiciando así una posible existencia
de la pintura sin éste y estableciendo, de esa
manera, una importante base para la evolución del
arte moderno.
Tras la muerte de su esposa Camille en 1879, se casa con
Alice Hoschede en 1892. Gracias a la holgada situación
económica de la que disfruta por esta época
decide comprarse una casa en Giverny, donde construirá
también un exquisito estanque, donde el mismo producirá
la naturaleza que luego le gustará retratar en
sus cuadros, una naturaleza que será única
y que él pintará también de forma única
y acuosa, ya que el cielo desaparecerá de esta
serie, y sólo veremos flores y un agua que nos
invitará a sumergirnos en ella. Esta será
su última serie, y no será fácil
para él realizarla ya que en las dos últimas
décadas de su existencia su salud se verá
mermada por unas cataratas que lo dejarán ciego
hacia el final de su vida en diciembre de 1926.