Una
acuarela de Kandinsky en 1910 originó la tendencia pictórica
conocida como abstracción. De ella surgiría "una
obra de arte autónoma, liberada de cualquier dependencia
del objeto" y con el consiguiente desplazamiento de
su foco de interés hacia los mismos recursos formales utilizados
por el artista –punto, línea, plano, mancha, textura,
valor y color- únicos protagonistas de estas pinturas.
Una
acuarela de Kandinsky en 1910 originó la tendencia
pictórica conocida como abstracción.
Pero
a Kandinsky no corresponde, de forma absoluta, la patente del
descubrimiento: antes que él Francis Picabia había
realizado obras en la misma dirección. Si a pesar de todo
se le atribuye la paternidad de la criatura abstracta es porque
nadie como él fue capaz de llevar tan lejos aquella experiencia,
liberando al arte –como expresa uno de sus biógrafos,
Ulrike Becks-Malorny- "de su función tradicional",
es decir, de constituir "un reflejo de la realidad visible".
Desde la fecha del inicio del movimiento abstracto han transcurrido
casi cien años a través de los cuales se pueden
observar diferentes etapas: una, desde su fundación hasta
aproximadamente 1939. La otra, a partir de 1940 en adelante, ya
convertido en escuela.
Durante
ese primer período, asistimos a la eclosión del
fenómeno artístico con Kandinsky y sus dos maneras
de hacer abstraccionismo: el lírico y el geométrico.
Pero las primeras obras abstractas geométricas –al
parecer- fueron realizadas en París por un grupo de pintores
poco ortodoxos del que formaban parte el checo Frantisek Kupka
(1871-1957) y el francés Robert
Delaunay (1885-1941) que se habían
propuesto llevar la experiencia cubista a límites extremos.
A
partir de 1909 nacen las primeras corrientes que en unos casos
habrán de llevar por nombre rayonismo (1913), y metabolizarán
las influencias procedentes del cubismo;
en otros suprematismo (1915) y abogarán en cambio por el
empleo de formas geométricas simples trabajadas mediante
gamas cerradas y monocromas; o bien constructivismo (1915) que
buscarán para sus creaciones una finalidad social en contacto
permanente con la arquitectura.
Variante similar, De Stijl (El estilo), irrumpe en
Holanda hacia 1917,
y se organiza en torno a la revista del mismo nombre. Su principal
representante fue Piet Mondrian (1872-1944) cuyas tesis –inspiradas
en la filosofía de Spinoza- sirvieron de soporte a una
nueva dirección dentro del arte abstracto bautizado como
neoplasticismo.
Si hoy resulta una verdad consabida que los movimientos de vanguardia
llegaron a identificar arte y vida, también lo es que el
neoplasticismo asumió a su modo el lema, entendiendo por
vida la pura actividad interior al margen de los sentidos. Y en
consecuencia, desterró de sus representaciones a la inestable
línea curva –"resíduo del barroco"-
para acogerse a la frialdad de la línea recta (vertical
y horizontal) y al uso en forma plana de los colores primarios.
Con esos recursos, el neoplasticismo se propuso construir un nuevo
concepto de belleza en el que predominara la armonía y
el equilibrio, imagen ideal de un mundo futuro libre de pasiones
y luchas.
Pero
tanta rigidez provocó la ruptura entre Mondrian y dos de
sus más importantes epígonos: Theo Van Doesburg
(1883-1931), que terminó por introducir la diagonal en
sus cuadros, y el escultor Vantogerloo, que empezó a utilizar
la curva en sus volúmenes.
La
supremacía del racionalismo geométrico en la abstracción
sólo cedió terreno cuando a mediados de cuarta década
del siglo XX una nueva tendencia –de signo opuesto- dio
paso a la improvisación y libertad de ejecución
con los materiales. Aquella novedad –conocida como expresionismo
abstracto o pintura de acción- conectaba con el espíritu
de las primeras obras de Kandinsky, y convertía la superficie
del lienzo en terreno de experimentación formal mediante
procedimientos como el dripping -o "chorreado"- aplicado
sobre un gran formato, tal y como solía hacer una de sus
principales figuras, el norteamericano Jackson
Pollock (1912-1956).
Un hervidero de soluciones y nuevas nomenclaturas –a tono
con los fundamentos estéticos de cada grupo y modo de usar
los materiales plásticos- será el informalismo,
término con el que la crítica ha intentado abarcar
aquel espectro pictórico de los años cuarenta-cincuenta
vinculado a la abstracción. Así, además de
la "pintura de acción" (o action painting) tendremos
también la pintura matérica de Jean Fautrier (1898-1964)
y Antoni Tapies (1923) y la pintura gestual, sígnica o
caligráfica de Mark Tobey (1890-1976) y Mathieu (1921).
Desde
la fecha del inicio del movimiento abstracto han transcurrido
casi cien años a través de los cuales se pueden
observar diferentes etapas.
El
tachismo por su parte, construirá sus representaciones
con manchas (taches) o borrones, y el espacialismo –surgido
en Milán entre 1947 y 1948- hará énfasis
en el espacio. A todas estas tendencias habrá que sumar
la del movimiento COBRA, organización de artistas daneses,
belgas y holandeses (Copenhage-Bruselas-Amsterdam)
que desarrolló un arte abstracto de gran expresividad y
fuerza cromática, y que tuvo entre sus miembros a pintores
de la talla de Asger Jorn (1914-1973), Pierre Alechinsky (1927)
y Karel Appel (1921).
Aunque
la pintura había sido desde el comienzo el terreno propicio
para la aventura abstracta, esta supremacía concluyó
en la década del sesenta. Los nuevos derroteros seguidos
por la escultura habrían de mostrar también dos
frentes: uno, en dirección a la escultura abstracta no
geométrica con Henry-Georges Adam, Barbara Hepworth y el
mítico Alexander Calder y sus "móviles".
El otro frente, representado por quienes continuaron encontrando
en la severidad geométrica la fuente de sus principales
obsesiones, como Mary Vieira, Berto Lardera o David Smith.
Los
materiales de trabajo siguieron siendo los mismos: piedra, madera
y bronce, ampliados con frecuencia al hierro y al acero, como
novedad tecnológica.
Por
su parte, el movimiento óptico de los 60 (Op Art) -con
Víctor Vasarely a la cabeza- ayudó a difundir las
tesis del neoplasticismo, el constructivismo y la Bauhaus.
Pero quizás fuera Robert Rauschenberg –continuador
del expresionismo abstracto y pionero del Pop Art en Estados Unidos-
quien nos mostrara un lado inédito aún de la corriente
al incorporar al cuadro distintos objetos de la sociedad de consumo
-como botellas de Coca-Cola- con una intención evidentemente
irónica.
Aunque en las últimas cuatro décadas la abstracción
no ha aportado mucho más, continúa siendo considerable
el número de artistas plásticos –en particular
pintores y escultores- afiliado a ella.