La
idealización del mundo propuesta con intención evasiva,
por el Romanticismo, deja paso a una nueva corriente que se interesa
por la realidad concreta.
El
Realismo surge a mediados del siglo XIX, y sitúa
su foco importante en Francia por sus circunstancias políticas
concretas.
El
Realismo
disuelve la visión clásica y se libera de la técnica
pictórica, rompiendo la tradicional jerarquía temática.
Ya
no es preciso pintar a los héroes y dioses de la antigüedad
o a los grandes personajes bíblicos para ser considerado
gran artista. Se pone de manifiesto la importancia de lo real,
en una reflexión sobre las circunstancias de la vida, de
la sociedad del momento. La atención dirigida al paisaje,
a los tipos populares y costumbristas, hacia lo particular y lo
perecedero.
El Realismo surge a mediados del
siglo XIX, y sitúa su foco importante en Francia por sus
circunstancias políticas concretas. La definitiva implantación
de la clase burguesa, cuya predilección radica en disfrutar
los placeres de la vida no propicia la ovación de los temas
íntimos y evasivos.
Surge un positivismo filosófico que considera la observación
y la experiencia como fuentes únicas de conocimiento y
los artistas toman conciencia de los terribles problemas sociales
que ha originado la industrialización, por lo que entenderán
su misión como un descenso de los olimpos de las ideas
y de la evasión estética, para denunciar las lacras
sociales.
El desencanto y desilusión por las derrotas revolucionarias
de 1848, es el estímulo inmediato por el que el arte renuncia,
a los temas políticos para concentrarse en los sociales.
La franqueza, el desenmascaramiento
se traducen incluso en la arquitectura, en el sincero uso de nuevos
materiales como el hierro y el cristal, evidenciándose
los aspectos más significativos de una nueva sociedad viviendo
el proceso de la industrialización.
El Realismo se opone a la idealización de imágenes,
el hombre se representa realizando sus tareas normales y el tema
de la fatiga se convierte en impulso prolífico de inspiración.
Los enfoques directos, sin ambigüedades ni adornos, suponen
una confrontación directa con el convencionalismo y con
la concepción del arte como una categoría sublimadora
de la realidad.
Millet(1814-1875)
es uno de los principales pintores del movimiento realista, se
caracteriza por el protagonismo que le aporta a la figura humana
relacionada con el trabajo. Infunde a sus cuadros de calma y sencillez,
que el pintor afirma hallar sólo en los bosques y en los
campos. Sus temas se inspiran en un espíritu de fraternidad
humana, incluso cuando representan el ardor del trabajo, por lo
que se aleja patentemente del efectismo y de la teatralidad de
los artistas románticos.
En sus obras más representativas
como Los leñadores, Los canteros,
La colada, El sembrador y El Ángelus, pueden observarse todas estas características.
El Realismo se opone
a la idealización de imágenes, el hombre se
representa realizando sus tareas normales.
Honoré Daumier plasmará
en muchas de sus obras artísticas personajes y ambientes
forenses. Aprendió el arte de la litografía y practicó
con éxito la caricatura política, con sagaces críticas
al gobierno de Luis Felipe de Orleáns. Su Realismo se encuentra
al servicio de la causa republicana y en lucha contra el régimen
establecido, por el que fue censurado. El mundo de la marginación
y gestos reivindicativos son también evocados en obras
como Los presos, Los mendigos
o El motín.
La pintura de Courbet
provocó enormes polémicas por los temas elegidos
sobre personajes vulgares como los de Un entierro en Ornans y por sus ideas programáticas sobre arte,
que le costaron la expulsión del Salón hasta que
se suspendió el sistema de jurados. Destaca su obra El
taller que enfurecía a los moralistas, a la vez
que instigaba la admiración del rebelde sector del estudiantado.
Su trayectoria artística
se involucra con su fervorosa actitud política. Su activismo
revolucionario sólo se apacigua con los aspectos cotidianos,
tratados con sincera ternura, de gentes llanas y humildes, de
hombres sosegados y concentrados en su trabajo, de mujeres colocadas
en primer plano para destacar su tristeza o su comunicabilidad
con el espectador.
Además de la representación
figurativa, aparece la representación de paisaje que transmite
mejor la conquista de la realidad. Hacía 1830, un grupo
de pintores que proponen crear un estilo diferente, se reúnen
en la escuela paisajística denominada Barbizon.
La naturaleza de sus paisajistas no se percibe desde la distancia,
sino mediante la experimentación. Le conceden una importancia
primordial a la relación que se establece entre el artista
y el motivo pictórico, iniciando la práctica depintura al aire libre, por lo que se trasladan al bosque
de Fontainebleau, donde abocetan en el campo al aire
libre, para posteriormente terminar los cuadros en el taller,
en el apasionado intento de conservar intacta su primera impresión.
Se encontraron con muchas dificultades para ingresar en galerías
y exposiciones, es una época de florecimiento de la crítica
y la polémica, por lo que no comenzarán a ser reconocidos
hasta mediados de siglo, cuando se abrirán salas exclusivamente
para paisajistas.
Camille Corot se consagra como
el mayor paisajista del siglo XIX, muy relacionado con la sensibilidad
romántica, representa el tránsito al Realismo. Su
carácter agradable, se traslada también a sus cuadros,
que siempre transmiten un mensaje de armonía y contacto
agradable con naturaleza; sin renunciar a la armonía y
al lirismo plasma los elementos en términos realistas.
Construye las formas a partir del color, le interesaban los cambios
atmosféricos, captará la visión directa del
paisaje con un toque muy rápido, con manchas. Es un gran
renovador de la técnica, abandona el dibujo perfecto, las
líneas, para dar predilección a lo pictórico
y dejar paso a la pincelada ancha.
Se adelanta a los principios del impresionismo,
la novedad del artista radica en su concepción del mundo,
no como un espectáculo que admirar, sino como una experiencia
que vivir; entiende el sentimiento como comunicación e
identificación de la realidad interna, con la realidad
externa que es la Naturaleza.
En su última etapa surge su más potente lirismo,
colores diluidos, armonía, en los que expresa su sensibilidad.
Maneja el color también de forma personal, y junto a la
luz, construye planos, arquitecturas, claramente definidas pero
en las que no se observa el dibujo.