Fundada
en 1919 por el arquitecto Walter Gropius, fue el resultado de
la fusión de dos escuelas: la Escuela Superior de Artes
Plásticas y la Escuela de Arte Industrial, dirigida hasta
1914 por el belga Henry van de Velde.
Nacía,
pues, la Bauhaus, en el centro de una época en crisis luego
de la participación y derrota de Alemania en la Primera
Guerra Mundial, circunstancia que habría de marcar, de
modo inexorable, su destino. El primer manifiesto de Gropius deja
muy claro que el objetivo de la nueva institución es unir
–bajo el control de la arquitectura- a todas las manifestaciones
artísticas: "educar arquitectos, pintores, escultores
de todos los niveles, de acuerdo con sus capacidades, para convertirse
en competentes artesanos y artistas independientes, y para formar
una comunidad de trabajo de avanzados artistas-artesanos del futuro."
Aquella
formación quedaría instrumentada a través
del taller-docencia, que habría de combinar el oficio artesanal
con la creatividad artística.
Esta idea de Gropius no constituía una novedad: recuperaba
más bien la vieja tradición medieval europea según
la cual el artista era también un artesano. Pero en vez
de levantar ahora catedrales, se dedicaría a construir
edificios modernos planificados y diseñados desde una nueva
perspectiva arquitectónica. Así, al eliminar viejos
dogmas, los profesores volverían a ser "maestros",
y los alumnos –admitidos al margen de diplomas, edad o posición
social- pasarían a ser "aprendices" y "oficiales".
"educar
arquitectos, pintores, escultores de todos los niveles,
de acuerdo con sus capacidades, para convertirse..."
Con
el nombre de "Bauhaus Estatal de Weimar" inicia Gropius
su aventura artística designando como maestros a dos pintores
–Johannes Itten (1871-1956), y a Lyonel Feininger (1871-1956)-
y a un escultor –Gerhard Marcks (1889-1981)-. Los tres vinculados
a la galería berlinesa Der Sturm, que había
sido como el estado mayor del expresionismo
alemán y la vanguardia europea por aquellos años.
Itten tenía su propia escuela en Viena y desarrollaba entonces
un método nada convencional en el terreno de la enseñanza
del arte. Aunque profesaba unas creencias algo extrañas
adscritas al Mazdanan –doctrina esotérica procedente
de la India- pronto llegaría a ser considerado el maestro
más importante de la Bauhaus durante sus dos primeros años
de vida.
A él se debe la creación del Vorkurs -curso preliminar
de seis meses integrado por trabajos prácticos cuyo propósito
era liberar el potencial creativo de cada estudiante. Si tuvo
un carácter experimental en sus inicios, resultó
obligatorio una año más tarde como período
de prueba, y quien no lo pasara de modo satisfactorio no podría
continuar sus estudios.
A
diferencia de Itten y de Feininger, Gerhard Marcks –que
además de escultor era también ceramista- poseía
alguna experiencia directa con la industria, por ello fue nombrado
"maestro de forma" en el taller de cerámica de
la Bauhaus, y a él se deben los primeros éxitos
alcanzados por la Bauhaus de Weimar.
Gropius
pasó muchas dificultades para hallar maestros artesanos
capaces de asumir aquella magna tarea docente tal como se la planteaba.
Aún en marzo de 1921 no había alcanzado su propósito,
y escribe a sus colegas arquitectos y profesores de arte solicitando
urgentemente algunos nombres.
Como
si fueran pocos los problemas, la prensa conservadora de Weimar
–que nunca llegó a ver con beneplácito la
existencia de una escuela tan avanzada en una ciudad que había
sido el centro del clasicismo alemán durante el siglo XIX-
no cesó en sus ataques hasta lograr el cierre del plantel.
Con el arribo de Vasily Kandinsky (1866-1944), en junio de 1922,
La Bauhaus logra finalmente completar un claustro de impresionante
nivel en el que figuran nombres como los de Paul Klee y Lazlo
Moholy-Nagy -por sólo citar un par de ellos.
Al
ser trasladada la escuela a Dessau –ciudad urgida de viviendas-,
Gropius construye allí una colonia de 60 casas individuales.
El centro de la nueva colonia es el flamante edificio de la Bauhaus,
que consta de tres alas donde se instalan las aulas, los talleres,
la sección administrativa y las salas de función
social.
Al clausurar
la Bauhaus, el fascismo alemán no clausuraba una institución
o un proyecto cualquiera: clausuraba un símbolo asociado
al espíritu revolucionario de las vanguardias.
Novedad
arquitectónica de aquellos años es la de mostrar
una de sus caras acristalada, y los visitantes que recorren admirados
el recinto durante su inauguración, en 1926, coinciden
en describirlo como "un gigantesco cono de luz".
Las casas de los maestros –concebidas como vivienda y taller
al mismo tiempo- ofrecen, por su parte, "una rigurosa forma
cúbica" que cada artista diseñará y
amueblará según su propio gusto y deseo.
A partir de esa fecha la Bauhaus alcanza su línea de crucero
en la enseñanza abriéndose al exterior mediante
la exhibición y venta de sus productos: muebles de Marcel
Breuer, lámparas de Marianne Brandt, papeles pintados por
Gropius y Hermann Fischer, etc. Comienza a publicarse una revista
cuyo primer número es dedicado a Kandinsky con motivos
de su 60 aniversario. Aparece Punto y línea sobre el plano,
continuación del libro anterior del artista, De lo espiritual
en el arte, con gran parte de la teoría de la forma que
difunde entre sus alumnos.
Bajo la dirección de Hannes Meyer –que sólo
apreciaba el papel social del arte y la arquitectura- el centro
adquiere una mayor relevancia y consigue uno de sus principales
propósitos: mejor sintonía con las necesidades de
la empobrecida población alemana, y mayor funcionalidad
en sus diseños.
Sin embargo, las luchas políticas generadas por una fracción
de los estudiantes y el arribo del nacionalsocialismo al poder,
provocan su clausura en 1932. Todavía hay un intento de
mantenerla viva en una antigua fábrica de teléfonos
de Berlín, pero en abril de 1933 los nazis efectúan
un registro y exigen el despido de Kandinsky. Agobiado por todos
aquellos contratiempos, el claustro decide la disolución
final de la escuela a finales de julio.
Al clausurar la Bauhaus, el fascismo alemán no clausuraba
una institución o un proyecto cualquiera: clausuraba un
símbolo asociado al espíritu revolucionario de las
vanguardias. Frente al legado artístico de Gropius -y a
toda la herencia del arte moderno- el Tercer Reich intentaría
levantar la heráldica de sus castillos medievales así
como las ciclópeas esculturas en piedra que soñaba
colocar a la entrada de los países conquistados. Para lograrlo,
no contaba sólo con un poderoso ejército; contaba
también con la generosa aquiescencia de sus artistas oficiales.