Los mamíferos primitivos pugnaron por sobrevivir en un mundo sometido a los dinosaurios. Eran animales pequeños, tímidos y furtivos, que ocupaban los ámbitos que los dinosaurios desdeñaban: los árboles, las galerías subterráneas y la noche.
Los dinosaurios ejercieron una feroz tiranía durante más de 150 millones de años, pero los mamíferos desarrollaron tácticas de guerrilleros y aguantaron en la sombra.
Si un dinosaurio veía un animal pequeño, se lo comía, y si veía uno grande, huía de él.
Cooperaron entre sí, estrechando alianzas familiares y cuidando esmeradamente de sus crías. Se hicieron oportunistas y adaptables, adoptaron hábitos de rapiña y de pillaje y depredaron sin piedad sobre los huevos y crías indefensas de dinosaurios. Adoptaron una postura erguida tan eficaz como la de los dinosaurios, desarrollaron un activo y vivaz metabolismo de sangre caliente para ocupar las noches, modificaron sus dientes y su boca para asimilar hasta la última brizna de alimento por medio de una eficaz masticación. Economizaron sus recursos y aprendieron a pensar en la oscuridad.
Los dinosaurios eran animales básicamente visuales. Si un dinosaurio veía un animal pequeño, se lo comía, y si veía uno grande, huía de él. No hace falta ser muy inteligente para elaborar estas respuestas. En cambio, los mamíferos vivían en un mundo de olores y sonidos, es decir, en un mundo más de indicios que de objetos. Hacía falta procesar bastante la información para recordar, por ejemplo, qué animal producía cada olor o para deducir cuánto tiempo hacía que había estado allí. Los mamíferos adquirieron así poco a poco su astucia característica.
No se sabe si a la larga los mamíferos podrían haber desplazado a los dinosaurios aunque el evento catastrófico de fines del Cretácico no los hubiese aniquilado. Lo cierto es que los mamíferos aprovecharon la oportunidad, y no dieron ninguna opción de tomar el control a otros vertebrados terrestres, como por ejemplo los lagartos. Los mamíferos se apresuraron a invadir todos los nichos terrestres y también ocuparon con gran éxito los ambientes acuáticos y el aire. Se diversificaron muy pronto y dominaron en un rango de tamaños sin comparación con ningún otro grupo de animales (desde la diminuta musaraña Batodonoides, de 1,3 gramos, hasta la ballena azul, de 190 toneladas).
Antes de la extinción de los dinosaurios, ya habían aparecido las diferentes subclases de los mamíferos: los monotremas, que aún ponían huevos, como sus antepasados reptiles, y que engloban a los actuales ornitorrincos y equidnas; los marsupiales, que mantienen a sus crías en una bolsa externa, y los placentarios, que desarrollan una membrana nutricia en el interior de la madre para alimentar al feto. Varios órdenes de mamíferos surgieron y se extinguieron en esta etapa. Entre los órdenes que atravesaron la barrera del fin del Cretácico están los insectívoros (los mamíferos actuales que presentan más caracteres primitivos); los creodontos, toscos y robustos carnívoros; y nuestro propio orden, el de los primates (a pesar de haber evolucionado tanto, aún conservamos bastantes características corporales ancestrales de los primitivos mamíferos, como por ejemplo, nuestras extremidades con cinco dedos).
La verdadera explosión de diversidad mamífera se produjo poco después de la extinción de los dinosaurios. La mayoría de los órdenes modernos o sus antecesores inmediatos se originaron en este momento. La ingente cantidad de nichos dejados vacíos por los dinosaurios posibilitó la adquisición de formas corporales y estructuras muy variadas. Los recientes estudios de genética molecular parecen reconocer cuatro grandes grupos de órdenes de mamíferos placentados, cuyo origen estaría en relación con la antigua disposición de los continentes (los marsupiales evolucionarían por su cuenta experimentando también una gran irradiación adaptativa en Australia y América del Sur).
¿Está garantizado un dominio perpetuo de los mamíferos sobre la Tierra?
Los afroterios, que incluirían elefantes, damanes y manatíes, entre otros, evolucionaron en África. Los laurasiaterios se desarrollaron en Ámerica del Norte, Europa y Asia, que estaban muy próximas entonces: incluyen a los carnívoros, los caballos y rinocerontes, los cetáceos y sus primos hermanos, los rumiantes, y a los murciélagos. Los desdentados son un extraño grupo sudamericano que incluye armadillos, perezosos y osos hormigueros. El cuarto grupo, más antiguo, está extendido por diversos continentes e incluye a los primates y a nuestros estrechos parientes, los roedores.
Durante el Terciario y el Cuaternario, las eras de los mamíferos, han aparecido criaturas asombrosas: voladores nocturnos que usan un radar para detectar a sus presas, animales que han reconquistado el mar, adoptando forma de peces, rinocerontes de 25 toneladas, gigantes lanudos con trompa, feroces carnívoros de dientes de sable, leones marsupiales, perezosos y armadillos gigantes, animales que se enrollan formando una bola de espinas, o que construyen presas, o que forman rebaños de millones de ejemplares, o que planean de un árbol a otro, o que cazan cooperativamente, o que usan herramientas o que inventan lenguajes.
Los mamíferos han mostrado ser más ágiles, despiertos, flexibles y adaptables que sus competidores. Su sangre caliente, el cuidado a sus crías, su inteligencia o su eficaz procesamiento del alimento son algunas de las razones de su éxito. Pero, ¿está garantizado un dominio perpetuo de los mamíferos sobre la Tierra? Probablemente, no. La vida está en continuo cambio y ningún grupo puede dormirse en los laureles. Quizá las aves, que poseen bastantes representantes terrestres, y que son mucho más inteligentes de lo que la mayoría de la gente cree, acaben ganándonos la partida. En ese caso, no se trataría ni más ni menos que de la venganza de los dinosaurios, de los que descienden.