Es
el actor urbano por excelencia, un rostro afilado por la violencia
de la calle, la mirada que sabe a vista hacia atrás, al
cinismo que palidece en los ojos que lo han visto todo.
Propietario
de una filmografía escogida con inteligencia y compromiso,
compañero de generación de Robert de Niro, Dustin
Hoffman, Scorsese o Coppola, Pacino tiene tan buen futuro hoy
día, a sus 64 años, como cuando debutaba en el cine
a finales de los sesenta. La seriedad
con la que parece que afronta su trabajo, junto con una presencia,
poso de toda una carrera bordando papeles impactantes, hacen interesante
cualquier film en el que participe, ya sean aciertos llenos de
fuerza y convicción como Un domingo cualquiera (1999, Oliver
Stone) o por el contrario decepciones como Pactar con el diablo.
Alfredo
James Pacino nace en 1940, hijo de padres de ascendencia italiana.
Su padre le abandona a él y a su madre cuando Al cuenta
solo con tres años. Pasa la infancia en el Bronx, y a los
19 años muere su madre. Este periodo de juventud fue un
difícil camino que le llegó a lanzar de bruces hacia
el alcohol, la depresión e incluso una tentativa de suicidio.
En los peores momentos, el teatro parecía ofrecerle aquello
que no le daba su situación familiar o las aburridas clases
en el colegio. Pacino también ha recordado alguna vez sus
vivencias en la calle, cuando corría de tejado en tejado
con sus compinches en la parte sur del Bronx.
El gusanillo teatral asoma ya a los 14 años, cuando el
adolescente Al acude a una representación de La gaviota
de Chejov de la que sale hondamente impresionado. Participará
en proyectos teatrales en el colegio, y en 1966 asiste al Actors
Studio de Lee Stasberg, igual que lo habían hecho antes
Marlon Brando, Paul Newman o Warren Beatty.
Pronto entrará profesionalmente en el Off Broadway neoyorkino,
en una carrera de tendencia ascendente que culmina con el Tony
que recibe por su papel en la obra Does a tiger wear a Necklie?
El teatro marcará el modus operandi de Pacino durante toda
su carrera, en sus palabras: "Fue el compromiso que adquirí
con la experiencia teatral lo que decidió mi vida para
siempre".
En 1969 debuta en el cine con Me, Natalie, en un papel secundario.
En 1971 actúa como protagonista absoluto en Pánico
en Needle Park, de Jerry Schatzberg.
En
1972, Francis Ford Coppola afronta la adaptación de la
novela El padrino de Mario Puzo. Para el papel de Michael Corleone,
uno de los hijos del padrino Don Vito interpretado por Marlon
Brando, se barajan los nombres consagrados de Robert Redford,
Ryan O´Neal o Warren Beatty, pero Coppola confía
el papel a un desconocido Pacino. Este, aunque con los nervios
a flor de piel durante todo el rodaje, aprovecha la oportunidad
y consigue un memorable trabajo. En el film, su personaje progresa
de una manera sutil del buen americano, joven, decente y con un
futuro próspero en la sociedad, al despiadado padrino que
coge las riendas de la familia Corleone después de la muerte
de Don Vito.
Esta evolución se amplía con la segunda parte del
film, rodada en 1974, en la que Pacino está definitivamente
en el lado opuesto del inocente Michael que empezó el primer
film. Su actuación en El padrino I le valió una
nominación al Oscar como mejor actor secundario.
Asentado el actor gracias a la saga de los Corleone, conseguirá
sendas nominaciones al Oscar por Serpico (1974, Sidney Lumet)
y Tarde de perros (1976, también de Lumet). Por la misma
época, Pacino está a poco de interpretar el papel
principal en Marathon man, pero finalmente Dustin Hoffman se encargará
del trabajo.
La filmografía del actor continua con títulos como
Justicia para todos (1979, Norman Jewison), donde interpreta a
un joven e idealista abogado enfrentado al dilema entre salvar
su prometedora carrera o mantenerse coherente a sus ideas. Le
seguirían films como La caza (1980), Autor autor! (1983)
y la revisión del clásico film de gangsters Scarface
de Howard Hawks que se tituló El precio del poder, bajo
las órdenes del aparatoso Brian de Palma y el guión
de Oliver Stone. Una película de tono violento, donde Pacino
es Tony Montana, un gangster de poca enjundia que escala hasta
lo más alto del crimen organizado de Miami.
Uno de los
puntos más polémicos de su carrera llega con Revolución
(1985, Hug Hudson), un inesperado fracaso de crítica y
público, cuyo rodaje representó un sinfín
de dificultades y contratiempos, incluida una neumonía
de Pacino. La decepción es fulminante, nunca hasta entonces
Pacino se había estrellado de tal forma. Su penitencia
particular será alejarse cuatro años del cine hasta
1989, con la, ahora sí, muy taquillera Melodía de seducción
(1989, Harold Becker). A partir de entonces su carrera no hará
más que crecer, ya sea con más nominaciones al Oscar
(por Dick Tracy, de Warren Beatty, 1990), con la recuperación
de un patético Michael Corleone en el otoño de su
vida en la tercera entrega de El padrino (1990), o con el reconocimiento
de la comunidad de Hollywood con el Oscar por Esencia de mujer
(1993, Martin Brest), donde encarna a un coronel ciego y cascarrabias,
papel diseñado especialmente para aspirantes a estatuilla.
En 1996 dirige su personalísima visión del mundo
de Shakespeare Looking for Richard, donde desmonta como un lego
el Ricardo III del dramaturgo inglés, acercándolo
al gran público, entre entrevistas a mitos del teatro y
cine shakesperiano como John Gielgud o Kenneth Brannagh, e incluso
declaraciones de gente normal y corriente a pie de calle. Ese
mismo año interpreta a un gangster en horas bajas tratando
de aleccionar a Johnny Depp en Donnie Brasco, notable film de
Mike Newell. En 1999, con El dilema de Michael Mann, afronta un
tema peliagudo en un film dinámico y revelador, donde comparte
protagonismo con un acosado Russell Crowe.
En el 2002 preside el Actors Studio junto con Harvey Keitel y
Ellen Burstyn, aunque no decrece su actividad en el cine, y sigue
trabajando en un mínimo de una película por año.
En su vida privada, Pacino ha sido bastante celoso y protector
de su intimidad. Soltero vocacional, se le reconocen diversos
idilios con, entre otras, Diane Keaton. Con respecto al matrimonio,
asegura que se ve casado, "algún día sucederá.
Lo se". Tiene tres hijas, Julie Marie, y unas gemelas fruto
de su relación con Beberly D´Angelo, su novia de
siempre.