El
destino quiso que un día 26 de Mayo de 1922 nacieran dos
mitos del cine de terror, Christopher Lee y Vincent Price, y por
si los astros no lo hubieran dispuesto de forma suficientemente
profética, un día después nacía Peter
Cushing, otro maestro en el arte de aterrar los teatros de todo
el mundo.
De
los tres, el más villano, el directo heredero de los Karloff
y Lugosi de la Universal, el más despiadado de todos los
enemigos de la humanidad, era sin duda Christopher Lee. De verdadero
nombre Frank Carandini Lee, nuestro hombre interpretó como
nadie los grandes clásicos del terror victoriano –la
momia, la criatura de Frankenstein, el doctor Jekyll, Sherlock
Holmes- que pedían a gritos una revisión y actualización
seria y meditada.
El temple pausado que imprimía a sus
creaciones, su altura y su mirada ligeramente melancólica
garantizaban una vuelta de tuerca más a la simple maldad
de sus personajes, dotándolos de luces y sombras que los
hacían fascinantes. El villano de Christopher Lee puede
ser el más terrorífico de los torturadores, pero
nunca quieres que desaparezca de la pantalla.
Al Conde Drácula por ejemplo, lo encarnó
en nueve ocasiones, de las que destacan sin duda las ofertadas
por el director Terence Fisher en la Hammer Films, Drácula
(1957), y Drácula. Príncipe de las Tinieblas (1965).
En la primera se alejó del modelo acartonado y rancio instituido
por Bela Lugosi para presentar a un Conde noble pero atractivo,
con clase y educación pero descarnadamente sexual.
Ningún vampiro ha mordido como Cristopher
Lee, su mirada de deseo, su dominio sobre la víctima a
la que somete a una callada sumisión sexual, la enorme
elegancia cuando con su capa (por piruetas del destino, la capa
que utilizó en este primer Drácula fue rescatada
por el grupo Bananarama en su clip del hit ochentas Venus) oscurece
la pantalla y nos impide asistir a la ceremonia del beso mortal
en una nueva víctima.
En Drácula. Príncipe de las tinieblas, realizada
en 1965, siete años después del anterior film, Lee
es un vampiro que olvida su nobleza para transformarse en una
bestia que gime y sisea cual reptil, sin pronunciar una palabra
en todo el metraje, aunque la razón de su mudez no obedecía
a un nuevo concepto sobre el personaje, sino que fue decisión
del propio actor, que encontraba ridículas las frases que
le asignaban en el guión, así que, siempre de acuerdo
con Terence Fisher, decidieron callar al Conde.
Si
bien el debut de Lee en el cine se produce en 1947 con el film
La extraña cita, y al año siguiente coincide en
un papel secundario con su futuro amigo y antagonista fílmico
en la Hammer Peter Cushing, en el Hamlet de Lawrence Olivier,
la historia del cine subraya que el verdadero principio para Lee
llegó en 1957 con La maldición de Frankenstein,
primera piedra del imperio del terror de la Hammer, en la que
interpreta a la criatura de Frankenstein acompañado por
supuesto de Cushing y el director Terence Fisher.
Frankenstein fue un papel que le permitió
saltar a otros personajes y films mucho más interesantes
en el universo Hammer, hablamos de otras obras de Fisher como
El perro de los Baskerville y La momia de 1959, la poética
The gorgon (1964) y la demoníaca The devil rides out (1968),
todas ellas obras imprescindibles para el devenir del cine de
terror de los cincuenta y sesenta.
En los años setenta Lee intenta salirse
del guión de villano del cine de terror que la industria
le había reservado y se involucra en films de diverso pelaje,
como La vida privada de Sherlock Holmes (1970), original creación
de Billy Wilder, Aeropuerto 77, o El hombre de la pistola de oro,
film de la serie James Bond en el que se enfrenta al agente 007
interpretando al oscuro Francisco Scaramanga. Hablando de James
Bond, Lee es primo del creador del personaje Ian Fleming, y fue
este quien intentó infructuosamente que el actor
interpretara el primer film de la serie, James Bond contra el
doctor No, dicho de paso, igual que Lee ha interpretado cientos
de papeles, también ha rechazado otros muchos que le habrían
reportado beneficios, como el de Donald Pleasance en Halloween,
de 1978.
Ha
intentado llenar una vida de cultura y conocimiento, practicó
la canción lírica y la esgrima, que supo rentabilizar
en múltiples films (en The dark avenger luchaba con un
borracho Errol Flynn, que acabó lesionándole la
mano). En una carrera que abarca 250 films, Lee ha trabajado en
diversos idiomas, como el italiano, el ruso o el castellano, recordemos
sino su Drácula español junto a Klaus Kinski bajo
la dirección de Jesús Franco.
El libro Guinness lo cita como el actor que ha interpretado más
papeles, y en la actualidad sigue cebando su extensísima
filmografía, así, es curioso observar cómo los niños
de hoy en día se asustan ante el malvado mago Saruman de
Lee en la trilogía de El Señor de los Anillos, igual
que los críos de la década de los cincuenta temblaban
ante su imponente Conde Drácula. Cincuenta años
separan ambos films, y el efecto perverso, casi sobrenatural de
sus interpretaciones sigue tan vigente como siempre, ¿hay
mejor premio que este para un actor?
Igualmente, se le recuerda últimamente por sus apariciones
en Sleepy Hollow (1999), de Tim Burton, verdadero homenaje a la
estética Hammer de la que el mismo Lee fue uno de
los pilares básicos, y en Star Wars: Episodio II, El ataque
de los clones, la patética epopeya de marcianitos comandada
por George Lucas.
En el 2001 se le nombra Comandante de la Orden del Imperio Británico,
y recibe el reconocimiento de su gente por una carrera inigualable.
Cuando sus compañeros de generación hace tiempo
que ya no están con nosotros, es deseable que tengamos
Christopher Lee para rato, solo él ha aglutinado el verdadero
significado de la palabra terror con su sola presencia.