El
actor más importante de los últimos treinta años.
No por su filmografía, por otro lado sobresaliente en general,
sino por la capacidad de introducirse en la esencia de sus personajes
y, siempre desde dentro, combinarla con su propia y fuerte personalidad,
y hacer que este proceso se convierta en la base de su trabajo.
Da igual a quién interprete,
De Niro es el personaje, incluso supera al propio personaje, al
combinarlo con su inclasificable sino real. Algunos admiran a
De Niro por su portentosa fusión mimética con el
personaje del taxista Travis Bickle, el boxeador Jack La Motta
o la criatura del Doctor Frankenstein; otros valoran cómo esos
mismos personajes acuden a De Niro y se funden con un carácter
personal que nadie ha conseguido descifrar aún. En una
pócima cuyas proporciones en los ingredientes son secretas,
Robert De Niro mezcla el yo con su personaje. A De Niro se le
reconoce hoy más por la calidad y misterio de sus interpretaciones,
que por las propias cualidades del film en que trabaje.
Hijo de padres dedicados a las
artes plásticas, nace en 1943 en New York, y pasa su infancia
en el barrio de Little Italy. Su carácter tímido
y aspecto pálido y delgado hacen de él un niño
extraño, siempre distante, un futuro Robert De Niro en
potencia. Sus primeros y precoces pasos en la interpretación
van de la mano de personajes de Chejov y las lecciones que recibe
de Lee Strasberg, con su método Actor´s Studio. Más
tarde, entra en los círculos de Broadway y de las duras
giras teatrales.
Con treinta
años, le llegan los dos primeros éxitos con
"Muerte de un jugador", de 1973 y "Malas Calles"
En 1963 trabaja en una película
de un joven director cuya posterior filmografía aunará
críticas indignadas y admiraciones irracionales a partes
iguales, su nombre es Brian De Palma, y el título de la
película, que no se estrenaría hasta 1969, "The
wedding party". Pero será 1973 el momento decisivo
para De Niro. Con treinta años, le llegan los dos primeros
éxitos con "Muerte de un jugador", de 1973,
cuyo papel le reporta el premio de la crítica de New York
al mejor actor, y la reconocidísima Malas calles,
donde comparte cuota de pantalla con otro actor de su misma generación
y semejantes cualidades, Harvey Keitel. El film está dirigido
por Martin Scorsese, quien se encuentra detrás de
las mejores películas del actor, en una fascinante relación
llena de talento y películas decisivas, en las que ambos
se comprometen al máximo.
La categoría mediática
de estrella le llega a De Niro en 1974 con la interpretación
del joven Vito Corleone en "El Padrino II", de
Francis Ford Coppola. Recibe un Oscar al mejor actor secundario
y se le emparenta de manera muy justa con lo que significó
Marlon Brando años atrás.
De Niro no deja de involucrarse
en obras maestras, y en 1976 crea a su personaje más mítico,
el Travis Bickle de "Taxi driver". La leyenda cuenta
cómo De Niro llegó a trabajar de taxista nocturno para
absorber el papel de la forma más veraz posible. Al año
siguiente es el turno de la tremenda "El cazador",
de Michael Cimino, un film desgarrado, de tristeza visceral sobre
lo que el conflicto de Vietnam significó en la mente de
muchos americanos trabajadores de clase baja. En este sobrecogedor
mosaico de vidas tiradas por la borda, en medio de la desesperación
y el sin sentido, acompañan a De Niro con igual vigor en
el compromiso con sus personajes, Cristopher Walken y Meryl Streep.
"Taxi driver" y "El cazador", le
reportan a De Niro sendos premios de la Academia al mejor actor.
En 1980, dando una vuelta de tuerca
más a su método de implicación radical con
el personaje, interpreta al boxeador Jack La Motta en "Toro
salvaje", a las órdenes de Scorsese. Para el papel,
De Niro debe aumentar musculatura cuando se filma al La Motta
joven y boxeador de éxito, para luego aumentar su peso
cuando interpreta al boxeador gordo en decadencia de la segunda
parte del film. El proceso físico al que se somete en pocos
meses es una lección a todo aquel que desee ponerse delante
de una cámara, pero su salud se resentirá para siempre.
En los años ochenta sigue
ofreciendo grandes interpretaciones. Desde el mismísimo
Satán en "El corazón del Ángel" (1987),
hasta el cruel Al Capone que destroza la cabeza de sus colaboradores
con un bate de baseball en "Los intocables de Elliot Ness",
papel por el que recibe otro Oscar.
Muchos dirán que los noventa representan tiempos duros
para De Niro. Buenas interpretaciones en films demasiado comerciales.
Y la verdad es que hay de todo. Trabaja en subproductos como "Llamaradas"
(1991) o "Fanático" (1996), y continúa con
sus mejores obras, "Uno de los nuestros" (1990,
otro Oscar incluido) y "Casino" (1995), ambas películas,
casi mellizas en concepto y estética, dirigidas por Martin
Scorsese; la fantástica "Jackie Brown" de
Tarantino (1997), o la desternillante "Una terapia peligrosa",
de 1999, dirigida por Harold Ramis.
Por otro lado, el año 1993
es importante para él porque dirige su primer film, la
muy válida y entrañable "Una historia del
Bronx", escrita por Chazz Palminteri y protagonizada por
este último. La película es, además, un recorrido
personal por su ciudad. Si Woody Allen es la visión de
las paranoias de las clases altas y los modernillos de la Quinta
Avenida de New York, De Niro representa las calles del Bronx,
el vapor viscoso que se filtra al exterior por las alcantarillas
del Grenwich Village y Little Italy. De Niro es el asfalto, el
humo, el cemento, la noche y las mean streets de New
York.
Ya en el siglo XXI, De Niro ha
seguido dando más que nadie en pantalla, aunque, como en
la década anterior, ha decepcionado con, por ejemplo, la
innecesaria segunda parte de "Una terapia peligrosa".
Propietario del Tribeca Film Center, que promueve la realización
de películas en su ciudad, tampoco su vida privada se ha
salvado del misterio. Se casa en 1976 con la actriz Diahnne Abbott,
tiene un hijo, y se divorcia a los pocos años. En 1997,
después de muchos años de relación se casa
con Grace Hightowe. Igual que en sus primeros años de carrera
se dejaba entrevistar sin problemas, posteriormente cerró
a cal y canto su vida privada, convirtiéndose en objetivo
preferente de la prensa rosa de su país justamente por eso, por
pasar totalmente de quienes le ven a él mismo antes que
a sus personajes.
De Niro es, junto con Harvey Keitel,
Dustin Hoffman, Al Pacino o Cristopher Walken miembro de una generación
de intérpretes americanos heredera de los Montgomery Clift,
Marlon Brando o James Dean de los cincuenta. Triunfadores que
han llegado a lo más alto sin renunciar a su arte, a las
buenas películas, y al compromiso total con su trabajo.