De
la misma forma que existen películas y directores de culto,
también hay actores dentro de esta clasificación.
Sin duda Harvey Keitel es uno de ellos, gracias a su preferencia
por las películas independientes o de autor y por los papeles
comprometidos, difíciles de asumir por una estrella convencional.
Harvey
Keitel es uno de los mejores actores de una de las mejores generaciones
de intérpretes de la historia del cine. Saltó a
la palestra en la misma época que Robert de Niro, Al Pacino o Dustin Hoffman. Su independencia y su "manía"
de escoger los proyectos por motivos artísticos en vez
de económicos han hecho que tenga una cartera menos abultada
que sus compañeros, pero a cambio ha conseguido una legión
de incondicionales. ¿Quién si no él podría
haber encarnado al "Teniente Corrupto" de la película
de Abel Ferrara, al proxeneta de "Taxi Driver" o al
mismísimo Judas?.
Es uno de los mejores
actores de una de las mejores generaciones de intérpretes
de la historia del cine.
Harvey
Keitel nació en Brooklyn, el popular barrio neoyorquino,
un 13 de mayo de 1939. Pasó su infancia en el pequeño
restaurante que sus padres regentaban. Antes de que él
naciera, sus padres habían llegado a los Estados Unidos procedentes de Polonia, el padre, y de Rumanía, la madre.
Como tantos otros inmigrantes europeos tuvieron que luchar duro
para lograr "el sueño americano" aunque finalmente
salieron adelante. Cuando Harvey Keitel estaba en la adolescencia
no era especialmente estudioso, ni le gustaba ir al colegio, por
lo que muchas veces se ausentaba deliberadamente (hacía
"pellas", "campana" o como se dijera en
Broklin). Los profesores se cansaron de él y de sus gamberradas
y le expulsaron del colegio. Ni corto ni perezoso, y con la intención
de demostrar lo que valía, Keitel se alistó en los
Marines. Sólo tenía 17 años, pero esto no
le impidió ir a luchar al Líbano, donde fue ascendido
a cabo, gracias a su participación en las famosas operaciones
desarrolladas por el ejército estadounidense en Beirut.
Al joven Harvey Keitel le impactó muchísimo participar
en el campo de batalla y calificó su experiencia como "espiritual".
Por este motivo Keitel nunca se ha desentendido de los Marines
y sigue considerándose uno más de este cuerpo de
élite.
Regresó a Nueva York con veinte años, como
veterano de guerra, pero sin ninguna otra experiencia laboral
o título académico. Trabajó de lo que pudo;
como vendedor de zapatos de mujer o taquígrafo en los juzgados
de Manhattan. Allí un compañero le convenció
para que diera clases de interpretación y se convirtiera
en actor. Dicho y hecho. Se apuntó al Actors Studio, la
más prestigiosa academia de actores. Pronto consiguió
participar en algunos montajes teatrales del off-broadway. También
realizó pequeños papeles en algunas películas
como "Reflejos en un ojo dorado" de John Huston.
Aunque su auténtico debut vino de la mano de un joven Martin
Scorsese. Keitel se presentó al casting de la película
"Who’s that knocking at my door", porque había
visto el anuncio en el periódico. La película pasó
algo desapercibida, pero al menos ya había protagonizado
un largometraje. El éxito llegó con su segunda colaboración
con Scorsese: "Malas Calles", la primera gran película
de las dirigidas por el ítaloamericano de cejas frondosas.
En ella Keitel, que era el protagonista, encarnaba a Charlie,
el sobrino de un capo de Little Italy, que comenzaba a tener "responsabilidades
familiares" mientras intentaba mantener las relaciones con
sus amigos, con su novia y con Jesucristo. Este papel le dio fama
internacional, convirtiéndolo en actor de moda. Poco después
haría otras películas con Scorsese: "Alicia
ya no vive aquí" (1974) y Taxi Driver (1976). En
esta película, la segunda obra maestra de Scorsese, Keitel
hacía un papel secundario y desagradecido, el del chulo
que prostituía a una jovencísima Jodie Foster. Con
este papel Keitel demostró que no quería ser un
sex-simbol ni un actor encasillado.
En 1978 Keitel se encontraba en ese punto en el que los actores
tienen un gran prestigio, pero aún no son considerados
estrellas. Para conseguir tal status necesitaba protagonizar una
gran producción, una de esas que piden los Oscars a gritos.
Tuvo su gran oportunidad cuando Francis Ford Coppola le llamó
para protagonizar su particular revisión del libro "el
corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad. Oportunidad
perdida. No se sabe bien por qué, cuando Keitel ya llevaba
unos cuantos días enfundado en el uniforme de Willard disfrutando
de olor a victoria que proporciona el NAPALM, fue sustituido por
Charlie Sheen. Se dice que la causa de esta fulminante destitución
es que Coppola no estaba contento con su actuación y que,
ya desde un principio, había pensado en alguien como Steve
Mcqueen para el papel, con lo que el perfil de Charlie Sheen era
más apropiado. Keitel perdió la oportunidad de protagonizar
una gran producción que hubiera aumentado su caché
pero, quien sabe si al final aún tuvo suerte no participando
en la película, ya que el rodaje fue un auténtico
infierno en el que Sheen llegó a recibir la extremaunción
y Francis Ford Coppola casi pierde la cabeza, además de
su fortuna.
En
los 90 Keitel volvió al candelero en calidad de secundario
de lujo en producciones Holliwodienses.
En
los últimos años de los setenta, Keitel protagonizó
las películas de dos primerizos que pegaron fuerte desde
el principio: Ridley Scott (los Duelistas) y Paul Schrader (Blue
Collar). Los ochenta fueron unos años difíciles
para el actor neoyorquino, si bien participó en infinidad
de películas (algunas tan curiosas como la española
"El caballero del Dragón" con un improbable Miguel
Bosé como alienígena afincado en el medievo) ninguna
tuvo la relevancia de sus anteriores films, exceptuando su encarnación
de Judas en la polémica "La última Tentación
de Cristo" de Scorsese.
En los 90 Keitel volvió al candelero en calidad de secundario
de lujo en producciones Hollywoodienses como "Thelma y Louise"
y protagonista en películas independientes. Así
le hemos visto en "El piano" de Jane Campion, en "Ullises"
de Theo Angelopoulos, en "Smoke" de Wyane Wang, o
en "Reservoir Dogs" opera prima de Quentin Tarantino,
en la que además de encarnar al veterano gangster Mr. White,
ejercía de productor de la cinta. Mención especial
se merecen sus "performances" en Pulp Fiction de Tarantino
y en "Teniente Corrupto" de Abel Ferrara. En la primera
ejercía de Sr. Lobo, un elegante "solucionador de
problemas" verborreico y en la segunda del policía
más corrompido, depravado, desagradable y "yonqui"
de Nueva York.
En la actualidad Keitel sigue en activo con sus trabajos arriesgados
(la última muestra "El puente de San Luis Rey"
o la española "El misterio Galíndez").
Afortunadamente ya no tiene que demostrar a nadie lo que vale
ni aceptar trabajos alimenticios. Hoy, el sólo nombre de
Keitel en un cartel ya es motivo suficiente para pagar una entrada
de cine.