Henry Fonda fue un hombre paradójico. Encarnó muchas veces al marido ideal, pero se casó cinco veces y dos de sus mujeres se suicidaron, obtuvo un Oscar tras serle concedido uno a toda su carrera...
Fue en su estancia en la universidad cuando descubrió su gusto por la interpretación.
Henry Fonda nació el 16 de Marzo de 1905, en la población de Grand Island (Nebraska). Su familia, como la de muchos grandes actores, era de origen humilde. Su padre tenía un pequeño taller de impresión en Omaha. Quizás por eso decidió escribir en periódicos, en lugar de mancharse las manos imprimiéndolos. Así fue a estudiar Periodismo en la Universidad de Minnesota. Cursó dos años, mientras trabajaba de “chico para todo” en una oficina, pero por motivos económicos tuvo que dejar de estudiar para ponerse a trabajar a tiempo completo. Fue en su estancia en la universidad cuando descubrió su gusto por la interpretación. Casualmente fue la madre de otro gran actor la que le convenció para que tomara clases de interpretación: Dorothy Brando (sí, la madre de Marlon).
Henry empezó como amateur en la compañía de Omaha, pero enseguida se le quedó pequeño y decidió hacer las maletas y probar suerte en Nueva York. Corrían los “Felices años 20” y ciertamente lo fueron para Henry, ya que junto a la compañía de los “University players”, logra un notable reconocimiento. En esta compañía, que estaba dirigida por Joshua Logan, conoció a la que posteriormente sería su primera esposa: Margaret Sullivan. Poco después se unió a la compañía de teatro de Nueva Inglaterra, donde coincidió con otra futura estrella de Hollywood, James Stewart, con el que se disputaría el papel del americano medio perfecto.
Fonda logró su primer gran éxito teatral con la obra “The farmer takes a wife”, que fue su pasaporte hacia el celuloide, ya que la adaptación cinematográfica de esta obra fue su primera película. Aquel que conozca la obra de Fonda se sorprenderá al ver que esta fue su primera película. Aclaración: en España, siguiendo nuestra bonita tradición de adulterar títulos, se llamó “Contrastes”.
En esos años 30 protagonizó muchos films, en su mayoría de corte romántico o películas de acción, es decir producciones comerciales. Aunque también participó en obras de concienciación social, como la magistral “Las uvas de la Ira”, dirigida por John Ford y basada en la novela de John Steinbeck. Aunque su papel más popular en la década de los 40 fue el del Sheriff Wyatt Earp en “La pasión de los fuertes”. Como toda carrera de estrella que se precie, la de Fonda también tuvo parones. El primero de estos fue a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, ya que tuvo que alistarse y venir a Europa a combatir el Nazismo. A mediados de los 40 recupera su carrera cinematográfica para dejarla tres años después para dedicarse por completo al teatro. Fonda estaba hastiado del cine, ya que la 20th Century Fox (productora con la que tenía un contrato de exclusividad) le imponía un ritmo frenético.
Su paso por el teatro la valió para forjar más su personalidad. Su vuelta al cine fue de la mano de John Ford, con la película “Escala en Hawai”, una de las más flojas, tanto del actor, como del director del parche. Sin embargo sus dos siguientes películas figuran entre las más importantes de la década, aunque muy distintas entre sí, primero la mastodóntica “Guerra y Paz” de King Vidor, y luego, el “tour de forçe” psicológico de “Doce hombres sin piedad”, dirigida por un primerizo Sydney Lumet y producida por el propio Fonda. Precisamente estuvo nominado al Oscar a la mejor producción por esta película. Ese mismo año, 1957, trabajo con grandes directores, de la talla de Anthony Mann (Cazador de forajidos) y Alfred Hitchcock (Falso culpable).
Recibió un oscar honorífico a toda su carrera.
En los 60 siguió participando con asiduidad en películas importantes, aunque ya no solía ser el protagonista (“Punto límite”, “El estrangulador de Boston”...) A mediados de esa década quiso darle la vuelta al rol que le había hecho popular, el de buen hombre metido a héroe, para sorprender al público. De esta forma aceptó encarnar el papel de malvado en el spaghetti western más épico de la historia: “Hasta que llegó su hora”, dirigida por Sergio Leone, el “padrino” de este subgénero, que ahora los intelectuales-gafapasta-revisionistas se empeñan en llamar Euro-western.
En los setenta sus apariciones en la gran pantalla se fueron distanciando entre sí, aunque apareció en un buen puñado de films, sobre todo en los del género setentero por excelencia, las películas de catástrofes (con permiso de los blaxploitation, las de émulos de Bruce Lee y las de Pajares y Esteso).
En 1980 recibió un Oscar honorífico a toda su carrera y un año después protagonizó su última película: “El estanque dorado”, junto con Katharine Hepburn, otra vieja gloria del Hollywood clásico. Sorprendentemente esta actuación le valió otro Oscar, en este caso al mejor actor. Uno de los pocos casos en los que alguien gana un galardón así después de haberle sido concedido uno honorífico. Cosas de los Oscar.
La vida privada de Henry fue, como la de toda la familia, motivo de constantes polémicas. Como patriarca de una de las familias más importantes del cine (es el padre de la díscola “Hanoi” Jane y de Peter, protagonista, guionista y productor de la seminal “Easy Rider”, abuelo de Bridget...) siempre estuvo en boca de todos. Sería injusto decir que no daba motivos para esta fijación de la prensa en su persona, ya que dos de sus mujeres se suicidaron y se casó un total de 5 veces.
Falleció el 12 de agosto de 1982, a consecuencia de un fallo cardiaco.