De
John Holmes, el actor porno más importante de la historia,
se puede hablar en cifras (digámoslo ya: cerca de 3000
películas, unas 10000 mujeres y de 23 a 28 centímetros
de pene, aunque la publicidad en los setenta vendiera la astronómica
y famosa cifra de 35 centímetros).
O bien en clave de tragedia,
la de un chaval de Pickaway County, Ohio, que pasó en pocos
años de conducir máquinas elevadoras en un almacén
a cobrar 3000 dólares al día como actor pornográfico,
para poco después enterrarse en el hoyo de la droga, la
prostitución y, finalmente, el SIDA.
La
filmografía de John Holmes, de verdadera identidad John
Curtis Estes, se inicia cuando el porno era ilegal y poco menos
que un arte para sus hacedores. Debutó oficialmente en
Body lust (1969), después de haber hecho sus primeras apariciones
en diversas revistas pornográficas. Hasta entonces había
vivido una existencia low class con su esposa, enfermera de profesión.
La leyenda difiere en cuanto al modo en que Holmes descubrió
que su futuro no estaba en un mugriento y frío almacén,
sino bajo los focos, la carne y el sudor del cine porno. Se dice
que en una ocasión, mientras meaba en el lavabo de un club
nocturno, un hombre que hacía lo propio a su lado observó
por casualidad el miembro de Holmes y le propuso enseguida dedicarse
al género del sexo; otros señalan que todo vino
por un buen consejo de una vecina, mientras que otras fuentes
dicen que simplemente fue el propio John quien llegó
a esta conclusión tras medirse el pene y cerciorarse de
que su tamaño no era normal. Sea como fuera, a partir de
su debut su carrera no hizo más que ascender durante al
menos diez años.
En
los setenta era conocido como "Cash" Holmes, porque tenía
por costumbre cobrar en efectivo. Y no solo ganaba grandes cantidades
de dinero con films que ahora son clásicos del porno (citemos:
la serie del investigador privado Johnny Wadd, una especie de
Sam Spade que resuelve sus casos a golpe de cópula, The
senator´s daughter y Drácula sucks, ambas de 1979
o Pizza girls, we deliver, de 1978, entre otros cientos de obras)
sino que compartía cartel con las grandes divas de la época:
Linda Lovelace, Cicciolina, Seka, Vanessa del Rio, Amber Lynn o
la bella Marilyn Chambers).
Se
fue a vivir con una menor de 16 años, se continuó
prostituyendo, no sólo él sino también su compañera
y continuó rodando films indignos.
Desgraciadamente, al chaval de Ohio se le acumularon las facturas
de heroína, coca y demás lujos, a la vez que, físicamente
mermado por los excesos, se le hacía cada vez más
difícil asumir las exigencias físicas de su profesión
(en sus peores tiempos de drogadicto, conseguir una erección
era para John una verdadera hazaña). En los ochenta, Holmes
se ve obligado a robar (desde maletas en los aeropuertos hasta
coches) y a prostituirse (tanto con hombres como con mujeres),
mientras que cada película que rueda es una tortura para
él y para todo el equipo. John aparece tarde en el set
–cuando aparece- y en muchas ocasiones se encierra durante
horas en el lavabo haciendo esperar a todos sus compañeros.
Pronto le costará dios y ayuda conseguir papeles, de hecho,
lo vemos en películas impropias de un mito como él,
incluso en algún porno gay junto con el actor Joey Yale,
que por aquel entonces tenía SIDA, aunque se guardaba muy
bien de decirlo públicamente.
El
punto más bajo sin embargo de la vida de John Holmes llegó
con los sucesos de Wonderland, que le costaron la cárcel
y el divorcio con su mujer. Al parecer, Holmes trabó amistad
con Eddie Nash, personaje indeseable, traficante y dueño
de varios night clubs, pero fue una relación que un desesperado
Holmes no tardó en traicionar, dejando abierta una noche
la puerta de la casa de Nash en Wonderland para que un gang de
la ciudad la pudiera saquear al día siguiente. El botín
del robo se acercó a los 300000 dólares, de los
que el pobre John tan solo recibió 3000. Pronto Nash averiguó
quién le había engañado, y amenazó
a Holmes con matarlo si no le contaba quiénes habían robado
el dinero. Holmes habló, y Nash se dirigió con sus
matones a Laurel Canyon, donde John le había contado que
se escondían los ladrones. El resultado de la visita fue
de cuatro muertes, los cuatro que habían pactado con John
el robo. Pronto se aireó el asunto a la policía,
y Holmes fue detenido y acusado de estar implicado en el asesinato,
por lo que ingresó directamente en chirona, aunque lo dejaron
en libertad poco después por no haber pruebas determinantes
en su contra.
John intentó limpiarse después de lo de Laurel Canyon,
pero su vida ya estaba demasiado destrozada como para salir del
túnel.
Se fue a vivir con una menor de 16 años, se continuó
prostituyendo, no solo él sino también su compañera
y continuó rodando films indignos.
En 1986 se le diagnostica el virus del SIDA, pero John mantiene
la boca cerrada y seguirá participando en diversos pornos,
aunque con ello pone en peligro la vida de sus compañeras
de reparto.
En
1987 se casa en Las Vegas con la actriz porno y prostituta Laurie
Rose (de nombre artístico Misty Rains) y poco después
participa en su último film, The devil in Mr. Holmes, una
suerte de remake bastardo del clásico porno The devil in
Miss Jones; en esta ocasión, el diablo le otorga a John
la capacidad de tirarse a todas las mujeres que quiera a cambio
de que, al final de la película, el propio John se la chupe
al diablo…
En
1988 la enfermedad lo incapacita totalmente, y muere finalmente
el 13 de Marzo en Los Ángeles, al lado de su mujer.
Films como Boggie nights (1997, Paul Thomas Anderson) o Wonderland
(2003, James Cox) han glosado con mayor o menor fidelidad la vida
de este actor superdotado e irrepetible.