Max Von Sydow es probablemente el actor sueco más conocido y respetado internacionalmente. Su imponente presencia y su capacidad para encarnar seres interiormente atormentados, son sus mayores bazas.
Hizo su debut cinematográfico con “Sólo una madre”, dirigida por Alf Sjöberg.
El verdadero nombre de pila de Max Von Sydow era Carl Adolf. Nació en una familia de clase media el 10 de abril de 1929. Se crió en la ciudad sureña de Lund, donde su padre enseñaba folclore escandinavo en la universidad. Su madre era maestra de escuela. Fue un niño muy vergonzoso, le costaba mucho hacer amigos y hablar con la gente, así que se convenció (o le convencieron) de que aprendiendo a actuar le sería más fácil relacionarse con la gente. La actuación, que comenzó como terapia, fue tornándose en pasión.
A la edad de 16 años vio un montaje teatral basado en “El sueño de una noche de verano” de Shakespeare. Entusiasmados con lo que habían presenciado, él y sus amigos decidieron formar una compañía de teatro. Comenzaron trabajando sobre textos de August Strindberg y Hjalmar Bergman.
Tras hacer el servicio militar, Von Sydow estudió en la Real Academia de Teatro Dramático de Estocolmo, donde conoció a su futura esposa: Kerstin Olin, con la que se casaría en 1951. Antes, en 1949, hizo su debut cinematográfico con “Sólo una madre”, dirigida por Alf Sjöberg. Aunque su pasión seguía siendo el teatro. Antes había participado en el casting de “Prisión” un primerizo film de Ingmar Bergman.
Tras acabar sus estudios de arte dramático, estuvo trabajando largo tiempo en el teatro y el cine sueco como actor de reparto. En 1955 encontró un trabajo regular en el teatro municipal de Helsinborg. Ingmar Bergman, que dirigía el teatro municipal de Malmö se fijó en él. Le gustaba porque tenía una expresión trágica. El genial director sueco le ofreció unirse a su “trouppe” de actores. Por supuesto Von Sydow aceptó.
Precisamente su primer papel importante en el cine vino de la mano de Bergman, cuando protagonizó su película “El séptimo sello”. En ella encarnaba a un caballero cansado de guerrear en las cruzadas que regresaba a su Suecia natal, encontrándola devastada por la enfermedad y el fanatismo. Por si eso fuera poco Antonius Block, que así se llama el personaje, tiene que jugar una partida de ajedrez con la muerte para alargar su estancia en la tierra. La actuación contenida a la par que expresiva de Von Sydow, con esa sensación que trasmite de hastío y de madurez, es increíble, teniendo en cuenta que tenía 27 años. A partir de ese momento se convirtió en el eje de la compañía de actores Bergmanianos. Actuó bajo sus órdenes en todas sus películas de los primeros años sesenta; fue el mago de “El rostro”, el señor feudal que se toma la justicia por su mano en “El manantial de la doncella”, el marido que se resigna ante la creciente locura de su esposa en “Como en un espejo” y el feligrés atormentado por la posibilidad de un ataque nuclear chino en “Los comulgantes”.
Durante ese tiempo también trabajó con otros directores suecos de renombre como Jan Troell o Vilgot Sjöman para quien protagonizó “La amante”. También probó fortuna en Hollywood, con la superproducción épica “La historia más grande jamás contada” donde encarnó ni más ni menos que a Jesucristo (con una conveniente peluca morena). Von Sydow participó en otras tres películas en la Meca del cine, aunque no se quedó allí, volvió a Suecia para rodar de nuevo con Bergman. En 1966 protagonizó “La hora del lobo”, la genial aproximación del director sueco al cine de terror. En ella hacía de un pintor de reconocido prestigio que tenía que luchar contra sus miedos más internos. Poco después vendrían “Pasión” y “La vergüenza”.
Una de las últimas películas que ha contado con su participación: “Minority Report”.
Los primeros años 70 fueron los de mayor éxito comercial para el actor sueco, aunque ya era conocido por los cinéfilos de todo el mundo. Protagonizó dos importantes películas de Jan Troell: “Los emigrantes” y “La nueva tierra”, con gran proyección internacional. Además se centró de lleno en crearse un nombre a nivel internacional, así trabajó con John Huston en “La carta del Kremlin”, con Sydney Pollack en “Los tres días del cóndor”, con Bernand Tavernier en “La muerte en directo”. Pero si hubo un personaje que le otorgó popularidad fue el del padre Merrin, el Exorcista de la película homónima dirigida por William Friedkin. Von Sidow repitió el papel en la secuela del film dirigida por John Boorman.
En los años ochenta continuó combinando las películas suecas como “El vuelo del águila” de Jan Troell, con otros productos internacionales, donde solía trabajar sobre personajes más esteriotipados y extremos como en “Flash Gordon”, “Conan el bárbaro” o “Dune” la odisea “tecnoplástica” de David Lynch. Siguiendo con esta línea de personajes tan planos como rentables, aceptó ser el villano de “Nunca digas nunca jamás”.
Von Sydow llevaba tiempo planteándose dar el salto a la dirección y, en 1988, da el paso realizando “Katinka”, sobre una novela de Herman Bang. Ese mismo año protagoniza “Pelle el conquistador”, lo que le supuso una nominación al Oscar.
En los noventa su presencia sirvió para dar prestigio a numerosas producciones internacionales como “Las mejores intenciones”, “Hamsum” o “Jerusalem”. También le hemos visto en la película de Liv Ullman (ex mujer y musa de Bergman) “Encuentros privados”. También prestó imponente voz en películas como “Europa” de Lars Von Trier.
En el 2000 siguió con esta tónica aunque sus apariciones son cada vez menores, aun así protagonizó “Insomnio” película dirigida por Dario Argento. También participó en la película española “Intacto” y en “Minority Report” de Steven Spielberg.