Grandes Actores
Sydney Poitier

Sydney Poitier es negro y actor. Nada extraño. También lo son Denzel Washington, Will Smith, Jaime Foxx, Lawrence Fishburne…

 
Nunca aceptaría un papel que dejara en mal lugar a su raza

La diferencia radica en que Sydney Poitier es un actor negro que desempeñó su carrera y alcanzó el éxito hace 40 años, superando toda clase de prejuicios.

Sydney Poitier nació en la soleada Miami en 1927, en el transcurso de un viaje comercial de sus padres, que trabajaban como productores de tomates en las islas Bahamas, donde el pequeño Sidney pasó su infancia. Su familia era humilde, pero siempre se preocupó en conseguir lo mejor para su hijo. Debido al ambiente que había en su barrio de Cat Island, caracterizado por la delincuencia juvenil y la marginalidad, sus padres decidieron mandar a Sydney a vivir a Miami con su hermano mayor. De esta forma Sydney se alejaba de la marginalidad y de las tentaciones delictivas de sus compañeros, pero le obligó a enfrentarse cara a cara con otro feroz enemigo: el racismo, que no había conocido en Bahamas ya que allí la mayor parte de la población era negra.

A los quince años tuvo su primera experiencia con la intolerancia a consecuencia de su color de piel. Se sentía tan mal con esta situación que decidió marcharse a vivir a Nueva York, una ciudad más abierta y cosmopolita.

Al entrar Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, decidió que debía alistarse para combatir el nazismo en los campos de batalla, aunque no llegó a pisar territorio europeo debida su juventud (tenía 16 años), quedándose en un hospital de veteranos como asistente médico. Al acabar el conflicto decidió que el ejército no era lo suyo y, a pesar de no tener un bajo nivel cultural (sólo había recibido una educación básica) quiso probar suerte en el mundo de la interpretación. Hizo un cásting para entrar en el American Negro Theatre de Nueva York. Fue rechazado por su marcado acento caribeño, así que aplicó toda su tozudez a erradicar a voluntad esa "denominación de origen" y a pulir su dicción. Seis meses más tarde logró superar las pruebas.

Hasta ese momento nunca se había planteado la situación de discriminación a consecuencia de su raza, intentaba evitar los conflictos y achacaba a razones personales algunas actitudes racistas. Pero pronto se dio cuenta que la razón de que no le dieran papeles protagonistas no era su talento o la falta de este, si no su color de piel. A partir de entonces se propuso nunca más aceptar papeles que no fueran protagonistas o de relevancia en la historia. Asimismo nunca aceptaría un papel que dejara en mal lugar a su raza. Su primer papel en el cine lo consiguió engañando al director Joseph L. Mankiewicz, al que hizo creer que tenía 27 años cuando realmente tenía 22. Así consiguió un papel para "Un rayo de luz". A esta actuación siguieron otros films, en los que su papel, si bien no era el principal, sí era muy significativo, como en la película "Tierra prometida" dirigida por Zoltan Korda. Poco a poco sus papeles fueron tomando consistencia, como en "Donde la ciudad termina".

La película que supuso su entrada en el selecto club de las estrellas de Hollywood fue "Fugitivos", un alegato antirracista co-protagonizado por Tony Curtis bajo la batuta de Stanley Krmaer. Este papel, que incidía en la idea de conocer al prójimo antes de juzgarlo, supuso su primera nominación al Oscar, mención que nunca había logrado un actor negro en un papel protagonista.

Cinco años después consiguió por fin la preciada estatuilla gracias a Homer Smith, el albañil al que prestó su rostro y gestos en la película "Los lirios del valle". Con esta película venció a otros candidatos, a priori favoritos, como Paul Newman o Richard Harris.

En 2002 la academia de Hollywood le otorgó el Oscar honorífico a toda su carrera  

Antes de esto había aparecido en películas tan importantes como "Peggy and Bess" de Otto Preminger o "Un lugar bajo el sol". A finales de la década de los 60, concretamente en 1967, llegó su época más dorada gracias a las películas "Rebelión en la aulas", "El calor de la noche" y "Adivina quién viene a cenar esta noche". Todas ellas completamente diferentes entre si, pero que contenían el propósito común de normalizar la presencia de los negros en la sociedad americana, mientras enseñaban la mejor cara de este injustamente tratado colectivo. Desgraciadamente los círculos más radicales de la lucha en pro de los derechos civiles de los negros, los seguidores de Malcom X y las Panteras Negras, no entendieron la forma de enfrentarse al problema de Poitier, serena y respetuosa a la vez que inquebrantable y siempre tuvieron a Poitier en el punto de mira, acusándolo de venderse a los blancos. Estas críticas se agudizaron, llegando incluso a las amenazas cuando, tras los asesinatos de Martín Luther King y Malcom X, el actor siguió con su actitud tranquila, que los activistas exaltados interpretaron como pasiva. Estas amenazas llevaron al actor a tomar la decisión de retirarse temporalmente a Bahamas.

A su regreso a Hollywood no pudo recuperar el estatus que había dejado, aún así siguió trabajando e incluso dirigió películas. La primera fue el western "Buck y el farsante", a la que siguieron "Un cálido diciembre" y "Dos farsantes con suerte" donde además de dirigir compartía actuación con Bill Cosby, el futuro (casi inminente por aquel entonces) astro de la televisión entrañable americana de los ochenta. Estas películas estaban orientadas al mercado afro americano y tuvieron un apreciado resultado en taquilla. La última película que realizó fue un rotundo fracaso: Ghost Dad, que no era si no un intento de revitalizar la carrera cinematográfica de Bill Cosby, aprovechando su gran tirón televisivo.

Sydney Poitier fue noticia de nuevo en 2002, cuando la academia de Hollywood le otorgó el Oscar honorífico a toda su carrera. Precisamente el año en que otros enormes actores negros se llevaban los principales galardones de interpretación, Halle Berry y Denzel Washington, que siempre se ha considerado su sucesor.

...por Alberto Galán

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