Tony Curtis tuvo que luchar contra los críticos que le acusaban de ser un mal actor, de estar ahí gracias a su físico, aunque también ha contado con numerosos fans gracias sobre todo a sus comedias.
Su gran potencial le valió para que en seguida se le llamara de Broadway.
El 3 de Junio de 1925 nació en el sector más pobre del barrio más pobre de Nueva York un niño llamado Bernard Schwartz. Su familia venía de hungría huyendo de la miseria, el padre había encontrado trabajo en Manhatan como sastre, pero este honrado trabajo no impidió que su hijo viviera como un pequeño vagabundo por las calles del Bronx. Era un auténtico niño de la calle con un odio patológico a los libros.
Sin motivaciones su vida transcurría deambulando con sus amigos de la calle. No pensó nunca que un día sería un gran actor, a pesar de que su padre había sido actor amateur en Europa, y aún menos pensaba que iba a ser una gran estrella de Hollywood, ni que iba a ser mundialmente conocido como Tony Curtis.
Al entrar Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, igual que miles de jóvenes compatriotas suyos, Bernand se alistó a la armada para luchar con el nazismo y el Japón imperial. Tenía 17 años y estuvo presente durante la firma del armisticio a bordo del USS Proteus en la Bahía de tokio. La guerra le obligó a reflexionar sobre su situación y, probablemente admirado por el ejemplo de James Stuart y otros "soldados de Hollywood", el veinteañero Bernand decidió convertirse en actor. Para ello, al acabar el conflicto, se matriculó en el Dramatic Workshop of the New School for Social Research de Nueva York donde estudió interpretación. Su gran potencial le valió para que en seguida se le llamara de Broadway ofreciéndole papeles secundarios. En 1949, actuando en una obra teatral llamada "The Golden Boy" dejó impresionado a un alto cargo de la Universal, que le ofreció un suculento contrato.
El principio de su carrera cinematográfica estuvo marcada por la irregularidad de sus éxitos. A principio de los 50 se curtió en numerosos papeles secundarios, apareció en películas de la magnitud de "Winchester 73" de Anthony Mann. Aprovechando su físico (pelo moreno, rasgos suaves) sus primeros papeles protagonistas fueron en producciones de inspiración asiática como "El hijo de Ali Baba" de Kurt Newman o "Su alteza el ladrón" de Rudolph Maté.
En 1951 se casó con una actriz incipiente: Janeth Leight, que diez años después y ya consagrada se convertiría en la acuchillada más popular del la historia del cine, al protagonizar "Psicosis".
Con ella actuó en la película de George Marshall "El gran Houdini", biopic del mítico escapista húngaro donde Curtis demostró que era un actor más allá de su físico, sensible y con un delicado sentido del humor, aunque muchos críticos seguían pensando que sólo era un "guapito de cara". También participó en la producciones épicas "Coraza negra" y "Los vikingos", donde hacía de traidor halconero tuerto. Curtis tenía grandes dotes para la comedia como demostró con gran éxito en "Vacaciones sin novia" de Blake Edwards.
En 1958 nació su hija Jamie (Lee Curtis), que hoy es una actriz consagrada gracias, sobre todo, a las películas fantásticas que filmó con John Carpenter a principios de los 80, como "La niebla" o "Halloween".
Como actor consagrado participó en numerosas películas, aunque sus mayores éxitos los consiguió de la mano de Satanley Kramer y Billy Wilder. Con el primero filmó en 1958 "Fugitivos" y con Wilder, un año después, "Con faldas y a lo loco", considerada por muchos como la mejor comedia de la historia. En esta película, titulada originalmente "Some like it hot", compartía cartel con el genial Jack Lemon y con la mujer más deseada del siglo XX, Marilyn Monroe.
Los años 70 fueron los de la decadencia de Curtis.
En 1962 se divorcia de Janet Leigh, aunque no le duró mucho la soltería, ya que tan sólo un año después volvió a dar el sí quiero a una bella actriz: Christine Kaufmann. La pareja se conoció en el rodaje de "Taras Bulba" de J.L Thompson, y volvió a coincidir en la comedia "Salvaje y encantador".
Con la década de los 60 llegó la decadencia de muchos actores del Hollywood clásico, pero Tony Curtis aprovechó para conseguir algunos de los mejores papeles de su carrera, De esta forma participó en el "peplum" revisionista de Stanley Kubrick "Espartaco" y en comedias como "La carrera del siglo" de Blake Edwards, "La pícara soltera"de Richard Quine o "No hagan olas" de Alexander Mckendrick.
Su carrera dio otro giro gracias a su papel de el estrangulador de Boston de Richard Fleischer, ya que si bien había encarnado anteriormente a malvados, nunca antes había hecho de asesino despiadado. La película tuvo bastante éxito popular, en parte por la actuación de Curtis y en parte por su moderna estética (fue la película que popularizó la técnica del "Split Screen" o pantalla partida).
En 1967 se divorció de Christine, su segunda esposa, para contraer terceras nupcias un año después con otra actriz: Leslie Allen.
Los años 70 fueron los de la decadencia de Curtis, tuvo que "exiliarse" a la televisión, ya que apenas le ofrecían papeles interesantes para la gran pantalla. Reapareció de forma estelar en el film "El último magnate" de Elia Kazan, donde se reflejaba la actividad Hollywodiense durante los años 30.
Después de divorciarse también de Leslie Allen, se casó en dos ocasiones más, la primera con Lisa Deustch, una abogada con la que no llegó al año de matrimonio, y la segunda con Jill Vanderberg, mucho más joven que él, con quien se casó en 1999.
Recientemente, para celebrar su 80 cumpleaños, ha aparecido desnudo (sólo cubierto por dos perritos) en la revista Vanity Fair. Genio y figura...