Grandes Actrices
Bárbara Stanwyck

Hawks y Sturges confiaron en ella para las comedias más alocadas, Wilder y Lang le dieron papeles en oscuras historias noir.

Bárbara Stanwyck

Actriz completa como pocas, Barbara Stanwyck era una mujer práctica, de extraña humildad en un Hollywood trufado de apariencias y fanfarronadas, y su trabajo transpira esa practicidad. Su desarmante facilidad para interpretar todo género de films, le permitió ser de las pocas actrices que podían afrontar con aplomo los diálogos de grandes escritores y guionistas de la época como Raymond Chandler o el mismo Preston Sturges; interpretar esas geniales frases nunca debió ser algo fácil, ¿cuántas actrices del star system actual serían capaces de ello? Stanwyck hacía suyas las situaciones y diálogos más complejos, de ella ha escrito Jim Emerson: "Cuando cogía una libreta, un estetoscopio, un micrófono, una pistola o las riendas de un caballo, era de las pocas actrices de su tiempo que te convencían de que realmente sabía usarlo".

  Bárbara nunca olvidó quién era y de donde procedía

Barbara Stanwyck rodó un total de 88 películas, en una vida que supo mantener alejada del sensacionalismo, cabalgando en un estrellato que sobrellevó sin problemas, quizás a causa de sus orígenes humildes. Bárbara nunca olvidó quién era y de dónde procedía; sin ir más lejos, era conocida su buena relación con los diversos equipos de rodaje en los que trabajó, desde eléctricos a directores apreciaban su cercanía sin prejuicio de clase. Esa raíz llana de Stanwyck empezó a formarse en Brooklyn, Nueva york, donde pasó su infancia con el nombre de Ruby Stevens, la pequeña de cinco hermanos. Pasó por trabajos dispares, se aficionó a leer novelas negras donde las femmes fatales que luego interpretaría se comportaban como mantis religiosas con incautos hombres, y se interesó por el mundo del espectáculo hasta que empezó a actuar como corista en los Ziegfeld Follies. En 1928 se casa con el conflictivo actor Frank Fay, quien intenta empujar, caiga quien caiga, a la actriz hacia lo más alto. Se dice que el guión de "Ha nacido una estrella", el film que dirigiría William A. Wellman en 1937, estaba basado en la relación de Bárbara con su marido.

La actriz debuta en el cine con "Broadway nights" (1927). En estos primeros tiempos, su principal baluarte será el director Frank Capra, que contará con ella para varios de sus films como "Mujeres ligeras" (1930), "Amor prohibido" (1932) o la exótica y nada capriana "La amargura del general Yen" (también de 1932). Capra sabía lo que tenía entre manos, de ella dijo que "le habría pedido que se casara conmigo", y supo definir muy acertadamente la fuerza e independencia natural de la actriz, "no tiene sofisticación, le da igual el maquillaje, los vestidos o el peinado. Pero esta corista podía coger tu corazón y hacerlo trizas".
Amor prohibido (1932)
En 1935 se divorcia por fin de Frank Fay. Seguirá adelante con trabajos para John Ford ("The plough and the stars", de 1936, film con imágenes documentales maltratado en el montaje por los productores), Cecil B. DeMille ("Unión Pacífico", de 1939) y la, para ella, angular "Stella Dallas", de King Vidor, con la que obtiene su primera nominación al Oscar en 1937. La culminación de sus trabajos con Capra llega con "Juan Nadie", de 1941. Ese año, Bárbara se pone bajo las órdenes de Preston Sturges en la fantástica "Las tres noches de Eva", en la que como si de la serpiente del paraíso se tratase, seduce a un distraído Henry Fonda para conseguir sus objetivos lucrativos.

En 1939 se casa con Robert Taylor, con el que compartirá créditos en varios films. El matrimonio dura trece años. Taylor decía que le alegraba el enlace porque ahora le pedían interpretar papeles de duro, en vez de sus habituales personajes guapos, pues los productores querían que el marido estuviera a la altura de su dura mujer.
El mismo año de su segundo matrimonio, Bárbara coincide en el rodaje de "Sueños de oro" con el actor William Holden, a quien el estudio quería despedir cuanto antes. Bárbara ayuda a Holden y evita su despido, algo que el actor le agradecerá siempre. Su relación de amistad será de por vida, salpicada por un supuesto idilio más allá de la simple relación amistosa, y los tremendos problemas con la bebida que tendría Holden más adelante. En 1981, cuando Hollywood premia a Stanwyck con un Oscar a toda su carrera, la actriz tiene unas palabras tan sencillas como emocionantes para un Holden que había fallecido poco antes. En el estrado, con la estatuilla de oro en la mano dedica el Oscar a "my golden boy" ("Golden boy" era el título original de "Sueños de oro", el citado film que les permitió conocerse).

De las pocas actrices que podían afrontar con aplomo los diálogos de grandes escritores  

"Bola de fuego" (1941, Howard Hawks) es una comedia sin par, donde la bailarina Sugarpuss O´Shea (Stanwyck más revolucionada que nunca), menea a su antojo a un grupo de profesores sesudos que tratan de escribir una enciclopedia sobre el argot americano. El lado noir de su filmografía está encabezado por la Mrs. Dietrichson que se lleva al mismo infierno al Walter Neff (Fred McMurray) en "Perdición", de 1944, dirigida por Billy Wilder. ¿La femme fatale definitiva? Probablemente. La Mrs. Dietrichson de Stanwyck obliga con sus malas artes de seducción al asegurador Neff a matar a su marido para así cobrar una doble póliza. Ambos son acosados por el jefe de Neff interpretado por un sagaz Edward G. Robinson. El plan de la pareja termina mal, y el film deriva en Stanwyck apuntando a McMurray, disparándole una vez, hiriéndolo, pero finalmente sin atreverse a rematarle. Una femme fatale mala... pero no tanto. La actriz consigue otra nominación al Oscar por este excelente trabajo.

"En Voces de muerte" (1948, A. Litvak, y una nominación más para la actriz) y "Encuentro en la noche" (1952, Fritz Lang), Stanwyck sigue con la línea dura de mujeres fatales. Con "Forty guns", de 1957, la actriz trabajará con el aguerrido director Samuel Fuller, demostrando su excepcional compromiso a estas alturas de su carrera, cuando en una escena los especialistas que la sustituían en las secuencias arriesgadas se niegan a hacer su trabajo por considerar la acción como demasiado peligrosa, Stanwyck se ofrece sin titubeos a rodar ella misma la escena y dejarse arrastrar por un caballo, tal y como requería le guión.

El último tercio de su carrera nos muestra a una Stanwyck televisiva, participando en series como "El pájaro espino" o "Los Colby" (¿alguien se acuerda de los malditos Colby?).

En 1990, fruto de una salud en declive desde hacía varios años, Bárbara muere en una cama de hospital, mientras dormía.

...por Marc Monje

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