Definitivamente,
el mito por encima de la actriz y sus películas. Ya nadie
se plantea si Greta Garbo hizo buenos trabajos en el cine, o si
los directores que la tuvieron bajo sus órdenes fueron
los más adecuados.
Ella
pervive en un limbo privilegiado, situada en una escala de valores
en la que se mide el glamour, la leyenda y la belleza, y no la
calidad de una carrera fílmica. Garbo es Garbo, y con este
axioma es inútil preguntarse si era o no una actriz excelente,
o si sus films eran o no destacables objetivamente. La historia
de Greta Louissa Gustafsson empieza en un clima muy poco glamouroso,
en el humilde barrio de Sobermalm, Estocolmo.
Una
chica de extraña belleza y voz ronca, de padres pobres,
que empieza a trabajar en unos grandes almacenes cuando es poco
más que una adolescente. Pronto, los ejecutivos de los
almacenes la utilizarán como modelo en sus cortos publicitarios.
Uno de estos anuncios atrae la atención del director Eric
Petscher, que la incorpora al film "Pedro el Tramposo"
(1921), y le aconseja entrar en el Teatro Dramático Real
de su ciudad.
En 1930, los carteles publicitarios rezaban "¡Garbo habla!"
El
personaje decisivo para que Garbo enfoque el camino correcto hacia
el estrellato es Mauritz Stiller, reputado y polémico director
sueco que le cambia el apellido, la lleva a que le arreglen la
dentadura y la somete a una dieta que la deja lista para su primer
film importante, dirigido por el propio Stiller y de cuatro horas
de duración, "La expiación de Gösta
Berling". En tiempo récord, Garbo ya es alguien
en Europa. Por su parte, Stiller recibe una oferta de la Metro
Goldwyn Mayer para trabajar en Hollywood; el acepta con la condición
de que contraten también a Greta. Así, en 1926,
la sueca debuta en el Hollywood dorado de los veinte con "El
torrente", dirigida por Monta Bell. La consolidación
de la Garbo fue rápida, a lo que sin duda ayudaba
el hecho de que no hacía falta que pronunciase una sola
frase en inglés.
En
1927 Edmund Goulding la dirige en "Ana Karenina",
y en 1928 el gran Víctor Sjostrom, también sueco,
la sitúa ya en la categoría de estrella con "La
mujer divina". Poco tiempo antes, la Metro ya se había
cansado de Mauritz Stiller, y echó al director sin miramientos.
Dos años después Stiller muere en Suecia, lo que
significará un momento realmente bajo para una afectada
Greta. En 1930, los carteles publicitarios rezaban "¡Garbo
habla!". Efectivamente, se estrenaba el primer film sonoro
de la actriz, "Anna Christie" (de Clarence Brown).
El acontecimiento despertó una expectación inusitada,
y la Garbo superó la prueba con nota.
Su transición
al sonoro fue ejemplar, lo contrario de muchas otras actrices
que se derrumbaron al no acoplarse bien al nuevo sistema; fue
este el caso de la supuesta pareja de Garbo durante muchos años,
John Gilbert, actor reconocido del mudo que se hunde a partir
de la llegada del sonoro, cuando se hace evidente su fea voz de
pito. Gilbert
fue la única pareja más o menos reconocida
de la actriz, aunque a nadie se le escapa hoy en día su
condición de bisexual. Greta tuvo relaciones con diversas
mujeres, entre ellas la poetisa Mercedes Acosta. Siempre inteligente
y calculadora, fue lo suficientemente discreta como para no dejar
que su condición sexual hundiese su carrera. El sexo en
la vida de Greta Garbo siempre ha sido algo vetado debido a la obsesiva
reclusión de la actriz, fuera del sensacionalismo aún
cuando millones de personas querían saber hasta el más
mínimo detalle de su vida privada. Estuvo con diversas
mujeres, y la menstruación, con una periodicidad semanal,
fue un problema mayor para ella, tanto en el sexo como en la influencia
sobre su ya fuerte carácter.
En
los años treinta rueda sus mejores films y alcanza la categoría
de mito, que ya nunca le abandonaría. "Gran Hotel"
(1932, Edmund Goulding), "Mata Hari" (George Fitzmaurice)
o la fantástica cinta histórica de Rouben Mamoulian
"La Reina Cristina de Suecia" (1933) la siguen
consolidando como un rostro bello y una seria actriz. Garbo se
tomaba su trabajo con gran profesionalidad.
Odiaba las lujosas premiere de estreno y se negaba a firmar autógrafos
Trabajaba siempre
con el mismo director de fotografía (William Daniels) porque
exigía siempre una iluminación concreta para su
rostro. En ocasiones, para rodar escenas que requerían
más concentración de lo habitual, echaba del plató
hasta al mismo director, dejando que tan sólo se quedaran
con ella el operador de cámara y el iluminador. Era severa
consigo misma, muy crítica, y si no le gustaba como funcionaban
las cosas en el plató se dedicaba a amenazar al equipo
y a los estudios con frases como: "¡Creo que me
vuelvo a Suecia!". Cuando terminaban las jornadas de
rodaje, se despedía secamente y abandonaba el plató
sin más, para adentrarse en su misteriosa vida privada,
a la que prácticamente nadie tenía acceso.
Odiaba
las lujosas premiere de estreno, se negaba a firmar autógrafos
y vetaba las entrevistas sin que la Metro pudiera decir nada para
contradecirla. Si le preocupaban sus películas, y de vez
en cuando se adentraba de incógnito, cubierta con unas
gafas de sol, en algún cine y observaba la reacción
del público ante su película.
Más
éxitos llegaron con "Ana Karenina" (1935),
dirigida por el habitual Clarence Brown, la bella "Margarita
Gautier" (1936, George Cukor), su favorita personal "Maria
Malewska" (Clarence Brown, 1937) y "Ninotchcka",
la comedia del genio Ernst Lubitsch, publicitada esta vez, en un
guiño al "¡Garbo Habla!" de
1930, como "¡Garbo ríe!", pues efectivamente, la actriz se echaba unas buenas risas en el film, algo inédito en su filmografía.
Con "Ninotchcka" descubrimos
la calidad de Garbo como actriz, y su capacidad para afrontar
géneros como la comedia sin problemas. En 1942 llega su
último film, el fracaso "La mujer de las dos caras",
de George Cukor.
Garbo
deja pasar la Segunda Guerra Mundial, pensando que volverá
al cine cuando las cosas estén más tranquilas, pero
lo cierto es que finalmente decide abandonar radicalmente la vida
pública y recluirse en un apartamento de Nueva York sin
querer saber nada más de Hollywood, la fama o el mundo
que la adora. Ahora se dedicará a codearse con la jet set,
dar paseos por Central Park, cuidar su jardín y fumar y
beber cocktails, dos de sus grandes aficiones. ¿Por
qué abandonó el cine? Tenía tan sólo
36 años, el mundo estaba a sus pies, podría haber
dirigido su carrera como hubiera querido, ya había demostrado
que era buena actriz y no le faltaba poder para trabajar con el
director que le viniese en gana. Pero sorprendentemente desapareció
por completo del mapa hasta su muerte en 1990.
Greta no quiso
envejecer en el cine, era mejor que la gente la conservara en
su apogeo de deífica belleza, en aquellos films en los
que desde el chico de los cafés hasta el director estaban
a su servicio, inmortalizando su figura para toda la eternida.