Ingrid
Bergman pregunta a uno de los guionistas de "Casablanca" Howard
Koch en pleno rodaje: "¿Con qué hombre
me voy a quedar, al final de la película? ¿a cuál
debería querer más?".
Koch responde sin
saber muy bien qué cara poner: "No sé... tú actúa
como si te fueras a quedar con los dos".
Julius Epstein, otro de los guionistas que intervino en "Casablanca": "La Warner tenía a 75 escritores contratados,
y 75 de ellos trataban de dar con el final".
Nadie de los participantes en
el azaroso proyecto de "Casablanca" debería
ser muy consciente de que estaban embarcados en una obra maestra
en ciernes. Sin final, con varios guionistas trabajando en la
historia cuando ya llevaban semanas de rodaje, con una actriz
principal histérica porque no sabía a cuál
de los galanes debía amar... Pero fueron quizás
estas dificultades, las que le dieron al film de Michael Curtiz
su aliento definitivamente mítico.
Eso y factores fuera
de nuestra comprensión, como una mirada llena de pasado
de Rick, otra del capitán Renault ("sólo soy
un pobre y corrupto oficial"), Rick leyendo la carta
de Ilsa en la estación mientras las gotas de lluvia diluyen
la tinta, Ilsa escuchando "as time goes by",
ese París de retroproyección y diapositiva, Rick rompiendo
la copa o "el principio de una gran amistad"...
"Casablanca" apareció cuando el cine necesitaba
un mito definitivo, más quizás que "Lo que el viento
se llevó", y ahí está todavía, en el
corazón de miles de personas.
La historia está ambientada
en la Segunda Guerra Mundial, en la ciudad de "Casablanca",
donde un ex miembro de la resistencia anti nazi, Rick, regenta
un concurrido bar.
Michael Curtiz imprimió a "Casablanca" ese toque que sólo poseían los directores clásicos
La vida de Rick dará un
vuelco cuando por la puerta de su local entre Ilsa, mujer que
le robó el corazón en París años atrás,
cuando él era todavía activista. A partir de ese
instante, Rick se debatirá entre el ayudar a Ilsa y su
marido Victor en conseguirles unos visados que les permitan huir
de sus perseguidores nazis, o dejar que el corazón actúe
y volverse a enamorar de Ilsa, retomando la relación donde
la dejaron. Los principales
artífices del film merecen ser citados individualmente.
Hal Wallis fue el productor, y en su haber estaba la película
de lanzamiento definitiva para Humphrey Bogart, "El halcón
maltés" (1941); Michael Curtiz, director de obras
como "Capitán Blood" (1935) o "Ángeles
con caras sucias" (1938), imprimió a "Casablanca" ese toque que sólo poseían los directores clásicos
especializados en "estilos invisibles" siempre al
servicio de la narración, aunque es bueno saber que Curtiz
fue el sustituto en el último momento de Howard
Hawks en el proyecto; Max Steiner se encargó de la banda
sonora (en su currículum: "Ha nacido una estrella" de 1937, y "El tesoro de sierra madre" de John Huston,
1948) y ha pasado también a la historia, dejando de lado
su extraordinario score, por haberse empecinado en rechazar la
canción "As time goes by", que finalmente fue
incluida en el film; Howard Koch y los hermanos Julius y Philip
Epstein fueron los principales guionistas acreditados y finalmente
la fotografía corrió a cargo de Arthur Edeson, quien
por encargo de Hal Wallis, tamizó muchas de las imágenes
de "Casablanca" de una luz difusa muy particular.
El casting lo citaría cualquier
aficionado al buen cine como quien enumera la alineación
del Barça de la final de Wembley. Humphrey Bogart en el papel de Rick,
que le dotaría de un halo romántico y de eterno
perdedor que no le abandonaría jamás; Ingrid Bergman
como la bella Ilsa Lund, y Paul Henreid como el marido de Ilsa,
Victor Laszlo, y Claude Rains interpretando al capitán
francés Louis Renault. Sin olvidarnos de papeles muy secundarios
pero igualmente memorables, como el de Peter Lorre como Ugarte.
"Casablanca" se
rodó en los estudios de Burbank, California y si hemos
dicho que Howard Hawks iba a ser la primera elección como
director, los actores tenían que ser de buen principio
Ann Sheridan y, atención, Ronald Reagan, despropósito
este que fue corregido a tiempo. El guión procedía
de una obra teatral inédita llamada "Everybody comes
to Rick's", y de sus páginas se pueden extraer
bastantes anécdotas como una muy verdadera: en ningún
momento se pronuncia en el film la legendaria frase "tócala
otra vez, Sam", y nadie sabe a ciencia cierta por qué
razón se la incluyó en el imaginario colectivo.
Luego está el final, que muchos atribuyen a la acción
de los censores, en un intento de acabar de una forma ética
con el triángulo amoroso Rick-Ilsa-Victor.
La necesidad del mito, la adoración
generacional a la que ha estado sometida "Casablanca",
no ha impedido propuestas surrealistas una vez se hubo consumado
el éxito del film de Curtiz. El guionista Frederick Stephani,
por ejemplo, presentó a Hal Wallis un libreto con la secuela
de "Casablanca", que iba a titularse "Brazzaville",
y que terminaba con un horroroso, casi doloroso, happy ending en el que Rick e Ilsa miran el horizonte oceánico desde
la cubierta de un trasanlántico. Lógicamente, nadie con
dos dedos de frente dio un duro por tal tontería. La leyenda
ya estaba escrita, y no hacía falta continuarla.
"Siempre nos quedará París"
Incluso los Oscar se acordaron de "Casablanca", y la premiaron con tres estatuillas
(mejor película, director y guión) de las cinco
nominaciones que había conseguido. Aunque el espaldarazo
definitivo a la consagración del mito fue cuando
fallece Humphrey Bogart, sólo a partir de entonces, el film fue
alcanzando otra división y otro carácter por encima
del bien y del mal.
Actualmente, todo el mundo puede
tener una copia de "Casablanca" en casa, pero es
imprescindible no hacerse con la versión que corre coloreada
artificialmente. Muy acertadamente, Julius Epstein, uno de los
guionistas, declaraba al respecto de esta versión: "tiene
una gran virtud. Hace que Bogart parezca más guapo que
Ingrid Bergman".