Grandes Clásicos
"Gladiator"

Se trata de una película ante todo, necesaria. Porque el cine necesita de mitos que aguanten el paso de los años y que pongan de acuerdo a críticos y gran público, y porque a todos nos gustan los grandes espectáculos.

 
Hay que tomarse "Gladiator" como un reflejo moderno de aquel cine que nunca volverá

Poder disfrutar del cantautor más selecto no es óbice para hacerlo también con el nuevo montaje de Depeche Mode, una obra de Sófocles representada en formato vanguardista en un pequeño teatro de tu ciudad no impide gozar sin vergüenzas por el Cirque du Soleil. Y atender religiosamente al nuevo estreno en tal cine de versión original de la nueva obra de Michael Haneke, no prohíbe hacerte con dos horas y pico de tu tiempo y dejarte llevar con "Gladiator". A lo grande, con palomitas si quieres. Disfruta.

La película de Ridley Scott filmada en el 2000, tiene todos los defectos del cine espectacular de gran presupuesto americano pero, ojo, también tiene algunas virtudes innegables. "Gladiator" no es cine basura. Tampoco lo contrario. Es una bastante perdurable película épica para ti, para mí y para todos. La diseñaron para eso, y les salió bien.

Con lo que pocos contaban, era que mucha crítica daría su bendición y que estaría muy bien visto decir que sí, que "Gladiator" es una gran película comercial. Pasó igual con el "Titanic" de James Cameron, de repente, volvían las grandes tragedias de amor, "Duelo al Sol", "Lo que el viento se llevó", y se recuperaba, en parte, un pasado cinematográfico esplendoroso. Con "Gladiator" lo mismo, volvía el péplum, pero no el catenaccio pseudo romano de Steve Reeves, sino el colosalismo de los "Ben Hur" y "Los Diez Mandamientos" que maravillaron al mundo hace 50 años.

Hay que tomarse "Gladiator" como un reflejo moderno de aquel cine que nunca volverá, y como un pálido reflejo de una muy tímida recuperación comercial del cine histórico de romanos. Han seguido con "Troya" y el "Alejandro Magno" de Oliver Stone, interesantísimas ambas, pero no mucho más. Lo importante es que la historia, aunque sea esa historia contada como un vídeo clip, interesa al público, que no le hace ascos a presenciar la vida del joven emperador muerto en Alejandría. La gente también se cansa de los Joes, Michaels y Taylors del cine de acción, de las explosiones y de oír siempre los mismos sonidos cuando el héroe de turno carga una metralleta: clic, clac, clic. Un brindis por el género histórico.

Y también habrá que tomarse "Gladiator" como otra rareza en la mediocre filmografía de Ridley Scott. Hace tiempo que los aficionados serios le han perdido las ganas a este hombre, y cada día parece más claro que "Alien. El octavo pasajero" y "Blade Runner" fueron el resultado de grandes e inspirados esfuerzos realizados por unos profesionales en estado de gracia, y no obras de autor. No, nada de autoría, Ridley Scott, has hecho tantos bodrios en el pasado y el presente que poco esperamos ya de ti, únicamente nuevos esfuerzos como el de "Gladiator", una película que no mancha currículum sino todo lo contrario.

La historia de la película cuenta las desgraciadas peripecias de Máximo, heredero del trono de Marco Aurelio, cuyo hijo Cómodo, frustrado porque su padre lo desprecia, trama la muerte de Máximo y su familia. La recuperación del honor y las peripecias del protagonista para salvar el pellejo constituyen el grueso de la película. Todo conducirá a un esperado enfrentamiento cara a cara entre Máximo y Cómodo en el mismísimo Coliseo.

El guión lo escribieron David Franzoni, John Logan y William Nicholson, consiguiendo una historia atractiva, que no se avergüenza del exceso de épica y que gana enteros en las escenas intimistas, filmadas luego con la pasión debida por el director. Un libreto que remitía directamente a dos clásicos épicos del pasado: "La caída del Imperio Romano" (1964), dirigida por Anthony Mann, y "Espartaco" (1960), el clásico de Stanley Kubrick protagonizado por Kirk Douglas.

Con "Gladiator" se recuperó por momentos la carrera de Ridley Scott y explosionó la de un actor australiano con toda la pinta de ser de los de antes: Russell Crowe. Un hombre con carácter, rudo, de esos que, si están en el proyecto adecuado, no sólo interpretan, sino que se comen a su personaje. Curiosamente, se le ofreció en primera instancia el papel a Mel Gibson, quien lo rechazó por motivos de edad. Menos mal.

Los premios no se hicieron esperar después del estreno del film  

Y si algo renacía de verdad este film, dejando de lado el concepto péplum, era el peso de los actores secundarios. Como en el cine clásico, esos Dan Duryea o Thelma Ritter en blanco y negro, ahora teníamos en pantalla la intensa personalidad de Richard Harris, Dereck Jacobi y Oliver Reed, que falleció en mitad de rodaje, por lo que se hubieron de utilizar técnicas digitales para hacerle presente en los planos que no se habían rodado todavía. A la memoria de Reed está dedicada la película.

Mención aparte el papel de Joaquin Phoenix (que recientemente se ha apoderado de la figura de Johnny Cash, el mito del country, en el film "En la cuerda floja"), el personaje más complejo de la película. Phoenix interpreta las escenas más impactantes, no precisamente las grandes batallas, sino las conversaciones, tensiones y gestos a primer plano, sin técnicas digitales de por medio. Un botón de ejemplo, el personaje de Phoenix, Cómodo, hablando con su padre, recordemos:
He buscado en los rostros de los dioses las maneras de complacerte, de hacerte sentir orgulloso de mí. Una palabra amable, un abrazo mientras me sujetabas fuerte contra tu pecho, hubieran sido como el sol en mi corazón durante mil años. ¿Por qué me odias tanto? (…) Lo único que siempre he deseado es vivir de acuerdo contigo. César. Padre”. Uno de los buenos momentos del film, sin duda.

La espectacularidad de las imágenes y los paisajes –rodado el film en su mayor parte en Marruecos y Malta, y posteriormente añadido un trabajo digital verdaderamente masivo- se veía complementada y amplificada por una bella banda sonora de Hans Zimmer, que ya había trabajado anteriormente con Ridley Scott en "Black Rain" y "Thelma y Louise".

Con el marketing (que incluyó un lanzamiento en DVD por todo lo alto), el público y la crítica a tope, los premios no se hicieron esperar después del estreno del film. Dos Globos de Oro en el 2000 a la mejor película y banda sonora y triunfo en los Oscar: 12 candidaturas y premios en mejor película, actor, dirección artística, sonido, vestuario y efectos especiales, en un año difícil, con films como "Traffic" y "Tigre y Dragón" en las quinielas.

...por Marc Monje

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