El
personaje de Charlot es el icono del cinematógrafo, la
imagen recurrente que en el futuro se tendrá sobre el medio
artístico por excelencia del siglo XX, de igual forma que
el sarcófago de Tutankamón es la insignia del arte
del Antiguo Egipto, o el David de Miguel Ángel lo puede
ser del Renacimiento.
En la segunda década de siglo, poseía todo lo que un hombre podía desear
Charlot
posee un alcance multigeneracional. Yo mismo he comprobado cómo
los niños de hoy en día ríen a carcajadas
si les pones en el televisor de clase "La quimera del oro" de Chaplin,
y en cambio empiezan a aburrirse con Mickey Mouse.
El ratón
Mickey, con todo el aparato de marketing, docenas de nuevas películas,
parques temáticos y merchandising empieza a oler a naftalina,
los críos ya no se divierten con él, y por el contrario
el pequeño Charlot, mudo y en blanco y negro, discreto
habitante de programas de filmoteca, viejas cintas VHS y reediciones
en DVD sigue emocionando a niños y adultos como si todavía
nos encontrásemos en los años veinte, cuando este
vagabundo de bigote, bombín y bastón hacía
abarrotar los cines, y el público exigía a gritos
al proyeccionista que volviera a pasar una y otra vez las escenas
más desternillantes, en la época en que su creador
Charles Chaplin era el hombre más famoso del mundo.
Chaplin, en
la segunda década de siglo, poseía todo lo que un
hombre podía desear. En escasos años había
pasado de ser un niño pobre de orfanato que trataba de
ganarse unas perras haciendo pantomima por toda Europa, a rodar
films que se exportaban por todo el globo. Sus padres
provenían del music hall y el pequeño Charles Spencer
Chaplin debutará en el teatro con cinco años. Tenía
un arte especial para el gesto y la comicidad, además de
una capacidad de trabajo y espíritu de superación
que le permitieron triunfar en el floreciente Hollywood de principios
de siglo.
Mack Sennett
lo hizo debutar delante de la cámara en 1912, y en poco
tiempo Chaplin ya escribía, dirigía, componía
la música, producía y por supuesto interpretaba
todas sus películas.
En 1919, después de haber pasado por la Keystone, la Essanay,
la Mutual y la First National Exhibitor´s Circuit (con la
que cobra la astronómica cifra de 1.075.000 dólares
por año), fundará su propia productora United Artists,
junto con otras tres estrellas del mudo, D.W. Griffith, Douglas
Fairbanks y Mary Pickford. Ahora ya podía controlar todos
los aspectos de sus films, desde la producción, pasando
por la publicidad hasta la exhibición.
Después
de docenas de exitosas películas cortas, Chaplin dio un
giro decisivo en su trabajo y empezó a plantearse sus películas
de otro modo. Empleó más tiempo en la producción
(un año en algunos casos), introdujo elementos sentimentales
en las tramas y un ritmo más reposado y reflexivo.
Fruto de esta nueva visión del cine y sobre todo del reciclaje
al que sometió su arma expresiva más importante,
el gag, ahora dignificado y envuelto en nuevas tramas de hondo
calado sentimental, Chaplin conseguirá sus obras más
importantes. En 1921 rueda "El chico", donde comparte protagonismo
con un sorprendente actor, Jackie Coogan, de tan sólo ¡cuatro
años!. En 1923 estrena "Una mujer de París", donde
como actor aparece únicamente en un cameo, dejando todo
el protagonismo en manos de Edna Purviance y Adolphe Menjou, y
en 1925 llega "La quimera del oro", superproducción que cuenta
las desventuras de los buscadores de oro en Alaska y se convierte
en uno de los films más queridos por su director. De esta inmortal
obra de arte destacan escenas de una inventiva y sencillez desarmantes,
como la danza de los panes (basada en una escena de "The Cock",
un film del por entonces olvidado "Fatty" Arbuckle)
o la secuencia en que el rudo buscador de oro, muerto de hambre,
confunde al bueno de Charlot con un pollo listo para ser comido.
Chaplin no reparó en gastos para ambientar en el estudio
las nevadas tierras de Alaska: 500 artesanos escénicos,
200 toneladas de yeso, 285 de sal y 100 barriles de harina. Con
el tiempo he llegado a la conclusión de que esta odisea
muda de nieve, buscadores de oro y hombres-pollo, junto con la
posterior "Monsieur Verdoux" de 1947 son las películas de
Chaplin que me llevaría a una isla desierta.
La vida privada
de Chaplin no estuvo exenta de serios problemas y escándalos.
Su primer matrimonio con Mildred Harris resultó ser bastante discreto,
aunque se divorciaron dos años después de su enlace,
en 1918. En 1924, se casa con Lita Grey, y tres años más
tarde se divorcia en medio de un mayúsculo escándalo.
Con el tiempo, Chaplin acabaría por aceptar el diálogo en sus films
En 1928 Chaplin
recibe el Oscar por "el genio demostrado" en "El circo",
aunque él mismo reconocía que debido a su tumultuoso divorcio
y a las investigaciones del FBI sobre sus posibles conexiones
comunistas que le ocasionaron un colapso nervioso, fue
este un momento muy bajo en la vida del artista, incluso evitó
nombrar "El circo" en su autobiografía publicada en los años
sesenta.
Mientras
el cine se ponía patas arriba con la irrupción del
sonido, Chaplin respondió a este avance técnico
con desdén. Para él, el verdadero arte cinematográfico
estaba en la imagen, no en la palabra, y trató de seguir
con su carrera como si los talkies no se hubieran inventado.
En 1931 rueda
después de tres años de preparación "Luces
de ciudad" (en la sección de Mundocine "Momentos y
escenas" se analiza su emocionante secuencia final), donde
Chaplin refina de sobremanera la trama humana y sentimental, y
de la que destaca la utilización expresiva de la luz y
la casi total ausencia de sonido, a penas presente en la música
y en algún momento muy concreto.
Con el tiempo, Chaplin acabaría por aceptar el diálogo
en sus films, y sus obras sonoras igualarían en calidad
a las del periodo silente, a pesar de algunos futuros defectos
como el exceso de sentimentalismo o la poca audacia visual.
Pero
el matrimonio de Chaplin con el sonido pertenece ya a otra etapa
de su carrera...