Grandes Directores
David Wark Griffith

Imaginemos la siguiente escena de la película Enoch Arden de D. W. Griffith. Primer plano de una mujer esperando a que su marido regrese a casa.

Para representar lo que en ese preciso instante está pensando, se pasa a otro plano en el que se ve a su marido en una isla desierta.

David Wark Griffith

Para muchos de nosotros esta transición no supondría ningún problema pero, cuando su director la presentó en el estudio, recaudó un sinfín de críticas. En primer lugar, resultaba casi inaceptable que se filmara solamente una cabeza. Y en segundo lugar, creían que el espectador no sería capaz de comprender dicha transición. Pero se equivocaron y el comienzo de un nuevo lenguaje se estaba consolidando. El arte cinematográfico, como cualquier otro arte, posee su propia forma de expresión, su propio lenguaje. Un lenguaje relativamente nuevo, si lo comparamos por ejemplo con el de la literatura o la música, y cuyos espectadores se vieron obligados a aprender a marchas forzadas. Sin embargo, hablar de lenguaje fílmico y no mencionar a Griffith sería como eliminar a Cervantes de la literatura española o negar la influencia de Shakespeare en la lengua inglesa.

 
Realizaría películas de hasta catorce bobinas

D. W. Griffith (1875-1948) es considerado, por muchos, como el padre de la gramática del cine. Sus inicios como actor y realizador para la Biograph le permitirían acercarse a un nuevo arte que estaba aún por explotar. Al comenzar la I Guerra Mundial, los Estados Unidos se colocaron al frente de esta nueva industria que, hasta entonces, había estado dominada por la producción Francesa. Como consecuencia Griffith, vio la necesidad de experimentar y crear un cine innovador que pudiera competir con el europeo. Para lograrlo, se enfrentó a las patentes que en ese momento monopolizaban la producción norteamericana y que exigían que las películas no fueran de más de una bobina ya que en caso contrario se deberían partir a la hora de su visionado.

Intolerancia  

El director estadounidense fue el primero en insistir en que esta situación debía cambiar, pues la partición de la película perjudicaba a su continuidad y credibilidad. Efectivamente, realizaría películas de hasta catorce bobinas, como es el caso de "Intolerancia", primera gran producción del cine. Pero este adelanto no sería más que el comienzo de una fructífera carrera que asentaría las bases de un cine al que todos los directores le deben algo.

D. W. Griffith se dedicaría al séptimo arte desde 1908 hasta 1931 produciendo películas que marcarían diferentes etapas evolutivas en su carrera. La primera etapa comprendida entre los años 1908 y 1914 es conocida como la etapa de aprendizaje del autor. Durante esta época dirigió su primera película, "La batalla de los sexos", y su primer largo con cuatro bobinas "Judith de Bethulia". En esta última encontramos a la actriz norteamericana Lillian Gish, quien será la protagonista de casi todos sus films y que formará parte del nuevo fenómeno conocido como Star System.

La segunda etapa, también conocida como etapa de plenitud, se inicia en 1915 con la realización de una de sus dos obras más relevantes, "Nacimiento de una nación".

Para crear esta película se invirtieron cerca de 100.000 dólares y su recaudación alcanzó los 15 millones. Narra la evolución de dos familias durante la guerra de secesión junto con la creación del Ku-Klux-Klan.

  El nacimiento de una nación

La película fue tachada de racista. Sin embargo, dejando a un lado el argumento, lo que más destaca de esta película es que por primera vez el concepto de montaje cinematográfico, tal y como lo entendemos hoy en día, se hace patente en el mundo del cine. Para explicar las dos historias, Griffith alterna imágenes de las dos familias, utilizando acciones paralelas. Es este maestro del cine quien inventa el concepto de flash-back. Hasta entonces los espectadores estaban acostumbrados a un tipo de cine en el que la acción sucedía cronológicamente, pero con esta película deben aprender un nuevo lenguaje. Griffith defendía la influencia del novelista Dickens en su obra. Alababa la forma en que el escritor era capaz de saltar de una historia a otra manteniendo la atención del lector e intentó trasladar este concepto literario a la gran pantalla. En este caso lo consiguió, sin embargo en su siguiente película no obtendría el mismo resultado.

"Intolerancia" (1916) supuso la culminación en el proceso evolutivo del director. En esta obra Griffith intenta reflejar la intransigencia del ser humano a través de cuatro épocas de la historia. Esta vez la realización fue monumental, con más de 20000 extras, se invirtieron 2 millones de dólares y se recuperó sólo uno. De hecho, fue un fracaso en cuanto a taquilla pero un éxito para la historia del cine.

Griffith había puesto al servicio del cine todo lo que tenía, su talento y su inspiración  

Con estas dos películas, este nuevo arte fue encontrando su propio modo de expresión. La cámara por primera vez abandonaba su condición de ojo fijo, como en el cine de Méliès, y se convirtió en un observador que seguía la acción. Aparecieron los travellings y las panorámicas. Grababa la misma escena desde diferentes ángulos, para dar unidad y permitir que el espectador tuviera diferentes puntos de vista. Utilizó fundidos, y el objetivo se abría y se cerraba según sus órdenes. El director se convertía entonces en el eje central de la película, el motor que impulsaba todo el proceso creativo. Los actores dejaron a un lado la gesticulación exagerada ya que comenzó a hacer uso del primer plano, de este modo el espectador podía apreciar mejor las expresiones de los protagonistas. En cuanto al montaje, Griffith no sólo alternaba diferentes historias sino que también era capaz de acelerar la acción cortando los planos. De este modo conseguía que aumentara la tensión en el espectador. Todos estos elementos, que hoy en día nos pueden parecer cotidianos, deben dicha cotidianidad a este genial director que, con su talento, instauró el lenguaje cinematográfico que aún sigue vigente en el siglo XXI.

Con "Lirios rotos" (1919) y "A través de la tormenta" (1920), Griffith cerraría esta etapa de innovación para dar paso a una tercera etapa de decadencia en la que el cine sonoro haría que el director abandonase el séptimo arte. Sin embargo, antes de finalizar su carrera cinematográfica dirigió dos películas sonoras "Abraham Lincoln" (1930) y "La lucha" (1931), películas que tuvieron una aceptación mediocre. El fin de su época gloriosa había llegado. Griffith había puesto al servicio del cine todo lo que tenía, su talento y su inspiración.

Hoy en día todos reconocen la importancia de una figura que sentó las bases de un arte que acababa de nacer. Sin embargo, en 1948, y como muchos otros genios, murió olvidado en su villa de Hollywood.

...por Yanina Montalvo

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