A
finales de los años treinta, la crítica sacó
a la palestra los talentos precoces y geniales de Orson Welles,
un joven director de cine famoso por sus dramatizaciones radiofónicas
seguidas por miles de americanos, y de gran bagaje cultural -en
genérico- y teatral -en particular-.
Acababa de dirigir
su primer film, "Ciudadano Kane" (1941). El cine ya no
sería lo mismo a partir de ese momento.
Cincuenta
años más tarde, la crítica vuelve a descubrir
a otro genio, de menor importancia que Welles desde luego, pero
nuevamente se trata de un talento precoz y original, cuyo bagaje
cultural no se centra, como en Welles, en Shakespeare y el teatro,
sino en la cinefilia de video club propia de nuestro tiempo. Este
nuevo gurú es Quentin Tarantino, y tampoco nada sería
igual en el cine después de su primer film, "Reservoir
dogs" (1992). Si Welles abrió nuevos caminos en
el lenguaje, reuniendo toda la estética cinematográfica
creada hasta entonces y haciéndola avanzar un paso más,
Tarantino afianza el concepto "independiente" en el
cine mundial y crea un estilo propio –temático y
estético- a partir de otros estilos ya existentes. Ambos
empezaron igual, jóvenes, rebeldes y auténticos,
e innumerables imitadores han intentado, sin éxito, acercarse
a sus respectivos estilos.
En 1990, Tarantino vende por 50.000 dólares el guión de True romance
Tarantino nace en Knoxville en 1963. Sus padres lo llamarán
Quentin por ser el nombre de un personaje de Burt Reynolds. Ya
desde pequeño, visita asiduamente las salas de cine acompañado
de su madre, naciendo en él la simiente del cinéfilo
vocacional y devorador de cuantas películas se le pongan
por delante.
A los 22 años, Quentin entra a trabajar en un videoclub
de Manhattan Beach, cerca de Los Ángeles. Allí será
donde pase cientos de horas visionando cintas y afinando sus preferencias
cinematográficas. Es en esta época cuando acude
a clases de interpretación y empieza a mover su currículum
vitae, donde inventa sin ningún rubor que ha trabajado
para Jean Luc Godard. En 1986 escribe el guión de "True
romance", y en 1988 el de "Natural born killers",
que más tarde se convertirá en la polémica
cinta dirigida por Oliver Stone, "Asesinos natos" (1994).
Ya en 1990, Tarantino vende por 50.000 dólares el guión
de "True romance", que más tarde se convertiría
en la sobrevalorada "Amor a quemarropa" (1993) de Tony
Scott.
El
dinero le sirve para rodar en 16mm y con unos cuantos amiguetes
una versión casera de un guión suyo titulado "Reservoir
dogs". Ese mismo año deja de trabajar en el videoclub de Manhattan Beach y entra en la plantilla de la productora
Cine Tel, como guionista. Al poco tiempo, conoce a Lawrence Bender,
y gracias a él, llega a las manos del actor Harvey Keitel
el guión de "Reservoir dogs". Keitel, sorprendido
por la calidad del trabajo, se empeña en buscar financiación
y ayudar a Tarantino en configurar un casting para el futuro film.
En 1992, se estrena en el festival de Sundance la ópera prima
de Tarantino, "Reservoir dogs". Miramax se hace
con el film y lo distribuye mundialmente. El éxito es rotundo.
Un film de culto. Tomando prestado de Kurosawa y el Kubrick de "Atraco perfecto" (1956), el film es un drama de cierto
tamiz teatral, intenso y violento, que juega con el tiempo narrativo
en flashback, el fuera de campo, las angulaciones radicales de
cámara, el humor negro, y los fucks y shits en cada línea de diálogo. Se había creado
el estilo Tarantino. Sus personajes se nos clavan en la memoria
a fuerza de balazos y sangre. Ninguno de sus actores ha podido
sustraerse desde entonces de una cierta etiqueta creada de este
film. Aún hoy en día, más de una década y media
después, es difícil no ver todavía a Steve
Buscemi, un actor ya consagrado, como el canalla Mister Pink,
a Michael Madsen como Mister Blonde, o al sucio Chris Penn como
aquel Nice Guy Eddie.
En
1994, Tarantino estrena su segundo film, "Pulp fiction",
que manieriza lo conseguido en "Reservoir dogs",
esta vez con mayor sofisticación en la estructura del guión
y de nuevo con el mismo acierto.
A partir de la Palma de oro en
Cannes, y las nominaciones a los Oscar (mejor película,
director, actor secundario, actriz secundaria, montaje y guión
original. Se llevará una sola estatuilla, la del guión),
la importancia del film no ha dejado de crecer. "Pulp fiction"
es tan seminal para la década de los noventa, como lo fue "Taxi driver" en los setenta, un film representativo de
su tiempo, que abrió puertas a multitud de nuevos directores,
y cuya huella todavía perdura.
En esos años, Tarantino produce films a través de Miramax y su poder en la industria aumenta. Es una estrella. Participa co-dirigiendo y co-escribiendo el film "Four rooms" (1995), y se da el gusto de aparecer en cameos de diversos films y en televisión. En "Four rooms" entrará en contacto con Robert Rodríguez, director de la sorprendente "El mariachi" (1992). Recuperan un viejo guión de Quentin y producen "Abierto hasta el amanecer" (1995), dirigida por Rodríguez e interpretada por el propio Tarantino junto a George Clooney.
"Pulp fiction" es tan seminal para la década de los noventa, como lo fue "Taxi driver" en los setenta
Muy contenta debe estar Pam Grier, estrellote de infarto en los films de blaxploitation de los años 70 (películas realizadas por y para gente de color, de temática gangasta y callejera mayormente), de que un fan de esas películas como Tarantino, la resucitara en 1997 para su film más sólido y, de algún modo, más clásico, "Jackie Brown". Lo mismo le había ocurrido a John Travolta, Tarantino es capaz de reactivar la carrera de un actor en horas bajas... o de encasillarlo en un mismo papel para el resto de sus días, como al grupo de intérpretes de "Reservoir dogs". Basada en una novela de su admirado Elmore Leonard, el nuevo Tarantino rendía homenaje a un cine urbano, kitsch y, de algún modo, comprometido y epidérmico, extinguido para siempre; y pisaba el freno en el ritmo narrativo, con una película cuyo encanto quizás resida en eso, en el tiempo que se toma para explicarnos una sencilla historia de ladronzuelos.
En el 2001, Tarantino empieza a preparar el rodaje de su película
más ambiciosa, "Kill Bill", que se estrena
en el 2003, dividida finalmente en dos partes y protagonizada
por Uma Thurman.
En este último "Kill Bill", se demuestra una
vez más que aún hoy en día, Tarantino levanta
expectativas tremendas en cada estreno, y se le sigue juzgando,
curiosamente, como si todavía tuviera que demostrar que,
efectivamente, es un director válido.