En
Europa siempre gustó el western, y desde fechas tan inmemoriales
como 1901, ya se habían rodado algunos films inscritos
en este género en el viejo continente.
"Por un puñado de dólares" abrió la puerta a más de 500 westerns
Desde los años
cincuenta, las tentativas por parte de algunos países como
Alemania, España e Italia por rodar sus propias películas
del oeste se iban sucediendo siguiendo la estela del clasicismo
americano instaurado por Ford, Hawks y demás maestros de
Hollywood.
Hasta 1964, el western del viejo continente era
una copia gris y barata del modelo estadounidense, pero ese mismo
año, con la friolera de 30 westerns europeos estrenados
en pocos meses, un realizador italiano llamado Sergio Leone cortó
con la tradición de los clásicos americanos y llevó
el género a un terreno propio con sus constantes genuinas
y con un nuevo nombre, el spaghetti western. El film con el que Leone lo inició todo
era "Por un puñado de dólares", y es hoy considerado
el punto de partida del spaghetti western. Al género en
sí se le llamó "spaghetti" porque la mayoría
de películas eran de producción italiana.
Durante 15 años (1960-1975) el spaghetti nació, triunfó, se sobreexplotó y finalmente
murió como una caricatura de sí mismo. "Por un puñado
de dólares" abrió la puerta a más de 500 westerns que iban de lo aceptable (y en escasas ocasiones, lo muy bueno)
a la copia de la copia, la parodia y el tedio; el film de Leone
puso sobre la mesa un nuevo oeste más original y moderno,
que cientos de directores, guionistas y productores se encargaron
de despedazar y exprimir hasta que sólo quedaron Bud Spencer,
Terence Hill y "Le llamaban Trinidad", el patético adiós
definitivo del género.
La visión que tenía Leone del western se alejaba
radicalmente del sustrato clásico. En primer lugar, él
y los directores afincados en el spaghetti se planteaban los westerns
como películas de acción y violencia, y se huía
del romanticismo y la ética propia de John Ford. Leone
tratará la violencia con regocijo, ralentizará el
tempo narrativo hasta momentos exasperantes, hará sangrar
a sus personajes, seres que, en el mejor de los casos, se mueven
únicamente por dinero.
Las miradas serán otro punto importante
del nuevo género, se abusará de los primeros planos
y del rostro duro e impertérrito del actor para alargar
la tensión en el espectador. La cámara recorre las
peleas y los duelos a muerte buscando perspectivas originales,
nuevos ángulos que resalten la violencia de la escena y
planos que impacten al público, en muchos casos con un
formato panorámico dentro del cual el director distribuye
de forma dramática a todos los elementos de la acción.
La música será tan o más
importante que la imagen. En el caso de Leone, contará
con la extraordinaria colaboración de Ennio Morricone,
que estandariza un nuevo concepto sonoro, con partituras que fluctúan
según lo que sucede en pantalla, tonadas que van de lo
comercial (¡incluso con guitarra eléctrica!) a la
sacudida violenta del flash sonoro, elemento este ahora lleno
de posibilidades debido al nuevo valor que, paradójicamente
adquiere el silencio en el spaghetti. El ritmo ralentizado del
que hemos hablado va de la mano de este silencio que transmite
la debida tensión al público, a la espera del próximo
tiro, la próxima muerte, el próximo flash sonoro.
En un oeste en el que sólo sobreviven los más
cabrones, poco tiene que hacer la mujer, tal y como la hemos visto
en el western clásico. El spaghetti embute más si
cabe a la mujer en el tópico de ser humano sin iniciativa,
con la diferencia de que ahora casi todas son prostitutas y sin
una gota de decencia. La excepción es a cuentagotas, con
films como el del mismísimo Louis Malle "Viva María"
(1965).
El marco para esta estilización del western debería haber sido las áridas tierras de Arizona
o Utah, pero siendo producciones italianas era más rentable
trasladar los bártulos a Almería, cuya geografía
podía pasar como la del oeste americano. Rodar en España
resultaba barato, se podían aprovechar decorados de un
film a otro y los productores no dudaban en emplear como currantes
en el set de rodaje a los lugareños que, con suerte, aparecían
como extras en alguna escena.
Escalafón ineludible en la ruptura entre el western clásico y el oeste moderno y crepuscular
El hecho de que los extras y algunos secundarios
fueran castellanoparlantes motivó una nueva orientación
en cuanto a guión de los spaghetti westerns, consolidándose
las historias ambientadas en la revolución mexicana, aventuras
de bandidos mexicanos y conflictos en la frontera de Estados Unidos
con México. Aunque Almería fue el plató oficial
del género, también se recurrió a otros lugares
como las Islas Canarias, los Alpes italianos y, en el caso del
film de Sergio Leone "Hasta que llegó su hora" (1968), se
filmó en el inigualable Monument Valley de Utah, escenario
de los grandes westerns de John Ford.
Estas son algunas de las constantes de
un nuevo género que tardó bastantes años
en ser considerado como tal. Ya desde sus inicios, se le tachó
de género barato y cutre, que buscaba el éxito fácil
con subproductos para contentar, básicamente, las plateas
del sur de Europa y otras zonas consideradas como Tercer Mundo. Spaghetti western era un término despreciable,
sinónimo de serie Z, guiones malos y actores en decadencia,
pero a partir de la reivindicación de la figura de Sergio
Leone, se va abriendo en los últimos tiempos una veda al
análisis serio, separando el grano de la paja y, sobre todo,
considerando al spaghetti un género individual e indiscutible,
a la vez que escalafón ineludible en la ruptura entre el western clásico y el oeste moderno y crepuscular.
En la próxima parte de este artículo, repasaremos
las principales figuras y películas del spaghetti western,
las que hoy son reconocidas y las que han quedado relegadas al
cajón del kitsch cinematográfico, mientras vamos
trazando la historia de los tres lustros que dio de sí este género.