"
Quizás busco ciertas utopías, espacios para
el honor y el respeto humanos, paisajes que no han sido ofendidos,
planetas que todavía no existen, paisajes soñados.
Hay poca gente que busque esas cosas hoy en día ".
" La televisión
utiliza paisajes. Yo transformo paisajes. Yo los dirijo ".
Werner
Herzog
Francisco Manoel da Silva,
apodado Cobra Verde, es un violento bandolero brasileño
del siglo XIX implicado en el tráfico de esclavos en Dahonney,
África.
El último film
de Werner Herzog en colaboración con el actor Klaus Kinski
es considerado por muchos como una de sus peores producciones.
A pesar de la fuerza de los paisajes, toda una marca de autor
para Herzog, las escenas meteóricas con Kinski y la banda
sonora, a pesar de seguir la línea de viaje metafísico
a lo más abominable de la naturaleza, tan espectacularmente
representada por Aguirre, la cólera de Dios (1972),
Cobra Verde es quizás un film desbordado por
su propias pretensiones.
La leyenda del mito Klaus
Kinski y algunas imágenes imborrables (Kinski entrenando
a un ejército de mujeres nativas para la batalla, los arrebatos
violentos del actor con los esclavos, imágenes llenas de
belleza de los paisajes africanos) hacen que, en mi opinión,
al mismo tiempo que vetamos a Cobra Verde la entrada
a nuestra sección de Grandes Clásicos (si incluiré
próximamente Fitzcarraldo y Aguirre, la cólera
de Dios . Soy fan de Herzog/Kinski, no puedo evitarlo), si
añadimos este film con orgullo al apartado de Joyas Ocultas.
Cobra Verde es "joya" porque en determinados momentos
brilla como lo mejor de la producción de Herzog, y es "oculta"
porque dudo que mucha gente se acuerde hoy en día de que
este film ha existido.
La película
está basada en la novela El virrey de Ouidah ,
escrita por Bruce Chatwin. Sobre la adaptación que Herzog
hizo de su libro, el escritor declaró de forma reveladora:
"¡Por favor, ni me hables de eso! No quiero tener nada
que ver con esa película . La actuación de Klaus
Kinski es sencillamente repugnante, y no tiene ningún punto
de contacto con mi novela. En realidad, no podía ser de
otro modo: es un tipo nefasto, que deja a su paso una estela de
resentimiento donde quiera que vaya. Con esa cabellera desgreñada
de la que tanto se ufana y sus movimientos espasmódicos
se parece más a una puta vieja buscando clientes que a
mi personaje.
En
cuanto a Werner Herzog, debo admitir que admiro sus primeras películas,
así como otras que hizo sin tantas pretensiones (.). Pero
las grandes super producciones , del tipo Cobra Verde, se le van
de las manos, no puede dominarlas (.). Cuando tuvo los derechos
de filmación, realmente me alegré, pensé
que podía surgir algo interesante. Lamentablemente no fue
así: la película es una completa basura" .Sin
duda, el espíritu aventurero y la dualidad entre viajero
y mito que con tanto éxito había transmitido Herzog
en sus anteriores epopeyas Hombre vs. Nauraleza, no fue entendida
en este caso por casi nadie. Los defectos del film son los habituales
en algunas obras del director, solo que quizás ahora intensificados:
personajes con motivaciones que el espectador es incapaz de entender,
giros argumentales injustificados.
El cine de Herzog, sin
embargo, encuentra sus picos álgidos cuando, entre ese
desorden narrativo, sabe construir escenas de rara y profunda
fuerza. Cuando Kinski está en su sitio, y la cámara
de Herzog sabe inmortalizarlo, entonces, esas escenas, bien valen
un film defectuoso. Y las dos o tres secuencias, que ya he citado
antes, y que despuntan en Cobra Verde , justifican cualquier
otra aberración de la que sufra la película.
Al terminar el difícil
rodaje, en el que no faltaron peleas cuerpo a cuerpo entre Herzog
y Kinski, la relación entre ambos estaba ya agotada (una
de las perlas que actualmente dedica el director a su actor fetiche
ya fallecido: " a cada una de mis canas las llamo Kisnki ").
El mismo director no tenía un nuevo proyecto para Kinski,
y consideraba que el anti-héroe aventurero y cruel que
tan vigorosamente representó el actor, ya no tenía
cabida en sus próximos films. Herzog se centró a
partir de entonces en los documentales y la televisión.
A Kinski, probablemente, le importaba un comino lo que el director
hiciera de él. Al fin, la historia, ha escrito la relación
fílmica entre ambos como una rara serie de películas
repletas de momentos imborrables. Obras sobre el hombre y, por
encima de todo, la naturaleza.
Herzog, con su visión
de la naturaleza como una obscenidad asesina (el director odiaba
que Kisnki considerara esa misma naturaleza como algo romántico,
decorativo y new age ), con el empeño que puso
en cada proyecto, tratando de emular en el rodaje las vicisitudes
de sus personajes en la ficción, sin importarle que le
encarcelasen, o que algún miembro de su equipo pusiera
en peligro su vida.
Kinski, como el cruel
actor de personajes crueles. Un rostro genial de infinitas lecturas,
sensibilidades en fuga, tensiones encontradas y vacío existencial.
Nadie como él para encarnar también al hombre cegado
por un destino utópico. Nadie mejor que él para
ser el alter ego de Herzog.
Algo unía
a estos dos seres sofocados por su odio mutuo, y es que, posiblemente,
fueran dos de los tipos más egocéntricos del mundo.