Joyas Ocultas
El diablo sobre ruedas

Nunca hay unanimidad al sopesar el valor de la filmografía del inventor del blockbuster veraniego Steven Spielberg. Sus films de carácter más aleccionador, epics que van desde triunfos de público y crítica como La lista de Shlinder (1993) o Salvar al soldado Ryan (1998) hasta fracasos sin derecho a réplica como Amistad (1997) o Always (1989), son los más discutibles y concitan elogios y críticas a partes iguales.

Por el contrario, el Spielberg más serie B, el de las películas de género a la manera clásica, seguro revienta taquillas creador de la saga Indiana Jones, Tiburón (1975) o Parque Jurásico (1993), acostumbra reunir más addesiones aunque se le eche en cara su descarada comercialidad. Suelo posicionarme claramente en este asunto. En el primer caso, Spielberg echa siempre toda la carne en el asador, se viste de auteur comprometido con su obra y sublima los sentimientos que lleva dentro, tanto que, en los peores casos, se pasa de la raya y su mensaje pierde sustancia para ganar calorías en edulcoramiento; en el segundo caso, encontramos al Spielberg que quedará para las futuras generaciones, el director a la manera de un George Stevens de finales de siglo, capaz de conectar grandes y complejas producciones con la sensibilidad de millones de espectadores, orquestando ora mordiscos de tiburón, ora scalextrics de frenética narrativa como Atrápame si puedes (2002), con imaginería concisa y ajustada, al servicio de la acción, no del discurso.
Se pensó que esta frenética historia fuera la opera prima de Spielberg en el cine.

Es más autor el Spielberg de Tiburón, que el de la empanada y empantanada Inteligencia artificial (2001); su cine gana cuando pierde discurso ético y palabrería moral. Los mejores logros pues de este director, yacen entre dinosaurios, escualos, Tom Cruise en Minority Report (2002) y un antipático bocazas atrapado en las carreteras de California en la joya oculta que es El diablo sobre ruedas.
El diablo sobre ruedas 

En 1971 un Spielberg de 24 años, formado cinematográficamente en la Universidad Estatal de California y en diversas producciones para la televisión (destacan episodios de las series Marcus Welby, MD y de The name of the game) tiene la oportunidad de estrenarse en la pantalla grande rodando un guión escrito por Richard Matheson (recordemos escalofriantes relatos como Soy leyenda, o sus guiones para la serie de los cincuenta The twilight zone). La historia de Matheson se basa en una anécdota real. El escritor conducía por una de las interminables autopistas californianas cuando un camionero le propinó un toque a su vehículo, que fué despedido a la cuneta. A partir de este accidente, Matheson escribió un relato corto que salió publicado en la revista Playboy y de allí, al film de Spielberg. El argumento de El diablo sobre ruedas es así de básico. David Main (Dennis Weaver) es un hombre cabreado y con prisa; se ha discutido con su mujer y debe llegar a tiempo a una reunión importante. Conduce su coche por una de las carreteras que cruzan el desierto californiano. Al poco rato, su coche queda detrás de un lento camión cisterna negro. David pierde la paciencia, estos trastos siempre aparecen cuando tienes prisa. Harto de la parsimonia del camión, decide adelantarlo. Perfecto, David sigue su camino. Pero poco después, el camión negro acelera e inexplicablemente lo adelanta y vuelve a bloquearle el paso. Es el inicio del terror, porque a partir de ahora, David no podrá quitarse de encima a esa endiablada máquina cuyo conductor nunca vemos. El camión intentará sin pausa echarlo de la carretera y aplastarlo como a una cucaracha. Una carrera sin linea de llegada, una persecución fuera de toda lógica, claustrofobia en pleno desierto.

El diablo sobre ruedas

Se pensó que esta frenética historia fuera la opera prima de Spielberg en el cine, pero resultó imposible conseguir un protagonista que diera lustre al producto y asegurara unos mínimos en recaudación, así que se rodó en formato telefilme. En Europa se estrena en cines en 1973, con escenas añadidas para adaptarlo a los standards de duración para cine. A principios de los ochenta, con Spielberg como rey del mundo, se proyectará al fin en las salas estadounidenses. Spielberg rodó milimétricamente en tan solo dieciséis días. Controló todos los aspectos del proceso, ajustando como un guante el guión al presupuesto y a las dos semanas de trabajo. El pase televisivo de El diablo sobre ruedas fue un éxito, recibió dos nominaciones a los Emmys (ganó el de mejor sonido), y una a los Golden Globes en la categoría de mejor TV movie en 1971. Los elementos son tan simples como estos: coche, camión y carretera. Nada más. Los personajes no cuentan, los dilemas internos tampoco. Es un hombre que trata de salir del terrorífico círculo en el que se ha metido, un camión negro lo persigue y quiere acabar con él, nada más. Spielberg se aprovecha del uso de lentes anamórficas para conseguir efectos de tensión, y explota ideas visuales simples y efectivas, como los planos a través del retrovisor en los que vemos al camión siguiendo obsesivamente a David.

El diablo sobre ruedas es una película de serie B tan típica como brillante.

Tal y como sucedería en Tiburón, Spielberg pone en juego elementos no necesariamente terroríficos que cobran una nueva vida. Es una película que podemos emparentar con horror films de los ochenta tipo Cujo (1983, Lewis Teaque) o Christine (1983, John Carpenter), en los que los elementos más inocentes del mundo –perro y coche respectivamente- se convierten en la base misma del terror. Spielberg economiza efectos y planos, oculta información para enganchar al espectador (no dejamos de preguntarnos quién demonios conduce el camión) y filma con buen pulso.

El diablo sobre ruedas es una película de serie B tan típica como brillante. Que una obra como esta fuera concebida para la televisión, hace más inexplicable el fenómeno que invade nuestros canales televisivos en pleno siglo XXI, con TV movies flacas, comatosas, de temáticas predecibles, si acción, sin garra. Esperemos que a alguien se le ocurra coger los bártulos e irse a rodar una TV movie como dios manda por alguna carretera de los Monegros, aunque me temo que no sería lo mismo. Pocos directores consiguen aterrorizar con una simple carretera, un coche y un camión.

...por Marc Monje

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