Los
templos
:: ¿Cuál
era la economía de los templos? ::
Uno
de los pilares de la administración económica del
Antiguo Egipto era el clero, tal era la importancia en el desarrollo
de la vida cotidiana egipcia que tanto las fundaciones piadosas
como los templos asociados llegarían a asumir el rol de
intermediario en las relaciones entre el propio faraón
y el campesino egipcio (hecho fundamental dentro del marco de
derechos y obligaciones).
Los sacerdotes
residían en templos dispersos a lo largo del curso
del Nilo y sus necesidades diarias les hizo precisar de tierras
provocando...
Si
nos hacemos eco de los numerosos estudios realizados sobre el
tema recordaremos al lector que era el faraón el único
encargado del culto a los dioses, el hecho de que no pudiese "clonarse"
y estar en todos los lugares de la extensa tierra egipcia, le
obligaría a delegar cierta responsabilidad en los sacerdotes comprobando su labor con esporádicas visitas.
Aún
así, en la actualidad, seguimos contando con una escasa
constancia documental acerca de las características de
este clero en las distintas etapas del Antiguo Egipto; con respecto
al imperio Antiguo dicha información es aún más
escasa en comparación con los estudios sobre las etapas
posteriores, los cuales son mucho más completas debido
al creciente protagonismo del clero en la política del
imperio.
Los sacerdotes residían en templos dispersos a lo largo
del curso del Nilo y sus necesidades diarias les hizo precisar
de tierras provocando una relación entre este grupo social
con dichas posesiones semejante a la relación establecida
entre el faraón y sus tierras.
Por una parte, los templos tenían infinidad de fincas de
gran extensión en las zonas más fértiles
en todas las provincias. Gracias al minucioso examen realizado
por egiptólogos sobre el Papiro Wilbour, podemos saber
que el templo daba sus tierras en régimen de arrendamiento
a ciudadanos, soldados e inclusive a los propios sacerdotes. De
este hecho provenían parte de los ingresos del templo,
ya que todo lo que se obtenía de los terrenos se almacenaba
en el templo y se utilizaba para compraventas e intercambios de
otros bienes.
Junto a este sistema de arrendamiento nos encontramos con un sistema
de explotación de las tierras en la que el templo se comprometía
a proveer al aparcero de todo lo necesario para el cultivo, siendo
éste responsable a su vez de pagar un tanto por ciento
de lo producido en el terreno, tanto en cosecha como en ganado,
cantidad que se hacía exigible anualmente. El sistema para
legalizar el acuerdo entre las partes era un contrato prorrogable,
que pasaba de padres a hijos, creándose verdaderas dinastías
de labriegos o ganaderos al servicio del templo. Este método
fue seguido asimismo por los militares que recibían extensiones
de tierras en recompensa por sus servicios.
Además de las posesiones propias del templo señalamos
la existencia de propiedades privadas de sus mismos miembros.
Por lo que vemos, todos y cada uno de los que componían
el clero en Egipto también podían ser propietarios
de tierras particulares que podían llegar a tener una extensión
de hasta 1,5 hectáreas cada una, y que podían ser
vendidas a otras persona en caso de necesidad. Afortunadamente
para los amantes de la Historia de Egipto, estas transacciones
han quedado registradas en los respectivos documentos de transmisión
por lo que existe un amplio estudio sobre el tema.
Por último, y en relación al régimen de tierras
de los templos, también existían las tierras llamadas
Jato; éstas eran propiedad del monarca pero su administración
y explotación se encontraba en manos de los santuarios.
Cuando existían problemas económicos, los templos
contribuían a paliarlos con los bienes de los santuarios
y con las tierras Jato que éstos explotaban.
Dentro del amplitud del término "Templo" no
queremos olvidar aquellos enmarcados dentro de las fundaciones
piadosas en honor de los faraones muertos, los mismos también
presentaban las mismas necesidades ya que la necesidad de tierras
como sistema de subsistencia para su abastecimiento provocó
que se le fuesen concedidos terrenos provenientes de los dominios
reales. Éstos también estaban dotados de sus campesinos
y animales encargados de producir los bienes necesarios para garantizar
las ofrendas propias del culto. Dichas tierras podían ser
administradas directamente por las autoridades del templo, particularmente
por el Sumo Sacerdote.
A las
puertas del Imperio Nuevo los templos adquirieron un destacado
papel en la economía.
Es
curioso como a partir de la concesión de terrenos en arriendo
a algunos campesinos a cambio de su subsistencia directa y con
la recolecta del campesinado para el templo de una parte de la
producción agrícola, se organizaba la estructura
del templo hasta tal punto que en sus momentos de mayor independencia
logró desarrollarse con cierta autonomía a modo
de las conocidos nomos.
Durante el Imperio Medio no hubo cambios sustanciales en la administración
y la organización del estado. El único cambio notable
fue el protagonismo que comenzó a tener el clero de Amón
en política, hecho que se acentuaría aún
más durante los años venideros.
A las puertas del Imperio Nuevo los templos adquirieron un destacado
papel en la economía debido a la amplia aportación
que realizaron en la actividad del comercio. Así, a lo
largo de todo este periodo, el Templo de Amón (en Karnak),
llegó a poseer embarcaciones que recogían, en el
exterior, tributos e impuestos que algunas ciudades debían
pagar a los templos por concesión real.
Dentro de Egipto, se convertirían en los principales propietarios
de tierras debido al culto que se les rendía a los dioses
y al desarrolló de las costumbres funerarias.
Como hemos indicado con anterioridad fue el clero de Amón
quien alcanzó su máximo nivel en política
siendo únicamente fue relegado a un segundo plano durante
el período de Amarna, en el reinado de Akenatón,
llegando incluso a ser retiradas las donaciones que obtenían
del estado. Al desaparecer Amón desaparece también
el culto, el sacerdocio pierde sentido y su estabilidad y poderío
se ve amenazado. En los tiempos en que Atón era la única
divinidad todos y cada uno de los templos tenían que pagar
un tributo al templo de dicha deidad.
Este hecho provocó que desapareciese todo atisbo de influencia
sacerdotal en todos y cada uno de los aspectos del país,
no sería hasta el restablecimiento del culto a Amón
por parte del faraón Tutankhamon cuando se restituyese
los antiguos privilegios del clero y se procediese a la reapertura
de sus templos.
En conclusión, el creciente patrimonio egipcio estuvo guiado
a lo largo de sus distintas etapas históricas por una serie
de agentes de entre los que destacamos el clero debido a su contribución
en el desarrollo de la agricultura, ganadería y del propio
comercio (de los sistemas y estructuras de los mismos) debido
al intenso ritmo productivo dentro de la economía del Antiguo
Egipto.