La
fama que ha precedido hasta nuestros días al insigne faraón
Keops nos llega de la mano de una de las construcciones
más importantes de la Historia del Arte, la que ha sido
considerada como una de las siete maravillas del mundo: la gran
pirámide de Keops.
A pesar de su nefasta
popularidad, Keops fue venerado como un auténtico
dios durante...
¿Pero quién fue
realmente Keops?
Aunque su verdadero nombre era Knuumun-Khufwi, que significa "el
dios Khnum me protege" es a través de su apodo (en
egipcio "Khufu") traducido al griego, Keops, como lo
hemos llegado a conocer.
De entre la cuantiosa información
revelada a partir de las intensas investigaciones realizadas por
los especialistas nos encontramos con una importante controversia
a partir de la formulación de teorías sobre el lugar
que ocupó el faraón Keops en la IV Dinastía
del Imperio Antiguo; primero o segundo, lo único que realmente
sabemos con seguridad es que su reinado transcurrió entre
el año 2681 y 2181 a. C.
La mayor parte de los testimonios coetáneos recogidos sobre
la vida y obra del faraón Keops vienen de la mano de historiadores
griegos. Herodoto es uno de estos estudiosos y de sus obras tenemos
la suerte de poder extraer abundante información sobre
el faraón de entre la nos interesa destacar la imperiosa
fama que Keops se labró como faraón malvado, amante
del lujo, egoísta y soberbio; fama que adquirió
durante su reinado con ejemplos como el de agotar hasta el extremo
a su propio pueblo con el fin de ver terminada la construcción
de su gran pirámide, granjeándose la enemistad de
todos y hasta el último de sus súbditos.
Tras la muerte de su padre, el
faraón Senefru, Keops reinaría en Egipto durante
veintitrés años con temida crueldad en un estado
estructurado en distintos nomos o distritos administrativos, dirigidos
por miembros de la familia real y de la clase alta egipcia, quienes
también tenían el privilegio de desempeñar
diversas tareas en la cada vez más poderosa administración.
Se conocen los nombres de dos de sus esposas, las reinas Meretit-es
y Menutsen, ambas enterradas en las pequeñas pirámides.
También se conoce quién fue su madre, Metep-Meres
I; tres mujeres que disfrutarían del esplendoroso reinado
de Keops y de la abundancia y faustos que se rodeó en su
reinado. Keops, como fiel amante del lujo que era, llegaría
a ser el artífice del arriesgado envío de una expedición
hasta el Sinaí con el único objetivo de encontrar
las tan apreciadas turquesas que embellecerían tanto su
vestimenta como su tumba en el momento de su muerte y explotando,
además, las canteras de diorita situadas en el noroeste
de Abu Simbel.
A pesar de su nefasta popularidad,
Keops fue venerado como un auténtico dios durante el Período
Tardío (712-332 a. C). A través del relato de otro
historiador griego, Manetón, sabemos que, en el 271 a.
C , el gran faraón llegó a escribir un libro sagrado
que, a pesar de las arduas labores arqueológicas en la
región y de que son muchos los estudiosos que afirman su
existencia, aún hoy no se ha hallado.
Resulta realmente peculiar
el hecho de encontrarnos con la existencia de una única
representación sobre...
Herodoto, fascinado por la figura
del faraón, escribió una y otra vez sobre el mismo
legándonos el reflejo de un rey impopular y egocentrista,
irrespetuoso hasta con el propio dios Ra llegando a prohibir el
culto a los demás dioses y ordenando que la tumba a erigir
fuese tan alta que ocultara la luz del sol.
Ese afán por centrar el poder en su figura también
se tradujo en el rito funerario egipcio; el propio faraón
llegó a ordenar a su primo Hemon erigir la mayor y primera
pirámide de un conjunto, actualmente llamada la Gran Pirámide.
Como su nombre lo indica, la pirámide de Keops es la más
grande del mundo y hasta el siglo XIX fue la más alta;
estaba estructurada a partir de unos planos que fueron modificados
hasta en tres ocasiones por deseo expreso del faraón. La
altura de la pirámide estaba pensada para medir 147 metros
de altura (aunque luego sólo tenga 137 metros de alto a
causa de la acumulación de arena en la base por la erosión)
y 230 metros de lado, y estaba edificada con bloques de piedra
local, de calidad mediocre, cuidadosamente unidos y recubiertos
en su origen por piezas de piedra caliza blanca y pulida, hoy
desaparecidas, que la hacían brillar en el desierto.
Veinte años fueron los
necesarios para erigirla y en su construcción, se utilizaron
2.300.000 bloques de piedra y más de cien mil esclavos negros, hebreos y barbariscos (incluso se ordenó a los
hombres libres ayudar a los esclavos) quienes trabajan hasta el
agotamiento con el fin de que Keops lograse algo nada más
envidiable como es el don de la inmortalidad. Muchos de estos
hombres murieron por la fatiga o por el trato de los guardianes,
y el resto fue sacrificado por orden del faraón una vez
terminado el trabajo para evitar que los ladrones de tumbas tuvieran
más fácil descubrir la entrada a la pirámide.
Durante este tiempo todo Egipto se vio sumido en la más
pura miseria, el enorme esfuerzo económico que suponía
el gobierno del faraón provocó que el pueblo sufriese
privaciones, como por ejemplo la reducción de las ceremonias
religiosas, y miserias al imponerse, por ejemplo, el pago de fuertes
impuestos.
El simbolismo de la pirámide
de poder omnipresente y de "más allá del tiempo"
se ve representado en cada una de las cuatro caras de la pirámide,
cada una orientadas a los cuatro puntos cardinales. En su interior,
al que se llega tras recorrer un complicado sistema de corredores
y pasillos que quedaron clausurados, se encuentra la cámara
mortuoria con el sarcófago. Al este de la pirámide
se levantaba un templo funerario al que se llegaba por una calzada
de piedra que desembocaba, abajo en el valle, en un templo que
acogía la barca con el cuerpo del soberano en el momento
de los funerales.
Resulta realmente peculiar el
hecho de encontrarnos con la existencia de una única representación
sobre el faraón Keops a pesar de su afanado interés
por figurar; esta pequeña estatuilla fue encontrada en
el templo de Khentiulmentiu en Abybos, la ciudad sagrada de Osiris
situada en el Egipto medio y, en la actualidad, está conservada
en el Museo de El Cairo.
Tras la muerte de Keops, en el año 2566 a.C., el destino
de Egipto quedó en manos de su hijo Dudufra, quien no vivió
para sucederle. Tras la muerte del faraón la familia se
dividió en tres ramas, de la tercera de las cuales surgió
Kefrén (Khare en egipcio) que construyó la segunda
pirámide del conjunto.