Quizá,
ésta sea una de las historias mitológicas del antiguo
Egipto más interesante. No sólo por el valor literario
de las diferentes versiones que se han ido transmitiendo a lo
largo de los siglos, lo que ha permitido que se recupera en la
actualidad.
El
aspecto más a destacar es el fundamental valor histórico
que guarda este relato. No en vano, la mayoría de composiciones
mitológicas encierran entre sus líneas concepciones
del mundo e interpretaciones del desarrollo histórico de
la sociedad donde se han gestado.
La lucha
entre Horus y Set tiene un claro componente riguroso. Egipto,
en los inicios de su andadura histórica como país
unido, habría vivido una serie de enfrentamientos entre
el norte y el sur. No sólo se trataría de una lucha
en su sentido propiamente dicho. Habría implicado la competencia
entre dos concepciones culturales sobre la vida, dos formas de
entender y concebir el mundo.
A finales
del IV milenio a. de C. Egipto se unificó bajo el poder
de un único soberano. Antes, el país se encontraba
dividido: Los habitantes del Bajo Egipto eran adoradores del dios
Hours; los del Alto, del dios Set. En torno a la fecha señalada,
el Bajo Egipto se anexionaría el resto del territorio en
torno a El Nilo. Anexión que, en un primer momento, no
implicó una ocupación efectiva del país,
sino la introducción de enormes influencias culturales
así como la imposición del culto al dios Horus.
No en vano, los faraones del nuevo Egipto unificado reciben a
partir de este momento el título de "Semshu Hor"
que puede traducirse como "servidores de Horus".
El cuerpo
religioso egipcio se encargó de codificar, y por supuesto
mistificar, esta historia. Los posteriores escritores grecolatinos
la recogieron, evidentemente transformándola, y la transmitieron.
Horus era
hijo de Osiris y de Isis, que a su vez eran hermanos entre sí.
Set era hermano de Osiris y de Isis, por lo tanto tenía
relación familiar con Horus. En el famoso y fundamental
mito de Osiris, Set, por envidia, le habría dado muerte.
Osiris, que gobernaba el mundo, habría suscitado la envidia
de su hermano Set. De esta forma, Set asesinó a Osiris
y le despedazó. Tuvo el camino libre y ocupó el
trono vacante por la muerte de su hermano, pasando a gobernar
a los hombres. Sin embargo, a través de diversas peripecias,
Isis, la esposa de Osiris, consiguió engendrar un niño
de su difunto marido. Este niño sería Horus, llamado
a ocupar el trono de su padre fallecido injustamente a manos de
su propio hermano.
Criado por
Isis, Horus pronto alcanzó la madurez suficiente para reclamar
el trono que por derecho le pertenecía. Esta aspiración
legítima al poder marcaría el enfrentamiento entre
ambas divinidades, tío y sobrino, Set y Horus. Son muchas
las versiones que se transmitieron en el antiguo Egipto sobre
este conflicto, en muchas ocasiones de extremada violencia. La
más conocida presenta la reclamación ante un tribunal
divino.
Horus se
presentó ante un jurado divino presidido por Ra con la
intención de reclamar sus derechos al trono. La discusión
entre los diferentes dioses fue acalorada, pero Horus había
llegado a conseguir un cuantioso apoyo entre los principales dioses.
Por ejemplo, los dioses Shu y Thot se acercaron a sus posiciones.
Sin embargo, en todas estas deliberaciones no fue tenida en cuenta
la opinión del dios del Sol, que enfadado tuvo que, incluso,
aguantar los insultos de otros miembros del tribunal. Sólo
cuando se calmaron los ánimos, Ra solicitó a los
dos contendientes que defendiesen sus reclamaciones.
En este punto
aparece la importante figura de la diosa Isis. Set había
conseguido convencer a una amplia parte del jurado: el, únicamente,
dispondría de la fuerza suficiente como para defender la
barca del sol. Isis, a través de artimañas, hizo
que diferentes dioses cambiaran de opinión y apoyasen a
su hijo. Set había caído en la cuenta de la jugada
de la diosa, por lo que rogó que el juicio no continuase
hasta que ella no hubiese abandonado el lugar. Ra aceptó
la queja de Set, ordenando que el tribunal se trasladase a una
isla donde sólo se podía llegar con la ayuda del
barquero divino Nemti. Igualmente, ordenó a éste
que no llevase, bajo ningún concepto, a Isis hasta la isla.
Nadie podía
evitar la insistencia de Isis. Convertida en anciana, engañó
a Nemti para que le llevase a la isla, lo que le costaría
al barquero los dedos de los pies. Allí se transformó
en una joven de extremada belleza que, fácilmente, engatusó
al mujeriego Set. Le contó que era la viuda de un ganadero,
pero que un desconocido le había robado el ganado que por
herencia debía pertenecer a su hijo. Set no pudo disimular
su indignación, proclamando la injusticia de tal acción.
Isis, repentinamente convertida en gavilán, suplicó
la presencia de los dioses para escuchar el testimonio de Set.
El tribunal,
sin embargo, no dio crédito a la historia de Isis. De este
modo, como única vía de salida, se aprobó
someter a diversas pruebas de fuerzas a ambos contendientes por
el trono, pruebas en las que no dejó de intervenir la propia
Isis (a veces con la consecuencia de la cólera de su propio
hijo). La situación parecía haberse estancado en
un punto muerto donde la balanza no se inclinaba ni a favor ni
en contra de ninguno de los dos.
Finalmente, se rogó a Osiris que hiciera acto de presencia
desde el mundo de los muertos para dilucidar el conflicto. Sus
amenazas contra los dioses del tribunal fueron terribles. No podía
comprender cómo se negaban a dar el justo trono a su propio
hijo Horus. Set fue obligado a aceptar la sentencia, pasando entonces
a convertirse en el dios de las tormentas.