En
nuestra sociedad, el sacerdocio se entiende como una labor realizada
en contacto con la gente a la que sirven los religiosos. De esta
manera, el sacerdote es un intermediario entre la divinidad y
el pueblo.
Partiendo
de esta concepción del estamento religioso, no podríamos
comprender cuál es el papel jugado por los sacerdotes egipcios
durante la época faraónica. No en vano, durante
la larga historia antigua del país, se produjo paulatinamente
una amplia diferenciación entre la religiosidad profesada
por el pueblo y la oficial centrada en la corte del rey y en los templos.
El sacerdote
egipcio, por lo tanto, no era un intermediario encargado de poner
en contacto al dios correspondiente con el pueblo. Era simplemente
un sirviente del dios, encargado de realizar toda una serie de
rituales destinados a hacer más agradable la vida de la
deidad en su morada terrestre, el templo. No en vano, el alto
clero egipcio era conocido como "hemen – netjer",
el "sirviente del dios".
El clero
se encuentra perfectamente estructurado y organizado, con plenas
funciones, a partir de la V Dinastía, a mediados del III
milenio a. de C. No está muy clara la formación
que seguían los futuros miembros de los estamentos religiosos
egipcios. En opinión de algunos investigadores, los futuros
sacerdotes recibirían una educación en las llamadas
"casas de la vida" anexas a los templos. Estas "casas
de la vida" eran archivos y escuelas dependientes de los
templos. En ellas, los estudiantes recibían nociones de
escritura y enseñanzas básicas en relación
con los ritos que deberían seguir. Para otros egiptólogos,
se darían otros modos de llegar al cargo sacerdotal. De
esta forma, son numerosos los casos registrados en diferente documentación
histórica, donde se puede observar cómo el cargo
sacerdotal se ha ido transmitiendo de padres a hijos a modo de
herencia. Por último, una tercera opción vendría
determinada por la propia compra del cargo. Así, no serían
extraños los casos en que se pudiese adquirir la categoría
mediante la entrega de una determinada cantidad.
Una vez que
entraba dentro de la casta sacerdotal, el nuevo miembro tenía
que afrontar una ceremonia de investidura, lo que oficialmente
le otorgaba su cargo, y unos ritos de iniciación específicos
en relación con el templo al que iba a servir.
El cargo
sacerdotal conllevaba numerosos privilegios para quien lo detentase.
El poder político del sacerdote era enorme, sobre todo
en determinados momentos de la historia egipcia faraónica.
La mayoría de privilegios del clero eran económicos.
Los templos disponían bajo su exclusiva propiedad de innumerables
tierras y posesiones de todo tipo, e incluso, sirvientes que trabajaban
estas posesiones. Esta enorme capacidad financiera se vio pronto
acompañada por el poder político. Durante el Imperio
Nuevo, fueron frecuentes las disputas entre el poder secular del
faraón y el religioso. Uno de los ejemplos más famosos
de esta disputa vendría dado por la revolución monoteísta
promovida por el faraón Amenofis IV, y como su sucesor
Tutankamón fue un simple objeto a manos del clero tradicional
en su deseo de volver a la situación tradicional. Durante
la dominación griega del país, el clero fue siempre
un elemento social insurgente contra el poder helenístico.
En el Egipto antiguo existían diferentes tipos de sacerdotes. Cada ciudad
tenía su propia advocación a un dios en particular.
De esta manera, cada divinidad disponía de su propio clero
a su servicio. Se ha llegado a calcular que alguno de los templos
más importantes del país llegó a contar con
más de 80.000 personas a su servicio.
Se puede
distinguir un alto clero de los sacerdotes comunes o auxiliares.
Los primeros denominados "hemen – netjer" o
"sirvientes del dios" y los segundos "wab".
Entre los primeros, se organizó una escala fuertemente
jerarquizada, donde el máximo poder recaía en las
manos del Primer Profeta, siendo el Segundo el encargado de la
administración de los bienes materiales del templo. Por
debajo de ellos podemos distinguir un Tercer Profeta, el Cuarto,
y así sucesivamente, con cotas de poder más restringidas.
Por su parte, los "wab" tan sólo cumplían
misiones de apoyo a este alto clero en las diferentes ceremonias
religiosas. Se dividen en cuatro grupos, denominados "tribus",
que se encargan de asistir en las tareas religiosas durante un
mes alternativamente. Incluso, existían sacerdotes específicos
según las tareas que tuvieran encomendadas. Uno de los
casos más concretos sería el de los "sem",
el clero relacionado con todos los ritos funerarios.
En cuanto
a la distinción según la divinidad a la que honrasen,
los sacerdotes de Amón, Ptah, Ra y Thot eran los más
poderosos. Las mujeres también podían ingresar en
los templos como sacerdotisas. Eran las encargadas de los cánticos
y bailes en honor de los dioses. Su importancia fue grande durante
el Imperio Antiguo, aunque durante el Medio decayó para
recuperarse de nuevo durante el Imperio Nuevo.
Más
o menos, en la mayoría de templos se seguía un ritual
diario común. El dios moraba en el interior del templo,
y debía ser servido por los sacerdotes. De este modo, se
realizaban ofrendas a su estatua, que también era bañada
y profusamente decorada. Sin embargo, el pueblo nunca participaba
de estas ceremonias, sólo podía hacerlo en el caso
de contadas excepciones de celebraciones exteriores al templo.
El faraón, en principio, debía ser el que llevase
a cabo todos estos rituales para honrar y satisfacer a los diferentes
dioses. Sin embargo, la imposibilidad material de llevar a cabo
esta importante tarea para el desarrollo normal de la vida en
Egipto, llevaría a que el faraón delegase estas
funciones en un personal cuyas funciones se especializarían
en servir a los diferentes dioses. De esta manera, surgiría
una clase sacerdotal que llegaría a conformarse en uno
de los estamentos más privilegiados de la sociedad egipcia
antigua.