Análisis y comentarios
Dos éticas: Platón y Aristóteles

Lo primero que debemos afirmar sobre las éticas que postulan Platón y Aristóteles es que, son, como la mayoría de los planteamientos de la filosofía moral, programas de vida válidos, salvadas las distancias, en estos tiempo como en aquellos y que ambos pertenecen a la línea intelectual de la moral.

Esto es, a la tradición que, teniendo como punto de partida el intelectualismo moral socrático para quien el malo es el ignorante, pretende centrar la conducta y la formación moral en el hecho de que la inteligencia domine sobre nuestros afectos, sentimientos y pasiones.

La razón es la controladora suprema y el inmoral es fundamentalmente un ser humano descontrolado, falto de control, al que hay que enseñarle a someterse a los dictámenes racionales. Esta línea de moral se pone en crisis con los sofistas contemporáneos de Sócrates, pero volverá con fuerza en la ilustración inglesa del XVIII capitaneada por Hume, para quien los afectos y pasiones tienen algo más que decir en la dirección de nuestra acción y no se dejan dominar tan fácilmente. Lo cierto es que para Platón, como para su discípulo Aristóteles, la participación prioritaria del intelecto es indispensable para la existencia de un verdadero comportamiento moral.

Ahora bien, la filosofía moral de Aristóteles se distancia de la de Platón. Mientras que la del maestro ateniense está supeditada a la instauración de la justicia en la "polis", la del discípulo estagirita piensa mucho más en la felicidad individual. Para conseguir la justicia en la "polis" Platón sostiene que los individuos deben comportarse virtuosamente. Hay una continuidad entre el individuo y la sociedad y tienen, de fondo, la misma estructura. Así, la justicia se conseguirá cuando el individuo domine, por medio del intelecto sus apetitos y afectos, como el auriga que domina al caballo blanco y al negro, logra terminar la carrera sin que se encabriten ni desmanden los corceles. Pero, a su vez, ese individuo tiene que estar inserto en una ciudad en la que el gobernante sabio controle racionalmente a los defensores o guardianes de la ciudad y a los que son productores en la misma. Platón inaugura con ello las éticas de la justicia. La felicidad es secundaria. Sin embargo, Aristóteles plantea la actitud virtuosa como aquella que puede conducirnos a la felicidad.

El camino a la dicha personal está sembrado de decisiones personales que deben guiarnos sorteando los vicios extremos para colocarnos en el justo centro, de acuerdo al conocimiento de la propia debilidad y al ejemplo de los hombres prudentes. Aquí se ve cómo el planteamiento que uno y otro autor hacen del término virtud es muy diferente, dentro de la común significación griega de la "excelencia". La virtud es en Platón pluriforme y jerarquizada. Cada estamento ciudadano y cada capacidad personal desarrolla una virtud. Así, la inteligencia es propia de la razón individual y del sabio gobernante; la fortaleza, lo propio de los nobles sentimientos y de los defensores de la ciudad o guardianes y, por último, la moderación gobierna al unísono al "alma concupiscible" humana y a la clase proletaria de la ciudad. Todas las virtudes se escalonan para conseguir la armonía personal y comunitaria en la que consiste la justicia. Pero Aristóteles, sin despreciar la influencia social, que le hace pensar que sin una buena constitución no se construyen buenas personas, plantea la ética más personalmente y, con ello, la excelencia o virtud. Para el Estagirita hay que apartarse de todo exceso para lograr ser virtuoso.

Hay que trabajar el término medio, que nos obliga a discernir que, por ejemplo, virtudes que el cristianismo apetecerá más tarde, como el celibato o virginidad, la pobreza o la obediencia no pueden ser, racionalmente hablando, más que excesos y, por lo tanto, vicios. La ética de Aristóteles está sembrada de un auténtico sentido común que le ha hecho apetecible al espíritu anglosajón, no dado a los extremismos, y la moral platónica ha servido de base e iluminación de extremismos utópicos de justicia o de estructuras jerarquizadas o cerradas que pretenden imponer la justicia. Sin embargo sigue siendo un modelo válido de colaboración del individuo y la sociedad y esconde la más auténtica verdad marxista: no hay renovación del individuo sin transformación de las estructuras que le rodean. El esfuerzo social es, por tanto, fundamental en Platón.

La sociedad, cambiando de estructura, hacia la justicia, debe favorecer al individuo, "tirar" de él. Pero Aristóteles centrará el esfuerzo volitivo en la persona. No hay felicidad sin empeño individual. Como consecuencia, el esfuerzo que se realiza para comportarse virtuosamente es notable, de la misma manera que el arquero debe hacer un gran esfuerzo y entrenarse hasta dar en la diana. Pero el ser humano que lo consiga actualizará al máximo sus potencialidades y podrá llevar una vida plena, dedicada a algo que tienen en común y con lo que disfrutan todos los seres humanos, puesto que todos gozan de razón: la contemplación del mundo, el conocimiento intenso y extenso de las cosas.

Sin embargo para los que poseen un intelecto práctico y el goce intelectual no les llena tanto, también podrán encontrar la felicidad, ya que la felicidad se encuentra al alcance de todos. Sin embargo es imprescindible tener los medios materiales necesarios para ella.

El pobre o el enfermo sólo pueden ser felices excepcionalmente. Hace falta comida, cobijo, amor, salud y sobre todo amistad y todo eso de modo continuado, de forma que sólo seremos conscientes de nuestra felicidad al final. Aristóteles da una importancia decisiva a la amistad, especialmente en su "Ética a Nicómaco". Los amigos buenos son los lenitivos de la desgracia en otros elementos de felicidad, sin embargo, no anulan, como en las éticas helenísticas, el deber de construir una sociedad en la que se luche por la excelencia humana.

Se ha dicho que el comportamiento ético es selectivo y aristocrático en Aristóteles. Nada más lejos de ello. Si bien es cierto que no todos los humanos gozan de "salud, dinero, amor" y tienen amigos verdaderos, puede éste ser un patrimonio común de la humanidad, sin embargo en Platón, por talante y elección, se ve la vena aristocrática y jerárquica, exclusivista. Sólo los convenientemente educados y elegidos oligárquicamente pueden optar por una educación que les lleve al poder.

En Platón predomina el deber, el que cada uno trabaje desde su sitio sin molestar el orden establecido. Habrá resonancias en Kant y en todas las éticas de la justicia que subordinan la felicidad a la búsqueda de la justicia. Habrá en éticas tan antiguas una opción liberal de Aristóteles y una opción igualitarista y comunitarista en Platón. No hay tanta lejanía entre los pensamientos ni nada se pierde en la historia de la filosofía.

...por Cristina M. Null

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