Lucio
Anneo Séneca fue el segundo hijo de una familia provincial
de la Bética romana, bien acomodada y perteneciente al
orden ecuestre. Nació y pasó su infancia en Córdoba.
Fue, sin embargo, educado en Roma, donde pasó la mayor
parte de su vida.
Su carrera política fue
muy desigual, sufriendo condena bajo el singular Calígula
y luego destierro bajo Claudio. Fue acusado por conspirar contra
Nerón en el año 65 y se suicidó, cortándose
en el baño las venas, por mandato del emperador, en un
gesto semejante al de Sócrates. Su estilo estoico es eminentemente
moral, en nada aficionado a especulaciones cosmológicas
o lógicas.
Sus esfuerzos se centrarán
en presentar la imperturbabilidad del sabio en ambiente de polémica
política y persecución por la opinión pública.
En todo momento el sabio debe presentarse como feliz y sereno
ante el acoso ajeno. Si bien ha sido bastante criticada la incoherencia
de Séneca respecto a la frugalidad pedida
al sabio y su vida de relaciones sociales y riqueza, hay que decir
que lo que Séneca enseña es precisamente
la indiferencia ante la riqueza, el hecho de que el sabio estoico
se mueve igual entre ricos que entre pobres, entre necios que
entre ilustrados. Su convicción no puede ser más
firme: "el hombre bueno es más fuerte que las circunstancias
y no puede recibir daño alguno", esto es, aunque
los reciba, no puede tomarlos por males, ya que cree profundamente
en la Providencia natural que todo lo gobierna. Por eso defenderá,
en varios de sus Diálogos "la firmeza del sabio",
como el mejor distintivo de un espíritu esculpido en las
adversidades. Consolará de las pérdidas diciendo
que "nuestra vida es como un viaje a Siracusa", mezcla
de maravillas vistas en la tierra y en el mar, de dolores y de
nostalgias, pero espectadores maravillados, que saben intentarlo
todo y deben optar por soportar el dolor para adornar, regir y
conformar la vida.
La altura ética
de Séneca se comprende cuando se lee la necesidad
del autoexamen para liberarse el ser humano de lo que
internamente puede destruirle.
Para comprenderlo, baste con reproducir
algo de su definición de felicidad: "Es una vida
feliz la que va de acuerdo con la propia naturaleza; esta vida
no puede existir más que si, en primer lugar, la mente
es cuerda y no pierde jamás la cordura; después,
si es decidida y apasionada además de sublime en su sufrimiento,
si se adapta a las circunstancias, no está angustiosamente
preocupada por su cuerpo y por las relaciones con él; es
más, está pendiente de las otras cosas que constituyen
la vida, sin sentir admiración por ninguna, dispuesta a
utilizar los bienes de la fortuna, no a esclavizarse a ellos."
El resultado de todo esto, es para Séneca la libertad que da la serenidad y la independencia de ánimo,
y la consiguiente paz. Toda "ferocidad" conlleva infelicidad,
la "ira" es nuestro peor enemigo, los amigos de la
felicidad son la amistad y la sencillez. La vida no es breve.
Solamente los sabios viven plenamente, porque nada que sea inevitable
les hace desgraciados. La
altura ética de Séneca se comprende
cuando se lee la necesidad del autoexamen para liberarse el ser
humano de lo que internamente puede destruirle. La noción
de "conciencia" como instancia superior a toda ley,
que acompaña siempre a todo ser humano y que juzga sus
acciones entraña para él caracteres de doctrina
fundamental. La disposición del ánimo determina
para Séneca la moralidad de la acción.
Es el primero en hablar de la "voluntad" en el acto
moral. Es notable la recomendación de que se debe hacer
bien incluso al ingrato y su constatación de que nadie
puede ser sabio sin haber obrado el mal y haberse arrepentido
de él. Séneca es el autor estoico
que con más insistencia ha hablado en contra de las desigualdades
sociales y, especialmente y al contrario de otros estoicos más
conformistas, contra la esclavitud. La norma social que da es:
"compórtate con los inferiores como quisieras que
se comportasen contigo aquellos que se hallan por encima de ti".
Por lo que respecta al lazo que une a todos los hombres, éste
es la fraternidad y por eso debe reinar entre ellos un afecto
o amor universales.
Habla, como todos los estoicos,
pero incluso con tintes de familiaridad, de la Ley racional que
gobierna todo el universo como si se tratara de una divinidad
viviente, aunque sabemos que no podía darle el tratamiento
que luego – malinterpretándole – darían
los cristianos a su Dios. Él mismo aclara que se trata
de la Razón intrínseca que se plasma en la materia,
de una providencia inmanente, aunque esté adornada de caracteres
tan personales. Pero igualmente resulta confuso a la hora de hablar
del alma. A veces parece defender un dualismo platónico,
a veces, según la línea tradicional estoica: la
convicción de que el alma es el cuerpo, sustancia pneumática
o simple hálito vital.
Tiene Séneca también momentos para el humor, lo que hace de él
un estoico sui generis. Así, en su obra "transformación
en calabaza", un "juego" a propósito
de la muerte del emperador Claudio, contempla al gobernante llegando
a un averno irrisorio donde todos se burlan de él. Séneca,
aun cuando entronca con el estoicismo romano y tiene sus características,
posee, como ningún estoico, la capacidad de ahondar en
el alma humana y sus estados de ánimo, y de hecho, en toda
su producción concede importancia especial al individuo
y a su felicidad. Hablar de "senequismo" como de fatalismo
y asociarlo al carácter español ha sido un flaco
servicio a la filosofía española y, en especial
a la hispano-romana.
Tal
vez haya en Séneca algo de hispánico,
pero él quiso ser de aquí sin dejar
de ser de todos y esto es lo que para nosotros debe
contar en torno a su figura.
El providencialismo de Séneca no tiene que ver nada con el fatalismo de cuño islámico.
Hay en él una extraordinaria confianza ante las leyes de
la naturaleza que se cumplen fielmente y que también, supuestamente,
afectan al individuo humano, tratado con cuidado por el universo.
Tampoco es de recibo el Séneca cristiano,
que supuestamente se habría carteado con San Pablo. Estas
cartas se inventaron en el siglo IV de nuestra era para prestigiar
el mensaje cristiano. Séneca, sin embargo,
influyó en Hispania. Es el caso de Martín de Braga
en el siglo VI y de la medievalmente famosa "Formula vitae
honestae". Tal vez
haya en Séneca algo de hispánico,
pero él quiso ser de aquí sin dejar de ser de todos
y esto es lo que para nosotros debe contar en torno a su figura:
la de un hombre que ama al ser humano, que consuela y comprende,
que ama tiernamente a la razón profunda de las cosas y
quiere hacer racional al hombre y razonable a sus relaciones.
Por todo ello ¡Salve, Séneca!