"El
Principe" fue en la década de los 90 del pasado siglo
el libro de cabecera de los yupis neoyorkinos. Tal vez porque
el capitalismo sea experto en reciclar ideologías e ideólogos
o porque se siga viendo en este hito politológico del Renacimiento
la confirmación y el despliegue de las actitudes que más
íntimamente han constituido al sistema capitalista, no
en vano la obra se mueve en los orígenes del poder mercantilista.
El libro expone
los principios fundamentales que deben guiar a un gobernante.
Lo hace de manera lineal, ordenada y clara. Parece que en la época
de Maquiavelo triunfan los que actúan sin vacilaciones,
conviven y hacen la cama al ejército y a otros poderes
fácticos, buscan ante todo el apoyo populista, van adecuando
sus decisiones a las circunstancias, hacen de la utilidad una
forma de gobierno y cuentan con sus propias fuerzas de seguridad.
De ahí que cite a personajes concretos a los que admira:
los papas del Renacimiento como Alejandro VI, el papa Borgia,
Julio II, el papa guerrero y a reyes como a Fernando el Católico,
a quien la historia tiene por casi santo y resultó que
era un auténtico bandido.
Maquiavelo
nos ofrece la variedad de principados posibles en su tiempo, pero,
entre todas las descritas, destaca con singular afecto la situación
del príncipe "nuevo": el gobernante que se
ha hecho a sí mismo (semejante al estilo de hombre americano),
que conquista el cargo y no lo hereda. A este individuo es a quien
quiere presentarle el modelo a seguir, absolutamente antiplatónico,
completamente realista: con sus peligros a evitar y sus sugerencias
a seguir.
Los análisis
de Maquiavelo me parece que siguen siendo válidos en las
actuales circunstancias. El príncipe gobierna y en su gobierno
es astuto y cruel, invade territorios ajenos, persigue hasta el
último escondrijo y elimina a sus enemigos, supera todas
las críticas y los obstáculos que se le van proponiendo,
crea ejércitos y armas nuevas, se intenta ganar al pueblo,
ya por la persuasión de su elocuencia, ya por la violencia,
cuando la anterior no funciona.
El príncipe
está convencido de que los hombres son malos por naturaleza,
se inclinan, por tanto, más tímidamente al bien
que al mal. Sabe que debe colocar, sin que se note demasiado,
a sus hombres de confianza en los puestos neurálgicos del
Estado y para ello debe ir eliminando a sus rivales, porque intrigarán
tarde o temprano contra él. Para ello lleva a cabo purgas,
incluso matanzas tan monstruosas como silenciadas, asesina, deporta,
confisca y violenta a quien sea para construir a su imagen y semejanza
una máquina de poder apropiada a sus fines, que no son
otros que los de mantenerse a toda costa en el poder y beneficiar
a los suyos, so capa de beneficiar a todos.
La ambición
del príncipe no tiene medida. Tenderá a gobernar
no ya estados vecinos, sino el mundo entero si le fuese posible.
Para Maquiavelo el hombre que quiere gobernar no puede hacerlo
con el bien por bandera porque está gobernando inevitablemente
sobre hombres malvados. Sólo cuando se hallan en la necesidad
obran algunos el bien. En esa visión negativa de la naturaleza
humana se apoya la justificación para todo desmán
del gobernante. El texto está lleno, por eso mismo, de
amargura y de vehemente pesimismo y de una convicción,
atestiguada en su experiencia: las posturas ambiguas o indecisas
conducen al fracaso del ejecutivo. Para enfrentarse a una fuerza,
hay que hacerlo con más fuerza; para ganar al igual, nuestra
fuerza debe ser mayor.
La tercera
sección de la obra, que trata de las cualidades del príncipe,
es la más amplia y me parece la más importante.
En ella se plantea dialécticamente la relación que
aquél que gobierna ha de establecer entre los medios y
los fines. El fin que, a juicio de Maquiavelo, debe prevalecer
es la conservación del poder a toda costa. Por ello será
el gobernante reconocido y envidiado.
En la cuarta
sección se analizan una serie de nociones interesantes
para el poderoso como las de necesidad, prudencia y oportunidad;
pero prima la relevancia concedida a la "fortuna",
que es, a mi modo de ver lo "objetivo" en los acontecimientos
sociales y que es necesaria, ya que juzga el cincuenta por ciento
de nuestras acciones, pero que debe ser encauzada por lo que se
designa como "virtud", y que, según mi opinión
vendría a ser lo subjetivo ante los fenómenos de
la sociedad, en ella se colocan cualidades del hombre fuerte que
harían las delicias de Nietzsche en su "trasvaloración"
de los valore morales. Son: la energía, la capacidad de
trabajo, el valor para la acción orientada a los fines
del Estado, el ímpetu, la organización, el conocimiento
("profesionalidad", lo llamaríamos ahora),
la capacidad de anticipación, la adaptación (casi
camaleónica) a las circunstancias, la energía por
encima de la suerte que pueda acontecer.
Su sempiterna
referencia es lo que le confiere asimismo actualidad: la insistencia
en que la política está más allá del
bien y del mal morales (de nuevo algo muy nietzschiano), que en
política es el drama, y a veces la tragedia, entre voluntad
y circunstancia, la que decide las situaciones, que la identificación
con el pueblo vale a veces más de lo que a éste
se le puede ofrecer o cumplir de entre las promesas ofrecidas.
Es llamativo
que proponga a las leyes, la religión y la educación
como los medios ideales para cohesionar al pueblo y someterlo
al dictado del príncipe, lo cual indica ya en tiempos tan
remotos la necesidad de que la política social se articule
por medios legales, tenga en cuenta las creencias de la población
(entendiendo éstas de modo amplio) y se traduzca en una
política educativa eficaz. Maquiavelo, pues, sigue siendo
útil e inquietante. Seguido por unos, despreciado por otros,
este florentino, filósofo aúlico de los Médicis,
nostálgico de la grandeza política de los romanos,
representa un referente permanente de la actitud política,
su "príncipe" nos recuerda a personajes actuales,
¿Por qué nos recordará siempre al político
de turno, sea el que sea? ¿Será esencial al poder
el maquiavelismo o será el maquiavelismo simplemente la
expresión más radical de las relaciones entre humanos?
Esta no es más que una invitación a leer y a opinar.