¿Es
comerse a un dios un acto filosófico? ¿No se lo
merendó Nietzsche con patatas y después lo regurgitó
convirtiéndose él en superhombre (ya sabéis
que de lo que se come se cría)? ¿No se lo cenó
Marx después de despojarlo de las mentes de las personas
explotadas laboralmente?
¿No
se lo desayunan hoy en día los filósofos postmodernistas
en su afán de quitar más sentido al poco que otorgaba
esa figura divina? Pues bien, antes que todos estos filósofos
(o contemporáneos suyos pero sin haberles leído)
había y hay sociedades que se comen a sus dioses. Esto
constituye todo un acto filosófico.
El origen de la costumbre teofágica
del cristianismo de comer hostias en la eucaristía (es
decir, el cuerpo del Cristo-Dios) estriba en la ingesta del grano,
al que los pueblos antiguos de Europa consideraban representación
del espíritu divino. Al término de las cosechas
daban forma humana al pan dotándole de carácter
sacramental ya que lo que decían comer es el cuerpo del
espíritu de la mies (creen comer el fondo platónico,
más que la forma).
Antes de que los españoles descubrieran
América, los aztecas ya comían pan sacramentado
como cuerpo de un dios.
El grano nuevo representa a la
divinidad en varios pueblos actuales, de este modo los lituanos,
cuando comen pan hecho de grano nuevo, se tiran de los pelos unos
a otros. Un gran número de estonios no comen pan hecho
con grano nuevo si no han mordido hierro antes. Costumbres similares
se dan en otras sociedades con variopintos alimentos como las
patatas y el arroz.
Antes de que los españoles
descubrieran América, los aztecas ya comían pan
sacramentado como cuerpo de un dios. Con la masa hacían
una imagen de la divinidad "Huitzilopochtli" y sus
pedacitos eran comidos por la población dos veces al año.
Una vez comido no ingerían nada más durante un día
para no contaminar a su dios yaciente en el estómago con
cualquier otro alimento "no divino". Además,
tenían una ceremonia denominada "teoqualo"
(que significa "el dios es comido") en la que trocitos
de pasta de granos considerados parte de la divinidad eran comidos
por todos los varones, desde los bebés hasta los más
viejos, dejando terminantemente prohibido este acto a la mujer.
Pueblos europeos, latinoamericanos,
por no hablar de los asiáticos, se comen a sus dioses sin
paliativos. ¿Por qué? ¿Qué significado
tiene esta acción? Muy sencillo, confunden existencia con
esencia, no disocian entre fondo y forma ya que para ellos todos
los elementos del universo constituyen un todo. Comer un trozo
de pan (lo cual existe, es palpable, es físico) es comerse
la esencia que lleva dentro, y no precisamente la idea de "pan"
sino la idea de "dios" ya que el trigo es un trocito
de divinidad. Si la forma de la divinidad es el pan, el fondo
es el dios, pero estos pueblos creen o creían que todo
era uno, no discriminaban entre estas dos características
sobre las que teorizara Platón.
De todas formas no hay que confundir
comerse a un dios con matarle, como hizo Nietzsche (quien afirmaba
en su Así habló Zaratustra que "Dios
ha muerto"), sino en interiorizarle, en fundir a creador
y criatura en uno en loa línea del panteísmo; en
definitiva, divinizar al hombre, sacramentarlo y ponerlo a la
altura de dios.
¿Puso dios
la comida sobre la tierra o es la comida el propio dios?
Aunque para...
Es normal pensar que el alimento
tiene algo de sagrado. Los filósofos de culturas primitivas
ya extinguidas o de aquellas a las que aún no ha llegado
Platón relacionaban el acto de comer con el de adquisición
de vitalidad y energía. Si para ellos dios es energía
o aquello que da vida está claro que el alimento es dios
o al menos está íntimamente ligado a lo divino.
No es que comer proporciones sólo placer, sino que da vida.
En dios vivimos y sin él morimos, piensan algunas sociedades,
lo mismo pasa con el alimento.
Por el contrario, vacas sagradas
y cerdos divinos se constituyen alimento prohibido. Si para algunas
sociedades es buenísimo zamparse a dios, en otras este
acto se constituye en un tabú y en un pecado de graves
consecuencias en el "otro mundo". Aunque la razón
de no comer cochinos o vacas atienda más a cuestiones sanitarias
(no transmitir epidemias) o energéticas (la bosta de vaca
alimenta los fuegos y las tierras), la divinización de
estos animales facilita que no haya que dar muchas explicaciones
a una sociedad inculta que respeta más lo mágico
que las razones lógicas.
¿Puso dios la comida sobre
la tierra o es la comida el propio dios? Aunque para la sociedad
occidental y contemporánea este dilema resulte claro, no
lo es tanto para aquellas sociedades en que no son capaces de
disociar fondo y forma o esencia y existencia.
El acto de ingesta es igualmente
la captación del mundo circundante en la que intervienen
los cinco sentidos, es decir, el ser humano se encuentra con sus
herramientas perceptivas del mundo al máximo rendimiento,
lo cual a la sociedad no "evolucionada" le hace percibir
la magia o lo divino del mundo. Olor, sabor, tacto, oído
y visión se entremezclan para captar una realidad alimentaria
que adquiere características divinas. ¡Y como no
confundirlo!
Si los filósofos occidentales
afirman que dios es omnipresente y omnipotente, no es descabellado
pensar que las sociedades primitivas (y algunas contemporáneas)
crean firmemente que el alimento se encuentra en todas partes
y que todo lo puede, ya que sin él el mundo de los seres
vivos deja de seguir rodando.