¿Creen
ustedes que la Filosofía hubiera podido existir sin la
religión? ¿Y la religión sin la magia? ¿Qué
sería de aquella sin la Filosofía? Estas tres formas
de captar la realidad están tan íntimamente relacionadas
que no hubiera sido posible ninguna de ellas de no ser porque
existían sus otras dos "hermanas". Se han retroalimentado
a lo largo de su existencia por todos los recovecos del mundo.
Antaño, nuestros
ancestros confundían magia y religión ya que
la oración era lo mismo que el conjuro.
Dice el diccionario de la Real
que "magia" es el arte o ciencia oculta con que se pretende
producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con
la intervención de espíritus, genios o demonios,
efectos o fenómenos extraordinarios, contrarios a las leyes
naturales. Igualmente, define "religión" como
el conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos
de veneración y temor hacia ella, de normas morales para
la conducta individual y social y de prácticas rituales,
principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.
Hay un tipo de magia que se denomina
simpatética y que consiste en que el mago cree que puede
producir un efecto simplemente imitándolo o que actuar
sobre un objeto que perteneció a alguien también
afecta al poseedor. Estas dos creencias, en principio falaces,
están basadas en dos principios lógicos que imperan
hoy en día y que ya citara Aristóteles en su Lógica:
la asociación de ideas por semejanza o por contigüidad
en el espacio o en el tiempo. Es decir, es un fenómeno
íntimamente relacionado con la Filosofía.
Del mismo modo, en la religión
existe un componente filosófico ya que consta, según
Frazer, de dos elementos como son una creencia en poderes más
altos que el hombre y un intento de éste por propiciarlos
o complacerlos, de lo cuales el último está íntimamente
ligado al pensamiento abstracto. Así, la fe y las obras
son cruciales para la religión.
El elemento común de ambos
términos es lo espiritual, y esa relación con lo
incognoscible ha llevado al ser humano a pensar y crear las bases
de la Filosofía. De todas formas, la magia se deduce de
los procesos elementales del razonamiento y la religión
se apoya en unos conceptos que sólo son captables por la
mente humana. Veamos a continuación cómo se ha dado
en nuestra historia humana por el mundo la relación entre
la "madre" y la "abuela" de la Filosofía.
Antaño, nuestros ancestros
confundían magia y religión ya que la oración
era lo mismo que el conjuro. De hecho, hoy en día, en países
como Haití o la República Dominicana orar y hacer
magia (a veces negra) están íntimamente relacionados.
Pero, ¿cuál es la causa que condujo a la humanidad
abandonar la magia en beneficio de la religión?.
El hecho pudo haberse dado del
siguiente modo: las mentes más lúcidas se percataban
de que no había relación de causa-efecto en los
ritos y empezaron a depreciarlos en detrimento de los adeptos
más simplones. Lentamente este desprecio fue apoderándose
de los más inteligentes ya que no podían manejar
a placer las fuerzas naturales que con anterioridad creían
en su poder. Tomar por causa lo que no era hizo al ser humano
más avezado recapacitar y reírse de las supersticiones
de sus congéneres mandando a la magia al "quinto
demonio". Contemplar que la lluvia cae sin intervención
humana, o que el sol sigue apareciendo por el este, o que el viento
se muestra cuando menos se le espera o que las aves migratorias
vuelan ajenas a la mano del hombre son factores que invitan a
pensar al observador atento que su influencia sobre dichos fenómenos
naturales es nula, con la cual la magia desaparece dando pie a
la religión.
Hoy en día,
en países como Haití o la República
Dominicana orar y hacer magia están íntimamente
relacionados.
La religión, de este modo,
es aceptada por la mente lúcida porque explica lo que la
razón no puede, pero pone en un segundo plano a la acción
humana, la cual no interviene en los procesos naturales. El primitivo
filósofo quedaba perplejo ante la incomprensibilidad del
mundo y recurría a la fe, pero jamás volvió
a retomar la magia; se podría decir que aumentó
su humildad al alejarse del centro de la acción sobre los
elementos. "Si yo no puedo"-debió pensar-
"otros serán los que dominen las fuerzas de la
naturaleza", y así surgieron los dioses de lo
más profundo de la psique.
De todas formas tuvo que ser difícil
no relacionar un rito que se hace todas las mañanas para
ayudar a salir al sol con la salida puntual del mismo. Quizá
la clave para un despertar más temprano de la humanidad
hubiera estado en dejar de hacer el rito para ver si ese día
no aparecía el lucero.
Comte nos habla en su Discurso
sobre el espíritu positivo (publicado en 1844) que
la humanidad ha ido pasando por tres fases diferentes, las cuales
denominó como estado teológico o ficticio, estado
metafísico o abstracto y, por último, estado positivo
o real. La primera de estas partes las dividía Comte en
tres, una inicial denominada "fetichismo", otra más
evolucionada a la que bautizó como "politeísmo"
y las más evolucionada llamada "monoteísmo".
Está claro para el lector
atento que la magia se encuadra, según Comte, en el estado
más primigenio de la evolución del pensamiento humano
(fetichismo). En este estado impera el instinto y el sentimiento,
los cuales pondrán las bases para poder adoptar un estado
más elevado de la conciencia, es decir, el religioso, donde
la imaginación y su método teológico pusieron
las bases para poder pasar al siguiente estado denominado "metafísico".
Es en el estado metafísico
donde se podría encuadrar la Filosofía, hija de
las dos precedentes, pero que según Comte es una especie
de enfermedad crónica inherente por naturaleza a nuestra
evolución mental, individual o colectiva, entre la infancia
y la virilidad. Habría reconvertir esta Filosofía
de lo abstracto en enunciados de hechos, particulares o generales,
que ofrezcan sentido real e inteligible.
De este modo, una vez que el ser
humano ha pasado por el mundo a través de las tres fases
espirituales (magia, religión y Filosofía) dice
Comte que "el verdadero espíritu positivo consiste,
ante todo, en ver para prever, en estudiar lo que es, a fin de
concluir de ello lo que será, según el dogma general
de la invariabilidad de las leyes naturales".