Grandes batallas
Maratón

Hasta el siglo V a.C. los intereses y la autonomía griega en Asia Menor nunca habían resultado amenazados. Sin embargo el imperio persa comenzó a extender su dominio por esa zona y a principios de siglo las colonias griegas de Asia Menor se sublevaron contra los dominadores.

En unas tres horas el infatigable Filípides corrió los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas cayendo acto después fulminado por la fatiga y convirtiéndose en un mártir.
Bajorrelieve del rey persa Darío I el Grande (c. 558-486 a.C.)
Bajorrelieve del rey persa Darío I el Grande (c. 558-486 a.C.)

Atenas y Eretria enviaron tropas para ayudar en estas revueltas lo cual provocó el malestar del rey Darío, que mandó una expedición de castigo contra los griegos. Las primeras rebeliones fueron aplastadas por los persas y eso les alentó a ir más allá. Pero en el año 492 a.C. las naves de Darío I naufragaron frente a las costas calcídicas, lo que obligó al monarca a posponer dos años el ataque contra los griegos. La primavera del 490 los persas mandaron una nueva flota comandada por Datis y Artafernes que habría de enfrentarse a los atenienses. Viéndose amenazada, Atenas pidió ayuda a Esparta y a Platea. Los primeros argumentaron que mientras durasen sus fiestas Carneas no podían llevar a cabo operaciones militares; sin embargo los de Platea, sin embargo sí ofrecieron su ayuda, gesto que Atenas no olvidaría nunca.

La de Maratón fue una batalla decisiva que tuvo lugar en la planicie homónima, al noreste de la península Ática y unos 40 kilómetros al norte de Atenas, en la que atenienses y plateos, en el curso de una sola tarde, repelieron el ataque de las tropas persas de Darío. El ejército griego, constituido por una fuerza combinada de unos 10.000 atenienses comandados por Calímaco (con Temístocles y Milcíades entre otros generales a su cargo), acampó en la explanada, mientras su enemigo persa lo hacía a poco más de un kilómetro, de espaldas al mar, superando a los griegos en una proporción de 4 a 1.

Friso de los arqueros, procendente del Palacio de Darío en Susa.
Friso de los arqueros, procendente del Palacio de Darío en Susa.

El estilo de lucha de los persas se caracterizaba por la estrategia defensiva, esperando a que el enemigo se acercase para cubrirle con una lluvia de flechas; sus oponentes, los hoplitas griegos, usaban sin embargo una táctica más ofensiva con armas pesadas (lanzas, espadas...), cascos y escudos que requería de una lucha cuerpo a cuerpo.

Por espacio de ocho días los dos bandos permanecieron enfrentados sin moverse; en ese tiempo los atenienses mandaron a un emisario, Filípides, que habría de correr hasta Esparta para reclamar su ayuda. Sin embargo como ya comentamos antes, el apoyo fue denegado por motivo de la celebración de un festival religioso, de modo que el corredor hubo de volver portando las malas noticias.

La batalla de Maratón fue decisiva en el nacimiento de la cultura europea ya que confirió a los griegos confianza en su propio destino como nación.

Finalmente, aprovechando que la caballería persa parecía haber embarcado de nuevo para dirigirse a Atenas, los griegos iniciaron el ataque obligando a los hombres de Darío a avanzar. La formación de ataque era débil por el centro y reforzada por los flancos de manera que fue capaz de efectuar una maniobra envolvente contra los persas. A decir del historiador Herodoto los griegos, escasos en número, sin caballería ni arcos, parecían una horda de locos suicidas, sin embargo fueron capaces de rodear a su enemigo cuyas armas ligeras no les permitían defenderse adecuadamente en las distancias cortas. Obligados a huir, éstos fueron perseguidos hasta sus barcos, muriendo muchos de ellos ahogados al intentar escapar.

El gran artífice de la victoria griega sería Milcíades, cuya estrategia consistió precisamente en atacar primero a los persas en lugar de someterse. Los persas sufrieron 6.400 bajas frente a los 192 muertos por parte griega, que incluyeron la del arconte Calímaco.

Sin embargo, como fuera que Milcíades temía que Darío pudiera atacar con sus barcos restantes a la indefensa Atenas, pidió de nuevo a Filípides que corriese hasta la ciudad para anunciar la victoria y también para advertir a su población de la amenaza persa. En unas tres horas el infatigable Filípides corrió los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas cayendo acto después fulminado por la fatiga y convirtiéndose en un mártir. Su gesta salvó a la ciudad ya que cuando la flota persas llegó, los soldados atenienses estaba sobre aviso y dispuestos a defenderla, de modo que los persas tuvieron que dar la vuelta y volver a Persia. Los espartanos llegaron poco después de la batalla y comprobaron atónitos que los atenienses habían sido capaces de repeler el ataque persa ellos solos.

La batalla de Maratón fue decisiva en el nacimiento de la cultura europea ya que confirió a los griegos confianza en su propio destino como nación. Parece ser que escenas de esta lucha decoraron el pórtico pintado del ágora de Atenas, junto a otras de la guerra de Troya, con lo que se equiparaba a los hoplitas de Maratón con los héroes homéricos. No sería hasta diez años después cuando los persas volverían a interferir en los asuntos griegos, teniendo como resultado la derrota de Jerjes en Salamina y Platea.

...por Raquel Cubero

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