Grandes batallas

Stalingrado
:: Operación Azul ::

En el verano de 1939 la iniciativa franco-inglesa de emplear a Rusia como instrumento de freno ante el avance alemán sobre el continente europeo, lleva a la inesperada firma de una alianza germano-rusa cuyo objetivo determinaba que, a cambio de que Stalin alejase la guerra de las fronteras germanas, Alemania ofrecería ayuda política, económica y militar a la Rusia de Stalin.

Los resultados no pudieron ser mejores para Hitler ya que, contando en multitud de ocasiones con el apoyo ruso en las campañas alemanas dirigidas contra diversidad de objetivos muy suculentos, Alemania obtendría vía libre para construir el Gran Reich.

La colaboración entre ambas potencias se vería mermada tras la atrevida interpretación alemana de "en la guerra todo vale" y tras las ansias del dictador por hacerse con los recursos petrolíferos del Cáucaso. Dicha cooperación derivaría en una realidad completamente distinta, en la que ambas naciones se veían de nuevo enfrentadas protagonizando una serie de combates librados entre el verano de 1942 y febrero de 1943 alrededor de la ciudad de Stalingrado (actualmente Volgogrado).

 
La colaboración entre ambas potencias se vería mermada tras la atrevida interpretación alemana de "en la guerra todo vale".

Hitler era devoto de la idea de alcanzar el corazón del imperio ruso ya que, una vez producida la intervención americana en la guerra, se desvanecía cualquier atisbo de esperanza de una guerra corta y exitosa. La creciente tensión anglosajona sobre el territorio europeo debía ser frenado con un Reich mucho más potente y certero, características que, a los ojos del Fürher, podían conseguirse una vez conseguida la empresa contra Rusia.

La destrucción del ejército soviético y el desplazamiento de los rusos tras los Urales abrirían un sendero hacia la conquista de los Balcanes y el tan esplendoroso Cáucaso accediendo a riquezas tan vitales como con los pozos petrolíferos de la zona que llevarían a Alemania al triunfo.

En el mes de mayo, el avance había tomado alejados puestos dando rienda suelta a ofensivas que podríamos tildarlas de preliminares como es el caso de la batalla de Manstein o la de Crimea. El preludio de la toma de Sebastopol evidenciaría la enorme dificultad de dicha empresa. A pesar de que el terreno era relativamente libre, a pocos metros de distancia el ejército rojo había instalado una fortificación de donde desplegaban una batería de muerte y destrucción a partir de la labor de artillería e infantería; y en donde los rusos demostrarían que estaban vivos y bien vivos.

El ataque, en un principio, ideado como una "guerra relámpago" observaba la toma de Stalingrado y Moscú; los primeros éxitos y el vigoroso avance germano sobre su propósito hizo que el plan se completase con la división de este objetivo y contemplando, por un lado, la ocupación de la ciudad de Stalingrado en el Volga, punto clave hacia los Urales, y, por otro lado, la continuación de las tropas en su avance hacia el sur, hacia el petróleo del Cáucaso.

El 28 de Junio comenzaba la Operación Azul, ejercicio ideado a partir del acoso alemán sobre la frontera roja y aprovechando el que Stalin no fuese apoyado por el resto de las potencias europeas quienes habían pactado un segundo frente desde donde combatir la amenaza alemana.

Tal era la relevancia otorgada a dicha campaña que sería el propio Hitler quien comandaría la empresa desde Ucrania, cerca de Vinnitsa.

En los meses siguientes, la articulación de las tropas empezó a sufrir distintos altercados que frenarían notablemente el avance; la falta de gasolina y las dificultades del aprovisionamiento entorpecían las operaciones. Tras estos percances Hitler no dudaría en correr riesgos y fortalece la idea de abrir su radio de acción aventurándose en el mismo Cáucaso en la búsqueda de combustible y en donde, a continuación, sufrirían las calamidades más desesperantes mermando gravemente los efectivos germanos y retrasando el avance.

En un principio, la toma de Stalingrado no había sido planeada como una fortaleza vital pero las enormes dificultades con las que se encontrarían la hacían un bastión inexpugnable y un botín de guerra para el propio Hitler.

Atónito ante la sucesión de los acontecimientos, el Fürher expresa su incomprensión e incluso llega a culpar a la supuesta ineptitud de sus oficiales de las desgracias que sumían a las tropas.

Por el contrario, la defensa de Stalingrado se reviste de una importancia vital para el mando soviético ya que su pérdida cortaría el último vínculo entre la URSS y el Cáucaso. El hecho de que a las tropas alemanas les estuviese costando el acceso a la ciudad y el mantenimiento de sus frentes fue aprovechado por el ejército soviético e cual no dudó en endurecer su resistencia.

En el mes de julio, bajo el mando del mariscal Timoshenko, los rusos crean un frente en donde los ejércitos e incluso la aviación opondrán resistencia al avance alemán. Poco a poco, los alemanes y sus aliados se han alineado sobre el Don, cubriendo, cara al Norte, la ofensiva contra Stalingrado. El Don no resultaba propiamente un obstáculo de gran valor, y, además, los rusos mantenían en la orilla derecha varias cabezas de puente de forma que el general Paulus, encargado de tomar Stalingrado, recibe la llegada del refuerzo del IV Panzerarmee, asume la debilidad de su flanco izquierdo y se dispone a plantarle batalla al frente rojo. Todo parece estar listo para lograr la tan ansiada victoria.

La simultaneidad de la marcha contra el Cáucaso, la maniobra de Stalingrado y el desembarco de los ingleses en Dnieppe con la posterior retirada de las tropas alemanas del frente oriental quita al mando alemán toda disponibilidad. Parece que se ha vuelto a perder otra oportunidad.

Hitler, empeñado en que "toda guerra se gana con restos", mantuvo la decadente pugna hasta el mes de diciembre cuando...  

La ciudad de Stalingrado se alzaba a modo de una larga fábrica sobre el Volga. Ésta resistía con la energía de la desesperación sobre una pequeña cadena de colinas sitiadas, en este momento, al Sur y al Norte por el VI ejército alemán.

La guerra acaba su tercer año y la ciudad de Stalin seguía encerrada sin misericordia entre "unas tenazas"; a finales de agosto se esperaba, de hora en hora, la caída de Stalingrado. Si buscamos la interpretación de Hitler ante esta crítica situación en la que se encontraban ambos contendientes dilucidaremos que su creencia era que, en ese momento, Rusia se desangraba a muerte y que existía la posibilidad de que Rusia buscara el invierno para refugiarse en él como "un animal herido en su madriguera". Debía concluir ya la toma de Stalingrado y llegar cuanto antes a Moscú.

Mientras tanto, el plan hitleriano había de dar a Alemania los petróleos del Cáucaso. En el caso de que fuesen eliminados los soviéticos del mar Negro y eliminada cualquier atisbo de contraofensiva en Crimea..., el Volga se convertía en el amplio y sólido pilar del edificio alemán en la URSS.

Como se temía, el invierno se cernía sobre la región y la suerte parecía favorecer a los rusos. La operación Urano debía ponerse en marcha ya que las importantes pérdidas y el desgaste que habían sufrido los alemanes en ningún momento se habían compensado ni en personal ni en material. La agonía del IV ejército alemán adivinaba un final desalentador.

Hitler, empeñado en que "toda guerra se gana con restos", mantuvo la decadente pugna hasta el mes de diciembre cuando, pasadas las navidades, el ejército rojo sorprende a los alemanes al otro lado del Don y crea la dispersión de las tropas italianas que refuerzan la zona.

El 8 de enero, en lontananza ondea una bandera blanca en manos de tres parlamentarios soviéticos que solicitan la capitulación de Paulus. La orden de dar una negativa por parte de Hitler no se hace esperar. Al día siguiente, el ataque de los rusos iniciarían la retirada de Alemania sobre suelo ruso siendo liberadas ciudades tan emblemáticas como son Kursk, Járkov o Rostov.

Este duelo entre Adolf Hitler y Josef Stalin concluiría en esta primera gran derrota pero aún les quedaba un asalto más. Y el hecho es que, para muchos historiadores, la batalla de Stalingrado marcó un antes y un después. Las miles de muertes producidas en ambos frentes y el crudo enfrentamiento vivido en las duras tierras de Rusia simbolizarían el punto de partida de la retirada del imperio alemán culminando en Berlín en 1945.