Momentos clave
Nacimiento de Cristo

A estas alturas, la mayor parte de los historiadores no ponen en duda la existencia de una persona real de nombre Jesús hace 2000 años y aceptan que los acontecimientos narrados por los evangelios, exceptuando las actuaciones milagrosas, proporcionan una base razonable de evidencia respecto a lo que debió de ser su vida.

Obviamente Jesús es mencionado extensamente en el Nuevo Testamento pero también está considerado como una figura histórica por otras religiones como la judía o la islámica.

La mayor parte de los historiadores no ponen en duda la existencia de una persona real de nombre Jesús hace 2000 años.

No se conoce con exactitud la fecha del nacimiento de Cristo. Un error de cálculo basado en el calendario romano ha hecho creer durante mucho tiempo que Jesús nació en el año 1 (el siguiente sería ya el primero de la era cristiana) pero incluso los propios evangelios de Mateo y Lucas dan versiones contradictorias del mismo hecho. Lo que parece algo más claro es que su lugar de nacimiento se situó en Belén -aunque esto también es discutible, dado que la tradición podría haberle asignado esa ciudad debido a que se creía que en ella aparecería el Mesías- y que su infancia transcurrió en Galilea. Por lo que respecta a la familia de Jesús los evangelios tampoco resultan muy precisos, pero parece ser que era hijo de María y de José -aunque éste no parece que fuera su padre natural- y que tuvo algunos hermanos.

Jesús empezó su ministerio público poco tiempo después de ser bautizado por Juan el Bautista, pero la naturaleza de sus enseñanzas espirituales es difícil de precisar ya que para transmitir su mensaje hacía uso frecuente de parábolas, paradojas y metáforas; pero lo que sí es seguro es que anunciaba el inminente fin de un periodo histórico. Era por tanto un predicador apocalíptico que divulgaba el mensaje de del ocaso del mundo tal y como sus contemporáneos judíos lo conocían.

Al igual que los fariseos, Jesús se opuso a las interpretaciones literales de la ley mosaica, preconizando una mayor flexibilidad en su observación, aunque no obstante tuvo numerosos enfrentamientos con ellos por su manera poco ortodoxa de practicar la religión. Algunos historiadores consideran que Jesús pudo haber sido un fariseo liberal, y que fue falsamente considerado su enemigo sólo por el hecho de que cuando el conflicto entre cristianismo y judaísmo se acentuó tiempo después, los fariseos eran la secta dominante.

A medida que su fama crecía, Jesús fue ganando seguidores, aunque durante su vida sus acólitos no fueron nada más que una pequeña secta religiosa; a su muerte, discípulos y apóstoles continuaron haciendo proselitismo de las enseñanzas del maestro entre judíos y gentiles. Pero su doctrina reformista amenazaba la estabilidad social del momento. Se granjeó la enemistad de las autoridades religiosas judías no sólo por la crítica a la que las sometía sino además porque empezaba a ser considerado por muchos como el Mesías, hecho que él nunca negó. También resulta bastante controvertida la afirmación que Jesús hacía de ser Hijo de Dios, y hasta qué punto él pretendió que se interpretara al pie de la letra..

Los siglos que siguieron a la muerte de Cristo fueron especialmente complejos para el Imperio Romano, y en medio de esos desequilibrios fue donde se empezó a gestar la semilla del cristianismo.

Jesús se dirigió a Jerusalén con sus seguidores la Pascua judía y parece ser que allí se vio involucrado en algún tipo de disturbios en el Templo. Más tarde sería traicionado por uno de los apóstoles y el Sumo Sacerdote Caifás, nombrado por el gobierno de Roma, lo mandaría arrestar. La crucifixión de Jesús fue ordenada por el gobernador romano de Judea en Jerusalén, Poncio Pilatos. No se sabe con certeza si lo hizo a instancia de los líderes religiosos judíos o si por el contrario mandó ejecutarlo por considerarlo una amenaza, ya que el supuesto Mesías incitaba a la rebelión social y era la causa de repetidos altercados. Según los evangelios, Jesús resucitó al tercer día y se encontró con sus discípulos varias veces antes de ascender a los cielos.

Los siglos que siguieron a la muerte de Cristo fueron especialmente complejos para el Imperio Romano, y en medio de esos desequilibrios fue donde se empezó a gestar la semilla del cristianismo. Las invasiones comenzaban a hacer peligrar los límites de Roma y las revueltas se sucedían una tras otra con la misma velocidad con que los emperadores eran asesinados. La religión romana, que fue siempre permeable a todo tipo de influencias y tolerante con los dioses orientales, vio sin embargo en el cristianismo una amenaza contra la que había de actuar con dureza. El número de creyentes era cada vez mayor y, a diferencia de otras religiones, el cristianismo no admitía la existencia de otro dios que no fuera el suyo. Además sus seguidores se caracterizaban por su firme creencia en un más allá, en la vida futura en un paraíso celeste, que nunca antes había estado presente en las religiones contemporáneas, y que hacía de los cristianos unos adversarios dóciles pero tenaces, que no temían a la muerte.

Con Diocleciano tuvieron lugar las más sangrientas persecuciones, pero el número de seguidores de la nueva fe -mucho menos pragmática y más espiritual que la romana, que alentaba la pobreza y la bondad y que ponía a Dios por encima del poder terrenal-, no dejaba de incrementarse.

Constantino sería el primer emperador romano que vería las posibilidades de utilizar a los cristianos a su favor y hacer de su religión la religión oficial del estado. Tras el Concilio de Nicea en el año 325 Constantino convirtió al cristianismo en un instrumento de poder en el que a partir de entonces se apoyarían los futuros emperadores y reyes. Y así, el cristianismo, que surgió como una insignificante secta judía, llegaría a convertirse en una auténtica religión con una sólida estructura jerárquica que jugaría un papel fundamental en la historia de una gran parte de la humanidad.

...por Raquel Cubero

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