Grandes hombres
Ernesto Guevara

Ernesto Guevara es uno de los hitos del siglo XX, protagonista de una época, su vida y sobre todo su muerte le convirtieron en un icono de la libertad y la rebeldía para los jóvenes de todo el mundo, un ídolo de masas todavía presente.

Metido de lleno en la espiral revolucionaria se une a Fidel.  

Nació en Rosario en 1928, en una Argentina que ya auguraba “La Gran Depresión”. Su familia pertenecía a la clase pequeño-burguesa y liberal, creciendo en un ambiente librepensador, desarrolló pronto unas inquietudes sociales y humanitarias muy fuertes, hecho que unido a su asma crónica lo empujaron al mundo de la medicina. Su implicación se multiplicó con un viaje a lomos de motocicleta por América del Sur, al contemplar la miseria de los pueblos, y el creciente colonialismo norteamericano cada vez más sangrante.

Una vez licenciado en 1953 y sin intención de ejercer, realiza un nuevo viaje, pasando por Bolivia, Perú, Ecuador... Ganándose la vida de diversos modos arribará en una Guatemala en ebullición, donde por su apoyo al proceso revolucionario de Jacobo Arbenz en 1955 tuvo que salir presto ante la invasión estadounidense, recayendo en México donde conocerá a Fidel Castro y al resto de revolucionarios cubanos del “Movimiento 26 de Julio”. Su perfil político ya estaba definido, los cubanos le dieron el último golpe de cincel.
Metido de lleno en la espiral revolucionaria se une a Fidel y al resto de los exiliados para desembarcar en Cuba y derrocar a Batista, dictador sostenido por el interés estadounidense. El 25 de noviembre de 1956 desembarcan en la isla desde el yate “Gramma” y se adentran en Sierra Maestra, comenzando así la guerra revolucionaria que llevaría a la caída de Batista y a la entrada triunfal de los guerrilleros en La Habana, 1959. Cuba se había convertido en el paradigma de la libertad para toda Latinoamérica, y así en el elemento perturbador de la “pax” estadounidense.

La guerra había convertido al extranjero “Che” en un héroe de la revolución y la mano derecha de Castro. Corto de teorías políticas, y ansioso de llevar a la práctica su ideal revolucionario, entrará en el nuevo gobierno dirigiendo primero la Reforma Agraria, clave coyuntural en todo el desarrollo socioeconómico de Latinoamérica, el Banco Nacional, y por último el Ministerio de Industria, siempre en la cúspide del poder. Su afán proselitista le llevó a viajar por todo el mundo, portavoz de la subversión y emancipación de los pueblos ante las nuevas formas de colonialismo de los Estados Unidos, su objetivo era sembrar el mundo de nuevos Vietnam, siguiendo la doctrina maoísta. Incansable trabajador, obseso con el ideal revolucionario, sus objetivos no logrados en el terreno económico, se unieron a sus crecientes desavenencias con Fidel. Su deseo de acción y la sensación de no haber encontrado su sitio en una política de la que cada día estaba menos de acuerdo, los bandazos de Castro según venía el viento de Estados Unidos o la URSS no eran aprobados por el argentino, fueron hechos que lo alejarán de Cuba y lo empujarán a intentar prender un nuevo foco revolucionario; ahora el lugar elegido será África, el Congo junto con los rebeldes de Pierre Mulele, 1965. La aventura africana fue un fiasco y a punto estuvo de dejar el pellejo; las circunstancias del país y su ciega fe en sus métodos revolucionarios, lo abocaron a la salida del país sin haber creado un auténtico foco guerrillero con posibilidades de éxito.

Tras la vuelta a Cuba se hace patente la difícil situación del argentino, la relación con Castro era veladamente tensa, además había roto con los reductos morales de la URSS, el mundo soviético había dejado de ser el espejo donde mirarse, para el “Che” habían traicionado a la revolución por su falta de apoyo a los procesos revolucionarios que no interesaban a su política de bloques, su adorado ídolo era ahora repudiado. Todo unido a su fracaso congoleño lo empujaban a una nueva tentativa. El “Che” era admirado por el pueblo, pero para la cúspide del poder cubano y soviético era un elemento desestabilizador por su cada vez más díscola y autónoma presencia. Para los Estados Unidos era un elemento a desestabilizar, y si del Congo se escapó vivo, la inteligencia americana no dejaría pasar otra oportunidad .

 
Ernesto Guevara, el “Che”, fue un revolucionario romántico que soñó con cambiar el mundo.

En 1966, con mucha fe y pocos medios, Bolivia fue elegida como nuevo foco revolucionario para extender la guerrilla al cono sur, con los ojos puestos en su tierra natal. La ceguera de sus ideas le pudo, no fue un estadista, fue un revolucionario que a pesar de tener y ver todas las puertas tapiadas intentó seguir adelante. Bolivia se convirtió en una ratonera incluso antes de entrar, la situación no era propicia, prácticamente sin sostén a nivel social o político; Cuba había aportado lo justo a la expedición para hacerla operativa, más por apartar a Guevara que por fe revolucionaria. Poco tardó la CIA en conocer el paradero del argentino. Sin ningún apoyo de la población, maltrecho por su asma crónica y con un reducido grupo de hombres, fue acorralado por el ejército boliviano con la ayuda de los agentes estadounidenses, en la Quebrada del Yuro. Posiblemente traicionado por alguno de sus compañeros fue conducido a La Higuera donde sería ejecutado y enterrado en una fosa común; en 1997 los restos de Guevara fueron localizados, exhumados y trasladados a Cuba. La imagen crística del revolucionario asesinado llegó a los confines del mundo. El hombre había muerto, había nacido el mito.

A pesar de todo lo dicho e investigado hay en su muerte claves sin resolver, por acción y por omisión. En la acción de la CIA y del ejército boliviano hay poco que decir, pero en la omisión de Ciro Bustos, Régis Debray y del propio Castro hay mucha bruma por despejar. La muerte del comandante Guevara fue un alivio para la cúspide del poder comunista, y al mismo tiempo se convirtió en un emblema para su sistema. La revolución perdía a su ariete teórico y práctico, pero ganaba una bandera.

Ernesto Guevara, el “Che”, fue un revolucionario romántico que soñó con cambiar el mundo. Eligió su vida y eligió su muerte como los héroes homéricos que sólo buscan la gloria y la inmortalidad. Con ese utópico fin de libertad para los pueblos y redención para los oprimidos puso todos los medios a su disposición, nada expeditivos, sólo con plomo se lograría su revolución… no lo consiguió.

...por César Martín

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