Político
ateniense, Pericles es uno de los grandes personajes del mundo
antiguo y de la historia de la democracia. Su figura representa
el apogeo y el ocaso de la primera democracia de la historia.
Aristócrata
de nacimiento, había nacido en el seno de la élite
en torno al año 490 a.C. Su padre fue Jantipo, de la familia
de los Buzigios, héroe de las Guerras Médicas en
Cabo Mícale y Sesto. Su madre, Agarista, descendía
de la notable familia de los Almeónidas, siendo sobrina
del gran reformador Clístenes, a quién Pericles
admiraba profundamente como modelo y guía de su ideal político.
Fue
algo más que un político, un intelectual para
el que la educación y la cultura de su pueblo eran
el mejor cimiento para consolidar la democracia.
Atenas destacaba por su cultura y el cultivo de las artes, en este ambiente
creció Pericles, recibiendo una refinada educación
de sus principales maestros y mentores: Damón y Anaxágoras.
El primero, músico distinguido y consumado sofista le instruyó
en las artes de la oratoria y los asuntos públicos, antes
de caer en desgracia y ser condenado al exilio, ostracismo. Su
relación con el filósofo Anaxágoras fue más
profunda y duradera, abriendo las puertas del conocimiento filosófico a Pericles y prestándole una apostura y altivez que embaucaría
a la muchedumbre.
A
parte de la legendaria historia por la que su madre cuando estaba
en cinta soñó que paría un león días
antes de nacer Pericles, lo cierto es que su vida naturalmente
iba a entrar en el río de la política. Demasiado
joven para haber luchado en las Guerras Médicas, pertenecía
a una generación heredera del espíritu triunfador
que la victoria ante los poderosos persas había proporcionado,
en lo militar y en lo cultural, al mundo griego y especialmente
a Atenas, como destacada partícipe de la victoria. Heredero
de este espíritu no se conformó con la mera alabanza
o repetición, quiso ir más allá en el ideal
democrático.
Se casó en segundas nupcias con la cortesana Aspasia, mujer
de refinada cultura, cuya casa fue lugar de encuentro de intelectuales
y artistas, como Herodoto, Sófocles o Fidias. Fueron sus
más allegados y adalides de un arrollador torrente creador
que produjo la democracia ateniense, un periodo próspero
que liberó las energías creativas de un pueblo libre.
Bajo su égida se erigió el Partenón y los
Propileos, así como la apertura pública del teatro
para los más pobres. Fue algo más que un político,
un intelectual para el que la educación y la cultura de
su pueblo eran el mejor cimiento para consolidar la democracia,
la plena conciencia de lo que eran y representaban era un mensaje
de guía y supremacía para todo el mundo griego.
Entraría
en la política como partidario de Temístocles y
opositor al proespartano Cimón. En el 462 a.C. se produce
su aparición pública de la mano de Efialtes, juntos
promoverían una serie de reformas que básicamente
conformarían el Funcionamiento de Régimen Democrático
Radical en los veinte años siguientes. Estas reformas privaron
al Aeropago, Consejo de la Aristocracia, de sus prerrogativas
judiciales y administrativas, dejando a este reducto del antiguo
poder aristocrático a un mero papel nominal, pasando sus
atribuciones a las instituciones democráticas, el pueblo
soberano conseguía paso a paso la plena democracia. Las
reformas se cobraron la vida de Efialtes, muerto en extrañas
circunstancias a las que no fue ajeno el sector conservador. Desaparecido
su compañero, Pericles continuó con las reformas
que se manifestaron en la ampliación de la participación
ciudadana, con la introducción de la retribución
pecuniaria por el ejercicio de las funciones públicas,
para compensar la perdida de la jornada de trabajo, hecho que
afectaba a los estratos más pobres frente a los acomodados.
La limitación de la ciudadanía fue una importante
ley que supuso que sólo los hijos de padre y madre ateniense
tendrían el derecho a la ciudadanía, cuando antes
sólo era necesaria la ciudadanía del padre. En muy
poco tiempo ocupó todo el espacio político sin encontrar
apenas oposición, su oratoria y seguridad encandiló
al pueblo que siguió su palabra como dogma, hecho que le
sirvió para ejercer la máxima magistratura, Estratego
Autokrator, de forma continua entre los años 443 al 429,
año de su muerte.
Sus
enemigos le tacharon de prepotente y tirano, pero nadie
le pudo acusar de que se enriqueciera con su cargo.
Esparta
había sido el tradicional hegemón de Grecia, pero
el crecimiento político y militar de Atenas hizo que se
desligara de la sombra espartana para establecer su camino por
medio de la Liga Ático-Délica, creada en el año
478 a.C., de carácter ofensivo-defensivo frente a los persas,
por gran parte de las ciudades-estado griegas. Atenas desde el
primer momento destacó como primero entre iguales, convirtiendo
posteriormente la Liga en su imperio marítimo, talasocracia.
Pericles fomentó la política de supremacía,
dirección e imposición de Atenas sobre la Liga,
la consideraba guía política y espiritual de toda
Grecia, manifestada con prepotencia y tiranía. Llevó
el tesoro de la Liga de Delos a Atenas, usándolo a su albedrío
en las construcciones de la Acrópolis, impuso su moneda,
y era su Asamblea la que imponía tributos y penas a los
aliados. Éstos se beneficiaban de la situación próspera
y segura del imperio, más cuando el poder persa estaba
debilitado; pero el intervencionismo político, económico
y militar de Atenas generó un creciente malestar, fomentado
por Esparta y Corinto, su principal aliado. A pesar de las paces
firmadas con Esparta en el año 445 a.C., ni Pericles ni
el hegemón del Peloponeso tenían intención
de que fueran duraderas. La chispa fue encendida en la primavera
del año 431 a.C., por el enfrentamiento entre Corcira,
secundada por Atenas, y su metrópoli Corinto, precipitando
los acontecimientos que desembocaron en la Guerra del Peloponeso,
que con desiguales pasos acabaría pronto para Pericles,
víctima de la peste que azotó Atenas en el año
429 a.C.
Amaba
el poder por el simple hecho de que le permitía llevar
a cabo su ideal político, el que pensaba que era más
justo para su pueblo: lograr la plena democracia a través
de la construcción común de Atenas. Sus enemigos
le tacharon de prepotente y tirano, pero nadie le pudo acusar
de que se enriqueciera con su cargo, ya que no aumento ni un ápice
la hacienda que le dejó su padre. Respetó profundamente
a las instituciones y al pueblo, él fue su primer ciudadano
y él llevó la democracia ateniense a su plenitud.
Con
la muerte de Pericles comienza el declive de Atenas, su democracia
continuará con mejor o peor suerte, pero ya nunca con la
misma fe en el sistema y las instituciones. No en vano este Siglo
de Oro Ateniense es el Siglo de Pericles, un personaje único
que nos mostró orgulloso su labor y la de su pueblo, hito
de una obra legendaria legada a la historia de la humanidad.