Hablar
de los iberos no es hacerlo de un conjunto de personas que conforman
una comunidad unitaria, como puede entenderse si se habla de los
griegos, o de los fenicios, o de los romanos.
Los iberos, a diferencia
de otros pueblos, no llegan a la península ibérica
en un proceso colonizador o buscando...
Los iberos eran un conjunto de
pueblos de nombres y características diversas cuyo nexo
común no era otro sino el de habitar en la tierra que los
griegos llamaron Iberia y que corresponde con lo que hoy es la
península ibérica, es decir, España y Portugal.
Para los griegos lo ibero era lo periférico, lo remoto
y alejado de sus dominios.
La cultura ibera se desarrolla en la península
ibérica a partir del siglo VII a.C. y nos conducirá
directamente hasta la civilización romana ya que es en
torno al año 50 a.C. cuando se puede decir que lo ibero decae
y cede ante el pujante proceso romanizador.
Los iberos, también a diferencia de otros
pueblos, no llegan a la península ibérica en un
proceso colonizador o buscando nuevas vías comerciales
y de desarrollo. Los iberos ya estaban en la península
ibérica. Son los mismos pueblos que la habitaban durante
la Edad del Bronce y que continúan haciéndolo en
la Edad del Hierro y que, poco a poco, reciben influencias externas
que les hacen abrirse hacia nuevas relaciones sociales, políticas
y culturales. El propio Estrabón se refiere a los iberos,
entre otros, cuando se lamenta de lo difícil que resulta
precisar a la hora de hablar de los pueblos de la península
ibérica, entre otras razones, debido al pequeño
tamaño de las unidades en las que se dividían.
Los iberos habitan en toda la costa Mediterránea
española, en el norte del río Ebro (río Iber/Iberus),
en las actuales Andalucía y Extremadura... Túrdulos
y turdetanos en el valle del Guadalquivir; bastetanos, oretanos,
mastienos y editanos desde Cádiz al sur de la Comunidad
Valenciana; contestanos y edetanos en el Levante interior y norte
de Castellón; sedetanos, ilercavones, ilergetes, suesetanos,
layetanos, lacetanos, ausetanos, costeanos y bargusios a lo largo
y ancho de la Cataluña interior y costera; arenosios, andosinos,
castelanos, cerretanos, olositanos, jacetanos e indigetes en el
norte de Cataluña y en las proximidades de los Pirineos...
A este conjunto de pueblos todavía habría que añadir
la presencia de sordones en el Rosellón francés
y de comunidades celtíberas en la Meseta española.
Esta múltiple presencia de comunidades
se atestigua con una serie de yacimientos arqueológicos
extendidos por todo el país en los que se ofrecen datos
interesantes sobre las comunidades iberas. Piezas artísticas
como las conocidas Damas de Baza y Elche, restos de poblamientos
como el de Azaila (Teruel), los de Tivissa y Ullastrest en Tarragona o el del Cerro de los Santos en Albacete nos hablan de una sociedad
guerrera, que habita en asentamientos especializados y casi siempre
en zonas defensivas y con fuertes murallas protectoras.
Entre los aspectos propios de los cultos
iberos siempre se ha destacado que estas gentes incineraban
a sus muertos.
Destinan zonas específicas
al culto creando santuarios oficiales que no siempre se diferencian
extraordinariamente del resto de las edificaciones domésticas.
Practican una religión basada en la creencia y adoración
a dioses y diosas que pueden adoptar formas humanas, animales
e incluso vegetales. Sus cultos se asemejan a los practicados
en otras zonas del Mediterráneo, venerando de forma especial
al lobo y manifestando un profundo respeto por las fuerzas de
la naturaleza. Solían sacrificar animales en sus ritos
y usaban vasos sagrados destinados a sus cultos.
Entre los aspectos propios de los cultos iberos
siempre se ha destacado que estas gentes incineraban a sus muertos,
manteniendo durante años que fueron los primeros en realizar
esta práctica funeraria. Hoy ya se sabe que no, que antes
que los iberos otras comunidades ya practicaban la incineración.
Los iberos lo que hacían era depositar las cenizas en urnas
que enterraban en el suelo, rodeando la tumba de ajuares de la
persona fallecida, siguiendo las pautas de otros ritos funerarios
en los que no tenía por qué practicarse la incineración.
Las comunidades iberas se mantienen a base de
una diversidad de actividades económicas que van desde
la agricultura y la ganadería, a la pesca pasando por la
artesanía, la manufactura textil, la manufactura con hilo
férreo, la acuñación de moneda, etcétera.
Normalmente, dependiendo de la actividad realizada, los restos
de los poblados iberos nos informan de comunidades especializadas
en dicha actividad.
La ibera fue una sociedad guerrera. De hecho
eran las aristocracias guerreras las que lideraban la sociedad.
Esta preeminencia de lo militar hizo que estas sociedades desarrollasen
técnicas y equipamientos militares y que, además,
se especializaran en la fabricación de todo tipo de armamento.
Son conocidas, por sus especiales formas y tamaños las
falcatas, espadas de hojas curvas y con estrías longitudinales
de mango corto y punta muy aguda. Pero además, estas gentes
eran especialistas en la fabricación de grandes escudos,
largas espadas, cascos, etcétera. Utilizaban el caballo
para explorar el terreno, y no tanto como compañero de
batallas, entre otras cosas, debido a que el tipo de caballos
de los que disponían eran de tamaño mediano.
Su habilidad y potencial guerrero hizo que las
comunidades iberas fueran "contratadas" como mercenarias
en apoyo de las grandes potencias del momento. Esto es lo que
ocurrió, por ejemplo, durante las Guerras Púnicas,
en torno al siglo III antes de Cristo, para las que Roma utilizó
como mercenarios importantes contingentes de soldados iberos.
Pero antes de Roma, hasta la península
ibérica llegaron otros pueblos poderosos con los que los
iberos aprendieron a convivir y con los que mantuvieron notables
relaciones, especialmente, de carácter comercial y cultural.
Todos los pueblos ibéricos se vieron afectados por lo que
autores como John S. Richardson llaman el "impacto de los
dos grandes movimientos colonizadores" que tuvieron lugar
entre los siglos IX y VI antes de Cristo, el de los fenicios y
el de los griegos. Al parecer, la cultura ibérica es la
respuesta de los pueblos ibéricos a la presencia de estos
pujantes colonos.