Grandes imperios
Imperio francés

Cuando nos referimos al imperio francés realmente estamos hablando del Primer Imperio Francés cuyo periodo abarca la dominación de Francia sobre la Europa Continental bajo el gobierno de Napoleón I de Francia (1804-1814).

 
El Primer Imperio Francés fue un gobierno mantenido por la fuerza de las armas

Dicho periodo se origina con el fin del Consulado hasta el fin de sus días, cuando se produce la restauración de la monarquía borbónica. Son muchos los investigadores que hablan de una especie de epílogo cuando se cita al periodo de los Cien días (1 marzo 1815) y la abdicación de Napoleón (22 junio 1815) pero hasta la fecha destacarán un sinfín de acontecimientos que fortalecerán, aún más, la presencia imperial francesa en Europa. Si nos preguntamos cuál es la tónica generalizada, sin duda, debemos destacar la guerra ya que desde el inicio del imperio el enfrentamiento, el conflicto y la fuerza se alzan como protagonistas de la Historia de Francia.

Los principios del esplendor francés se documentan tras producirse el golpe de estado de 18 de Brumario de manos de uno de los generales más ambiciosos de la Historia: Napoleón Bonaparte; aún más rápido fue el establecimiento de una nueva Constitución, la del Año VIII (1799), por la que irremediablemente Francia se veía precipitada en un nuevo sistema de gobierno. Lo cierto es que el cambio fue absolutamente radical. Por un lado, en la persona de Bonaparte llegó a concentrarse más poder que cualquier otro monarca francés o europeo llegando a otorgarse, incluso, el título de emperador. En contraposición a esta fusión, la oposición es erradicada y el poco papel que aún desempeñaban tanto las instituciones como el gobierno se simplificó en simples voces de apoyo a las decisiones y medidas adoptadas previamente por el emperador.

Con respecto a la experiencia política que destacamos del imperio francés napoleónico, la sensación generalizada es la de la puesta en marcha de un programa de actuaciones políticas cuyo objetivo es contrarrestar los miedos del propio Napoleón Bonaparte mediante un sistema de gobierno puramente despótico. Entre las medidas más destacadas nos encontramos con la capacidad por conectar con amplias capas de la población, hasta entonces marginadas en la toma de decisiones políticas; por otra parte, el miedo popular y el desprecio personal de Napoleón hacia el Antiguo Régimen hacen caer en la más absoluta de las desgracias a los antiguos nobles y aún más, aquellos nobles en el exilio. No olvidemos las persecuciones a los extranjeros, sobre todo a los ingleses.

Sin embargo, la característica más sobresaliente del imperio y de su gestión es la Guerra, así lo hemos afirmado con anterioridad pero debemos continuar diciendo que la guerra era la única forma de vida y el verdadero motor del imperio francés ya que, además de otorgarle un prestigio internacional bastante importante, era todo un medio de vida debido a la economía que ésta movía. Más concretamente, la producción del Imperio se centraba en gran parte en el esfuerzo de la producción armamentística. En esta empresa imperialista hablamos de pérdidas y ganancias ya que Francia se enfrentaba, además de a una sangría humana considerable, a una sangría económica por las continuas campañas de expansión.

En muchos libros hablan de este imperio como un imperio de armas y esta denominación no es más que la impresión que crea en los estudiosos el incontrolable apetito napoleónico por la conquista. Podemos decir con absoluta seguridad que el Primer Imperio Francés fue un gobierno mantenido por la fuerza de las armas en contra del resto de las potencias europeas.

Bonaparte llegó a concentrar más poder que cualquier otro monarca francés o europeo llegando a otorgarse, incluso, el título de emperador  

Imaginemos una Francia encendida por la propaganda revolucionaria, donde el imperio hacía estragos entre las filas integrantes de la Armada napoleónica a través de Europa y cuya arma principal era el bloqueo continental. Por entonces, Gran Bretaña se alzaba como el principal rival debido a la fuerte resistencia que hace al frenesí imperialista napoleónico. No se necesitaba más excusas para que el gobierno de Bonaparte diese prioridad a la tarea de asfixiar la economía británica y para ello se decide cerrar las fronteras a productos ingleses y obligar a las potencias aliadas o sometidas por el imperio napoleónico a no aceptar cualquier comercio e incluso consumo de cualquier producto con dicha nacionalidad. El resultado no fue demasiado alentador ya que la revolución industrial había convertido a las islas británicas en una potencia con una fuerte economía y tarde o temprano empezaría a consumirse productos ingleses a través del contrabando o a través de terceros países. Además, el embargo programado no contó con tantos aliados como Napoleón quisiera ya que Rusia y Portugal rehusaron debido a que no podían soportar económicamente el embargo.

Derrotas como la sonada Batalla de Trafalgar junto a otras malogradas campañas de conquista fueron debilitando a la Gran Armada y más aún al imperio hasta acabar con la buena marcha del imperio napoleónico. No tardaría en producirse la caída de Napoleón Bonaparte y la posterior subida al trono de Napoleón III. A éste último fue a quien le correspondió ser el dirigente de lo que quedaba del imperio pero su deseo de continuar con el sueño de una Francia poderosa e imperialista le hizo instaurar un régimen dictatorial en el que se contempló, además de la guerra, otros planes realmente beneficiosos para Francia y que abarcaban tanto economía, industria, tecnología... Llegando a transformar a París en la capital del mundo.

Veinte años de gobierno acaparó el sucesor de Napoleón escribiendo grandes capítulos en la historia del imperialismo francés; quizás fue la desafortunada política exterior la que se adjudicó el fin de dicho sueño imperialista. La intensa política por debilitar Rusia y a Austria al tiempo que el mantener la alianza con la eterna enemiga, Gran Bretaña debilitó el gobierno y precipitó al Segundo Imperio Francés hacia su extinción (1870).

...por Carolina Fontanals

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