Entre
los siglos XV y XII antes de Cristo el mundo egeo vivió
un proceso de homogeneización. Casi en todos los lugares
de la época y de la zona aparece una cerámica muy
similar, los tipos de construcciones urbanas se asemejan e, incluso,
parece sobresalir un tipo de escritura que puede tener conexiones
lingüísticas en distintos territorios.
El
conjunto de regiones que conocieron este tipo de civilización
es a las que se agrupa en torno al que se identifica como mundo
micénico. Micenas, una de las ciudades del periodo, da
nombre a esta época no tanto por sobresalir como tal centro
urbano sino, sobre todo, por la espectacularidad de sus restos
arqueológicos y la antigüedad de los mismos, todo
ello aderezado por las ancestrales leyendas griegas en torno a
este lugar del Peloponeso.
Si
algo nos ha ayudado a conocer el mundo micénico ha
sido, precisamente la arqueología.
Si
algo nos ha ayudado a conocer el mundo micénico ha sido,
precisamente la arqueología. Los restos de las denominadas
tumbas reales de Micenas hallados en 1876 por Schliemann dentro
de la muralla; la aportación que en 1952 haría una
nueva campaña arqueológica identificando un segundo
círculo de tumbas fuera de la muralla de Micenas y la recreación
que de ese mundo parece ser que realiza Homero a través
de La Ilíada y La Odisea, son las grandes fuentes para
conocer el esplendor de esta cultura del Egeo.
La
verdadera trascendencia de estas tumbas podemos asegurar que reside
en la gran cantidad de oro y en la variedad artística de
los ajuares que escondían.¿Cómo consiguieron
los reyes de Micenas esos tesoros? ¿Qué relaciones
tenían esas gentes con el mundo minoico desarrollado en
torno a la isla de Creta y al palacio de Knosos? Todo parece indicar
que el origen de estos materiales pudo estar en Egipto, en Anatolia,
en los Balcanes... Por lo tanto los micénicos parece que
tenían relaciones comerciales con otros pueblos de su entorno
geográfico más próximo.
Pero
es que, además de ser un pueblo con fuerza comercial el
micénico pudo levantar impresionantes construcciones para
las que era necesario disponer de un importante potencial humano
y técnico. Los tholoi, otro de los modelos funerarios de
Micenas, son sin lugar a duda, uno de los elementos diferenciadores
de esta civilización. Sólo en la ciudad de Micenas
se han llegado a excavar hasta nueve tholoi, grandes tumbas familiares
que nos plantean nuevas preguntas ¿estaban destinados a
familias reales o familias de alto linaje? ¿Cómo
se conformaba la sociedad en el mundo micénico?
Entre
restos arqueológicos y nulas fuentes escritas es difícil
hablar con seguridad de un modelo de sociedad concreto, de la
implicación de los reyes con el conjunto de la sociedad.
Es difícil reconstruir las formas políticas de esta
civilización aunque, parece claro, que sí había
reyes y jefes locales. Existía un consejo aristocrático
de guerreros que trabajaban en torno a la figura de un rey, de
la que sabemos por las constantes alusiones que se hacen en muchos
de los restos encontrados en las ciudades micénicas.
Estas
ciudades se encerraban normalmente tras murallas impracticables.
El palacio dominaba el conjunto urbano de la ciudad, pero no necesariamente
ocupaba grandes extensiones de la misma.
Como
hemos indicado, los micénicos pudieron surcar los mares
sin demasiadas dificultades. Sus restos cerámicos se han
encontrado por todo el Mediterráneo: en Sicilia, Italia continental, Chipre, Asia Menor, Próximo Oriente, Egipto...
Cinco
mil tablillas escritas (lineal B) encontradas en los yacimientos
arqueológicos micénicos han permitido conocer algo
más acerca de aquellas sociedades. Parece ser que había
una clase de escribas, dependientes del palacio, agrupados según
funciones y organizados jerárquicamente.
Sus
restos cerámicos se han encontrado por todo el Mediterráneo:
en Sicilia, Italia continental, Chipre, Asia Menor, Próximo
Oriente, Egipto...
Al
frente de cada palacio había un rey, al que las tablillas
identifican como wa-na-ka (wanax), una especie de comandante en
jefe o ra-wa-ke-ta (lawagetas). Otros personajes importantes en
palacio eran los te-re-ta (telestai). Las tablillas nos cuentan
que el territorio micénico está dividido en provincias
y cada aldea tiene a su cargo un funcionario local (ko-re-te)
y unos jefes locales pa-si-re-u (basileus), a veces asistidos
por un consejo de ancianos. Había también sacerdotes
y sacerdotisas, encargados de los cultos y de los santuarios.
Junto
a estos dignatarios las tablillas relacionan una serie de personajes
de segundo nivel, hombres, mujeres y niños y nos hablan
también de la existencia de esclavos.
La
religión desempeña un papel sobresaliente en esta
sociedad. Parece ser que ya identificaban y ofrecían su
culto a dioses como Zeus, Hera, Poseidón, Artemisa, Hermes,
Atenea... entre otros.
Las
causas de la desaparición de esta civilización siguen
siendo una incógnita. La crisis interna de su modelo de
sociedad, una catástrofe brutal, o quizás una sucesión
de catástrofes parecen ser el origen de las destrucciones
masivas de palacios y ciudades micénicas. Luego, una posible
invasión de los conocidos como "pueblos del mar",
tal y como los definen los egipcios, pudo ser la verdadera razón
de la desaparición del mundo micénico. Con su desaparición
se pierde el conocimiento de la escritura y de la estructura jerarquizada
de sus ciudades.
El
Egeo, en el siglo XIII antes de Cristo, sufre cambios brutales
que no sólo afectarán a Micenas y su cultura pero
que, sin duda, hacen que el mundo micénico desaparezca
para siempre dejando tras de sí una halo de incógnita
y de misterio.