¿Qué
sistema se empleaba para el transporte antes de la invención
de la máquina de vapor?. Una buena pregunta que lanzamos en MundoHistoria.
Los primeros
pasos de la máquina de vapor nos acerca a uno de los
principios más deslumbrantes de estos últimos
siglos.
Lo cierto es que intentar dar
respuesta a esta incógnita nos hace remontarnos a una época
en que nuestros músculos eran los únicos motores
de grandes esfuerzos. Personas y animales, mediante distintos
sistemas, araban los campos para el cultivo; movían carros
y embarcaciones... multitud de naves surcaron largas extensiones
de tierra, mares y océanos a partir de esta energía.
La Historia de los primeros pasos
de la máquina de vapor nos acerca a uno de los principios
más deslumbrantes de estos últimos siglos. A partir
de las ideas referentes a la presión atmosférica,
Torricelli (1644) enunciaba que "la presión de la
atmósfera era igual a la ejercida por una columna de mercurio
de unos 760 milímetros de altura aproximadamente".
Diez años más tarde sería Von Guericke, con
su famoso experimento de Magdeburgo, quien demostraría
que la inmensa fuerza que la atmósfera podía ejercer
explicando que "cuando dos hemisferios de 50 centímetros
de diámetro perfectamente ajustados eran unidos de manera
que formasen una esfera y se hacía el vacío en su
interior, dos tiros de ocho caballos cada uno no podían
separarlos". En otro experimento con una mayor relación
a la historia de la máquina de vapor se demostró
que "cuando se creaba un vacío parcial bajo un émbolo
de grandes dimensiones introducido en un cilindro, la fuerza sumada
de cincuenta hombres no podía evitar que la presión
atmosférica llevase el émbolo al fondo del cilindro".
La conclusión a la que
se pudo llegar es que se podía hallar un método
sencillo para crear el vacío repetidas veces y emplear
la presión atmosférica como fuente de energía;
el principio en el que se basa la máquina de vapor atmosférica.
El primero en utilizar el vapor del agua para este fin fue Denis
Papín (1647-1714). Desde muy antiguo, el interés
por elevar agua desde distintos niveles y a la vez descubrir la
posibilidad de achicar este mismo agua de las minas para mejorar
el trabajo, permitiría al mecánico inglés
Thomas Savery (en el año 1698) bombear el agua de las minas
de Cornualles, siendo esta la primera vez que se emplea la presión
del vapor como fuerza motriz para un uso industrial.
Thomas Newcomen sería
el encargado de perfeccionar este invento y , a pesar de que el
vapor se enfriaba en el propio cilindro, dio las claves al escocés
llamado James Watt (1736-1819) para introducir una serie de modificaciones:
" el vapor se condensaba en un recipiente especial (el condensador)
que conectaba con un tubo al cilindro al que, además, cerraba
por sus dos extremos. De esta forma se podía mantener siempre
caliente el cilindro, ahorrándose una importante cantidad
de combustible". Poco a poco iría introduciendo otros
adelantos en su máquina, como "un mecanismo para regular
la distribución del vapor, máquina de doble efecto,
y una varilla que une el émbolo con un balancín
articulado, la biela, por lo cual el movimiento rectilíneo
se hace circular" que conseguirían un preciado resultado:
la máquina de vapor.
La revolucionaria aparición
de la máquina de vapor proporcionó un auténtico
cambio en la industria. A partir de la misma surgieron motores
capaces de suplantar el esfuerzo humano e incluso superarlo en
actividades como mover pesados objetos y a una considerable velocidad.
A partir del descubrimiento y de la invención de tal máquina
y de su incorporación a los vehículos conocidos
nacieron los primeros buques, trenes automóviles... y los
viajes se hicieron más rápidos, el transporte de
pasajeros y de mercancías se volvió más fácil
y cómodo.
La revolucionaria
aparición de la máquina de vapor proporcionó
un auténtico cambio en la industria.
El caso concreto del ferrocarril
nos abre una nueva línea de investigación a partir
de la cual observamos como la máquina de vapor, incorporada
a este medio, seria el impulso del transporte ferroviario, el
acercamiento de regiones lejanas y el despegue de la economía
en aquella región donde se invirtiese en el ferrocarril.
No olvidemos que la invención de este transporte representó
una revolución tanto por su mayor rapidez como por la notable
reducción de su coste respecto a los sistemas de transporte
hasta entonces existentes. Con apenas seis kilómetros por
hora, las primeras locomotoras darían paso a transportes
cada vez más regulares y seguros, que superaban los obstáculos
a la movilidad en la ausencia de una red de canales o de ríos
navegables hasta los trenes que en la actualidad conocemos y que
son capaces de desarrollar una velocidad de más de 200
kilómetros por hora y que abogan por una mayor comodidad
a pesar de contar con la posibilidad de dar capacidad a una mayor
cantidad de viajeros.
Aquel invento obtuso de Andrew
Vuivan conseguiría en manos de su compatriota Trevithik
que en 1804, por raíles y a vapor, se moviese el primer
convoy de la historia formado por la máquina, cinco vagones
y 70 personas un trayecto de 16 kilómetros en dos horas.
Dicho invento no pasaría
desapercibido para otras personalidades de la ciencia quien se
sumarían al proyecto intentando dar solución a problemas
tales como las pendientes (como es el caso de J. Blenkinsop y
su rueda dentada).
Gradualmente el ferrocarril iría
acercando a una u otra región de lugares recónditos
de Europa. En 1850 había en el mundo 35.000 kilómetros
de vía férrea, y más de un millón
en 1914; es la época llamada "railus age".
Entre los efectos económicos
tras la aparición del ferrocarril debemos apuntar a la
movilización de cantidad de capitales relacionados con
el mismo: talleres de trabajo que evolucionarían a grandes
empresas privadas, el aumento del tráfico de mercancía
y de viajeros, la migración del campo a la ciudad... en
definitiva, la modernidad.
En el caso concreto de España debemos apuntar que fue a
mediados del siglo XIX cuando se inició la construcción
de la red ferroviaria con la línea Barcelona- Mataró.
De manos del progresismo que inundaba nuestros gobierno, y con
la intervención de los financieros extranjeros, nacería
la Ley General de Ferrocarriles de junio de 1855, medida que otorgaría
al país una denotada movilización de capitales.