La
primavera del año 51 a.C, el monarca de Egipto, Ptolomeo
Auletes, muere legando su reino a su hija Cleopatra, que por aquel
entonces contaba 18 años, y a su hermano Ptolomeo XIII,
seis años menor, ambos tutelados por el general Pompeyo.
La
herencia de Cleopatra: un reino que se
descomponía víctima de la influencia externa
y...
Los
Ptolomeos habían sido aliados de los romanos desde hacía
más de doscientos años; una alianza forzada por
las circunstancias, dado que Egipto se veía incapaz de
hacer frente al emergente poder de los ejércitos de Roma.
Esta fue la herencia de Cleopatra: un reino que se descomponía
víctima de la influencia externa y una historia milenaria
que se perdía al paso de las tropas romanas.
La tradición de su país
le imponía la obligación de contraer matrimonio
con un hermano o con su propio hijo, de manera que se eligió
al joven Ptolomeo como consorte. Desde un primer momento su política
fue enérgica, dejando a su hermano y marido en un segundo
lugar y eliminando drásticamente a los que lo apoyaban.
Fue un periodo de enormes tensiones que culminó con la
derrota de Pompeyo y con la entrada de Julio César en Alejandría
con más de 30.000 soldados. Se instaló en el palacio real y mandó traer a Ptolomeo XIII para negociar con él.
Cuenta la leyenda que Cleopatra, que no tenía
intención de quedarse al margen, se hizo transportar en
presencia de César enrollada en una alfombra. Poco tardaría
en seducir al gran general y conseguir su favor en detrimento
de su hermano. La guerra entre los seguidores de Ptolomeo y los
que apoyaban a su hermana duró más de seis meses
y acabaría con la muerte de aquél y la entronización
de Cleopatra VII como soberana única.
Si César se decantó por ella pensando que sería
más manejable estaba muy equivocado. Él ansiaba
el prestigio que supondría dominar una tierra milenaria
y el hacerse con sus riquezas, ella veía en César
la posibilidad de recomponer su maltrecho reino y unirlo al glorioso
destino de Roma; lo cierto es que ambos tenían muy claros
sus intereses políticos y económicos, pero eso no
impidió que vivieran una apasionada historia de amor, de
la que nació un niño destinado a ser el heredero
de la unión de Egipto y Roma, Cesarión.
Cleopatra
probando venenos con prisioneros condenados,
1887
Oleo
sobre tela
Alexandre
Cabanel
Pero nuevamente tuvo Cleopatra
que casarse, y esta vez lo hizo con el siguiente de sus hermanos,
Ptolomeo XIV. Cuando César volvió a Roma en el año
46 a.C,
fue aclamado como un héroe y se le rindieron grandes honores;
con él se reuniría poco después la deslumbrante
reina de Egipto que, acompañada por su hijo y por su marido-hermano
y envuelta en fastos y lujos orientales, deslumbró con
su presencia a las masas. Sin embargo su actitud en apariencia
disoluta, sus extrañas costumbres y el hecho de que César
proclamase abiertamente a Cesarión como su hijo desagradó
sobremanera a los republicanos por considerarlo un desacato a
las buenas tradiciones romanas. Además ella era una mujer
casada y César igualmente tenía a Calpurnia como
esposa, de modo que su relación era un escándalo
y una provocación constante. En realidad Cleopatra
era una mujer extraordinariamente inteligente y calculadora -no
dudó en sacrificar a sus hermanos para hacerse con el poder-,
hábil negociadora e incuestionablemente atractiva (aunque probablemente no del tipo de belleza en boga hoy día); dominaba
las matemáticas y la filosofía y hablaba fluidamente
nueve lenguas. Nada que ver con la meretriz de oriente que Roma
quiso ver en ella.
Fue el temor de que Julio César
se autoproclamase rey y pusiese en peligro la República
lo que instigó la conspiración que acabó
con su vida a las puertas del Senado durante los Idus de Marzo
del año 44 a.C.
Cleopatra y su hijo no tardaron en regresar a
Alejandría huyendo de la inestabilidad que se propagaba
en Roma. Una vez allí mandó ejecutar a su consorte, Ptolomeo
XIV, y puso como co-regente a Cesarión, que apenas contaba
cuatro años de edad. Fueron tiempos extremadamente difíciles
para Egipto; las plagas y el hambre hacían estragos, los
canales del Nilo estaban inservibles, las cosechas eran cada vez
peores... Sin embargo si algo caracterizaba a esta extraordinaria
mujer era su sagacidad y su inteligencia. Entre todos los personajes
relevantes que se debatían en la escena política
y bélica (Marco Antonio, Octavio, Lépido), se decantó
por Marco Antonio.
Pese a ser consciente de las limitadas
cualidades de éste, de sus costumbres licenciosas y de
su afición a la bebida, Cleopatra acudió
a él con un despliegue de fastos tachado por muchos de
vulgar y desproporcionado, pero que resultó tremendamente
efectivo a la hora de conquistar a un guerrero zafio que ansiaba
unirse a una mujer de noble cuna y que no dudó en dejar
de lado a su esposa romana, Fulvia. Juntos vivieron la que fue
una de las historias de amor más tórridas y dramáticas
que se recuerda. A ambos los movía el interés político:
Cleopatra luchaba desesperadamente por sacar
a Egipto de la miseria y Marco Antonio, igual que hiciera Julio
César, quería prestigio, fama y riquezas.
La primavera del 40 a.C,
Antonio volvería a Italia y no sería hasta cuatro
años después cuando se encontraría de nuevo
con la reina de Egipto. Durante ese tiempo su esposa romana muere
y él contrae nuevas nupcias con la hermana de Octavio,
Octavia, con la que tiene varias hijas. También Cleopatra
da a luz por entonces dos gemelos que serán reconocidos
por el general como propios: Alejandro Helios y Cleopatra
Selene. Pero las confrontaciones bélicas se suceden
y pese a la ayuda de su poderosa aliada, a la que ha regalado
enormes territorios, Marco Antonio sufre una gran derrota contra
los partos en el 36 a.C.
Humillado y hundido le recibe Cleopatra en Alejandría,
colmándole de atenciones y tratando de retenerlo pese a
las presiones de Octavio y de su propia esposa para que regrese.
Poco tiempo después su suerte cambia y la campaña
de Armenia será un éxito rotundo. Las fastuosas
celebraciones tuvieron como protagonista a la pareja, vestidos
como dioses mitológicos y a sus hijos, incluido Cesarión,
coronados como reyes.
Pero la alegría iba a durar
poco, porque tras divorciarse de Octavia y hacer oficial su relación
con Cleopatra, Marco Antonio cayó en desgracia
en Roma y Octavio le declaró la guerra, venciéndole
en la batalla de Accio. Enloquecido por la rabia y sospechando
una traición por parte de su amante, Marco Antonio volvió
a Alejandría, donde Cleopatra se había
encerrado en la cámara del tesoro para ocultarse a su ira,
haciendo correr la voz de que había muerto. No pudiendo
soportar la humillante derrota y el dolor de haberla perdido también
a ella, Marco Antonio se suicidó, expirando en los brazos de la reina. Cleopatra se convirtió entonces
en botín de guerra para Octavio, que no estaba interesado
ni en sus encantos personales ni en establecer ningún tipo
de negociación, y para evitar ser mostrada como esclava,
la siempre altiva y orgullosa Reina de Reyes se suicidó
haciéndose morder por un áspid que venía
escondido en una cesta de higos. Tenía 39 años y
corría el año 30 a.C.
Cesarión fue asesinado y, paradójicamente, sus otros
hijos acabó criándolos Octavia. Cleopatra
fue la última reina lágida, el último faraón;
a partir de entonces Roma controlaría Egipto.