"En
mi casa, mi pueblo, me conocen como Limin, pero en todo el mundo
como Rigoberta Menchú Tum". Así suele
presentarse la famosa Premio Nobel de la Paz (1992) que a parte
de ser incansable en la acción social, se caracteriza por
ser una gran amiga de los niños y una excelente cocinera.
Rigoberta Menchú Tum nació
el día 9 de enero de 1959 en la aldea Laj Chimef, un municipio
de San Miguel de Uspantán, en Guatemala. De familia numerosa
y campesina, Rigoberta Menchú pertenece a la etnia indígena
maya-quiché, de la llamada tierra del maíz. Su infancia
transcurrió entre las montañas de Quiché y
las fincas de la Costa Sur guatemalteca. Se trata de una zona famosa
ya que cada año hay miles de indígenas que acuden
allí a trabajar por pésimos salarios. No obstante,
las tierras de los finqueros son ricas y en éstas se produce
gran cantidad de café, algodón y azúcar, entre
otros productos, que están destinados a la exportación.
La experiencia en
las comunidades indígenas le aportó una gran
capacidad de organización, de defensa y de superación.
Sus padres fueron dos personalidades respetadas
dentro de su comunidad. Así, su progenitor Vicente Menchú
Pérez fue un luchador que siempre reivindicó el
valor de la tierra y los derechos de sus compatriotas indígenas.
Juana Tuin K'otoja, su madre, era una indígena y
una gran conocedora del funcionamiento de los partos. Rigoberta
Menchú, desde pequeña, aprende de su familia a respetar
y a amar la naturaleza, así como a la cultura indígena.
No obstante, a muy temprana edad la vida
le pone duras pruebas que tendrá que superar. Y es que
en su infancia y su adolescencia conoció de muy cerca la
pobreza, la discriminación racial y la dura represión
con la que las clases dominantes guatemaltecas trataban de frenar
las aspiraciones que tenían los campesinos y la gente humilde.
Rigoberta Menchú tuvo que sufrir mucho por su familia,
constantemente sometida a las injusticias sociales del momento.
La pobreza le motivó a buscarse la
vida en la capital del país para poder ayudar a su familia.
La experiencia en las comunidades indígenas le aportó
una gran capacidad de organización, de defensa y de superación.
Durante la lucha por la tierra perdió a su hermano Patrocinio,
que fue secuestrado por el ejército el 9 de septiembre
de 1979 y presuntamente asesinado. Todavía hoy no se han
hallado sus restos. Unos meses después de este fatal incidente
otra desgracia sucedió a la familia de Rigoberta. Así,
el 31 de enero de 1980 su padre falleció con un grupo de
campesinos que se encerraron en la embajada de España como
acto de protesta. Entonces la policía quemó el local
con toda la gente que se encontraba allí dentro. También
en cuestión de unos meses, el 19 de abril de 1980, su madre
fue secuestrada. Hay varias hipótesis sobre este presunto
asesinato y no se conoce el paradero de sus restos. Sí
se sabe que fue sometida a diferentes torturas. Su hermano Víctor
Menchú Tum fue asesinado por el ejército el día
8 de marzo de 1983.
Ante tanta injusticia, Rigoberta Menchú
nunca se quedó quieta y luchó siempre por sus derechos.
Cuando sus hermanos decidieron unirse a la guerrilla, ella comenzó
una pacífica campaña con el fin de denunciar al
régimen guatemalteco y la violación de los derechos
humanos de los indígenas. Su ideología se basaba,
en parte, en el cristianismo de la "teología de la
liberación". Así, ella era la representante
de su pueblo del que hablaba siempre con dignidad. Tampoco se
cansó de denunciar nunca el pésimo papel de la mujer
indígena en Latinoamérica.
Así, a los 19 años empezó
a militar en el Comité de Unidad Campesina (CUC) mientras
el ejército nacional se hallaba en su campaña de
"tierra arrasada" contra la población que perteneciera
a la oposición armada o que simplemente fuera sospechosa
de ello.
"Mientras yo viva, el Premio
Nobel que recibí tendrá un sentido"
A los 21 años consigue salir de su
país y se refugia en México. En Chiapas tuvo la
suerte de ser acogida por el obispo Samuel Ruiz García.
Al cabo de un año regresa a Guatemala pero al poco tiempo
se vio obligada a refugiarse. Lo hizo en Nicaragua y después
en México por segunda vez. Estando en México, en
1983, aprovechó para escribir su autobiografía.
Desde allí comenzó a realizar diferentes viajes,
el epicentro de los cuales era Ginebra. El objetivo de éstos
era hablar y dar a conocer la pésima situación a
la que estaban sometidos los indígenas. Participaba en
el grupo de la ONU sobre poblaciones indígenas. En 1988
volvió otra vez a su país y fue encarcelada muy
pronto. Por ello, en cuanto pudo, tuvo que marchar de allí
y se fue nuevamente al exilio.
Desde 1982 participó en las sesiones
anuales de la Subcomisión de Prevención de las Discriminaciones
y Protección a las Minorías de la Comisión
de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. También lo
hizo en las Asambleas Generales del Organismo Mundial. Además
participó en la organización de los encuentros indígenas
anteriores a la conmemoración del quinto centenario de
la llegada de los colonizadores españoles a tierras americanas.
Esta incesante lucha por la justicia se
vio al fin recompensada de forma pública cuando en 1992
se le otorgó el Premio Nobel de la Paz. Ello, sin duda,
fue un incentivo para seguir con sus acciones humanitarias y del
galardón recibido comentó: "Mientras yo
viva, el Premio Nobel que recibí tendrá un sentido".
La fecha del gran premio coincidió con la celebración
oficial del quinto centenario del descubrimiento de América a la que Rigoberta se había opuesto para ignorar lo dramático
del suceso en cuanto a la población indígena. Su
figura tuvo una función mediadora en cuanto al proceso
de paz entre el Gobierno y la guerrilla, comenzado posteriormente.
En la actualidad, Rigoberta Menchú
sigue totalmente centrada en actividades que fomentan y salvaguardan
los derechos humanos. En cuanto a su personalidad, a parte de
ser una persona con carácter, su hermana menor Anita nos
cuenta que al haber estado privada de todo durante muchos años,
aún conserva intacta la capacidad de sorprenderse con cualquier
cosa, por más pequeña que sea: "si le
regalan una camisa, le parece sensacional, se maravilla ante todo
lo que uno le dé, se maravilla ante el agua que corre por
las calles, ante la técnica de hoy en día. Es su
capacidad de maravillarse con todo lo que existe en el mundo y
su deseo de aprovechar lo que nunca tuvo, de poder vivir lo que
nunca pudo, lo que nunca le dejaron vivir".